Mostrando las entradas con la etiqueta democracia contra-hegemónica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta democracia contra-hegemónica. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de agosto de 2008

HEGEMONIA Y RADICALIZACION DE LA DEMOCRACIA


Ernesto Laclau y Chantal Mouffe*

En noviembre de 1937, exiliado en Nueva York, Arthur Rosenberg concluía su reflexión acerca de la historia europea contemporánea, a partir de la Revolución francesa1. Esta reflexión, que cerraba su vida de intelectual militante, se centraba en un tema fundamental: la relación entre socialismo y democracia o, más bien, el fracaso de las tentativas de construir formas orgánicas de unidad entre ambos. Este doble fracaso -de la democracia y del socialismo- se le presentaba como un proceso de extrañamiento progresivo, dominando por una cesura radical. En un primer tiempo, la «democracia», concebida como campo popular, es el gran protagonista de los enfrentamientos históricos que dominan la vida europea entre 1789 y 1848. Es el «pueblo» (en el sentido de plebs y no de populus), las masas escasamente organizadas y diferenciadas, las que dominan las barricadas de 1789 y 1848, la agitación cartista en Inglaterra o las movilizaciones mazzinianas y garibaldinas en Italia. Más tarde viene la gran cesura constituida por la larga reacción de los años cincuenta, y cuando con posterioridad a la misma protesta popular se renueva, los protagonistas han cambiado: serán o bien los sindicatos, o bien los incipientes partidos socialdemócratas los que, primero en Alemania e Inglaterra, y luego en el resto de Europa, se afianzarán crecientemente en el último tercio del siglo.

Esta cesura ha sido frecuentemente interpretada como la transición a un momento más alto de racionalidad política por parte de los sectores dominados: en la primera mitad del siglo el carácter amorfo de la «democracia», su ausencia de raíces en las bases económicas de la sociedad, la habrían hecho esencialmente vulnerable e inestable, y no le habrían permitido constituirse en una trinchera firme y permanente en la lucha contra el orden establecido. Sería sólo con la desintegración de este «pueblo» amorfo, con la sustitución del mismo por una base social sólida como la clase obrera, que los movimientos populares habrían de alcanzar la madurez que permite encarar una lucha a largo plazo contra las clases dominantes. Sin embargo, esta mítica transición a un estadio más alto de madurez social resultante de la industrialización, y a un grado más alto de eficacia política…Continua en www.cholonautas.edu.pe

LA DEMOCRACIA SOCIALISTA EN EL SIGLO XXI

Claudio Katz

¿Cuál debería ser el régimen político de una sociedad post-capitalista? Este interrogante cobra actualidad, a medida que el socialismo del siglo XXI comienza a debatirse en el movimiento popular. Una opción a considerar es la democracia socialista como un proyecto superador, tanto del constitucionalismo y del localismo ensayados en la región, como del totalitarismo burocrático implementado en el ex “campo socialista”.

PROYECTOS Y OBJETIVOS
El socialismo apunta a construir una sociedad igualitaria a partir de la erradicación del capitalismo y la expansión de la propiedad colectiva de los medios de producción. Este proceso exige desenvolver la autodeterminación popular, bajo una modalidad que debería contener las características de una democracia socialista. Este sistema político sustituirá el régimen actualmente dominado por los banqueros, los industriales y los burócratas por un gobierno soberano del pueblo, que pondrá en práctica una democracia real2. Al sustraer los derechos esenciales (educación, salud, alimentación, ingreso básico) de las reglas de mercado, una transformación socialista permitirá mejorar el nivel de vida y reducir drásticamente la desigualdad. La paulatina socialización del proceso productivo aportará a la población los recursos, el tiempo y las calificaciones necesarias para participar, deliberar y decidir los destinos de la sociedad. Estos cambios favorecerán la expansión de la democracia a todas las áreas de la vida social. Formas de gestión mayoritarias serían introducidas en la economía (fábricas, bancos, servicios), el estado (administración, ejército, justicia) y la actividad pública (educación, salud, medios de comunicación). La mera rotación de funcionarios al servicio de las clases dominantes quedará sustituida por una efectiva presencia de los exponentes de la opinión popular. De esta forma cesaría la separación entre esferas políticas -formalmente sometidas al voto ciudadano- y áreas económicas exceptuadas de ese principio. Desaparecería la fractura que ha permitido a los capitalistas dominar, sin transparentar la supremacía que ejercen en la sociedad actual. La democracia socialista generalizará todas las iniciativas que favorecen la intervención masiva. La deliberación popular, las audiencias públicas y las consultas periódicas ya no serán episodios pasajeros. Conformarán la norma usual de un sistema regido por la auto-administración y sostenido en mecanismos de participación, representación y control colectivo. Las principales decisiones quedarán sometidas al dictamen del voto, que expresará el poder real de los sufragantes. Los comicios actualmente consensuados por las clases opresoras se transformarán en desenlaces reales de la voluntad colectiva…continua en http://www.rebelion.org/docs/51998.pdf

sábado, 2 de febrero de 2008

POR MODELOS DE SOCIALISMO CON FUTURO

Javier Biardeau R.



http://saberescontrahegemonicos.blogspot.com/2008/02/por-modelos-de-socialismo-con-futuro.html

SOCIALISMO RADICAL-DEMOCRÁTICO: MÁS ALLÁ DEL MITO DE LAS DOS IZQUIERDAS

Javier Biardeau R

jbiardeau@yahoo.com.mx

La revolución democrática, socialista y descolonizadora anuncia un nuevo horizonte de luchas, frente a la debacle del mito de las dos izquierdas. Más allá del mito de las dos izquierdas se abre un extraordinario campo de creación y renovación intelectual, ético-cultural y político para imaginar y pensar a contracorriente de las falsas polarizaciones ideológicas construidas por las estrategias geopolíticas del “globalismo trilateral”. Estas estrategias, desde el auge de la contrarrevolución neoconservadora-neoliberal, han pretendido liquidar los valores-fuerza y las posibilidades de renovación del socialismo, como tránsito democratizador a sociedades post-capitalistas.


Sabemos como el mito de las dos izquierdas cumplió extraordinarios cometidos geopolíticos para desgarrar y dividir el campo nacional-popular en las historias. Pero el agotamiento de la Modernidad occidental y de la razón imperial, arrastra consigo todas sus mitologías, sus filosofemas y sus esquematismos ideológico-políticos. Hay un debate político-cultural ineludible ante la crisis de la modernidad occidental y de la razón imperial, por parte de diferentes tendencias que reclaman para sí, la identidad de socialistas. Ha muerto el mito de las dos izquierdas, y con esta muerte, quedan completamente desnudos los discursos de la Casa Blanca y del “globalismo trilateral” sobre la izquierda “buena” y la izquierda “mala”. La puerilidad de estas fronteras ideológicas es un índice del “transformismo” que Gramsci desenmascaró como política de liquidación de los vientos revolucionarios. “Buena” significa que no es obstáculo para la agenda política de Gran Potencia de Washington; “mala”, pues todo lo contrario.


El asunto vital de este trazado de fronteras es el buen comportamiento hacia el Amo y su Ley global. Lo demás, son pamplinadas. Del otro lado de la ecuación del mito de las dos izquierdas, tenemos la mentalidad y rituales del marxismo-leninismo. Su sobrevivencia puede comprenderse como ejemplar de la mentalización sectaria. Si algo ofrece el marxismo-leninismo son fórmulas verbales, certezas para no pensar y rituales para auto-engañarse, bajo la creencia generalizada de que por allí se construirá el nuevo socialismo. Todo esto, como lo hemos analizado extensamente, son simples inventos del estalinismo-burocrático y del imaginario jacobino tributario de la revolución bolchevique. El asunto crudo es que ni el reformismo que edulcora Washington, ni el despotismo-burocrático del estalinismo, constituyen alternativa post-capitalistas.


En este contexto, Giddens nos anuncia la liquidación del socialismo: hay que abandonarlo y sustituirlo por una izquierda liberal (¡su sinceridad conmueve!). Producto de los ecos ideológicos neo-coloniales, no será extraño escuchar voces que replican esta fraseología en nuestros territorios, disfrazando a los cuerpos-pasiones de derecha de aromas-mascaradas de izquierda. Esto no es nuevo, mucho menos en tiempos de simulacros mass-mediáticos y de tele-política. Pero el tránsito postcapitalista apunta hacia otros horizontes. Es desde el espacio de la multiplicidad de las revoluciones democráticas, descolonizadoras y socialistas donde se abren caminos de esperanza para las multitudes excluidas, negadas, discriminadas y manipuladas políticamente. Comienzan a articularse de manera orgánica las demandas de democracia radical y de transición post-capitalista. Atento a esta situación, Washington abre una ventana táctica manipulando el sintagma de la “democracia social”, posicionando el marketing político a su izquierda liberal. Pero el efecto performativo de este truco de baja monta es nulo, es simplemente ridículo. Su esquematismo es directamente proporcional a su puerilidad como recurso retórico para la propaganda política. De allí no saldrán sino farsas y simulaciones, disfraces ideológicos para épocas de carnaval político.


Desde otros lugares de enunciación, por ejemplo, el talante intelectual de Boaventura de Sousa Santos, se plantea el reto de imaginar al campo de las izquierdas anticapitalistas de cara al siglo XXI; repensarlas ante la caída de las metanarrativas de la modernidad-occidental. Obviamente, es mucho pedir que quienes se ocupen de los mundanos asuntos de revestir ideológicamente al decadente reformismo socialdemócrata venezolano (la adequidad) o a las falacias del estalinismo burocrático, se aproximen al fondo del problema: La izquierda moderna, la que el siglo XX delimitó como izquierda tiene su procedencia completamente articulada a la matriz euro-céntrica de la modernidad y a la razón imperial. Un socialismo libertario, radical-democrático, abierto a la descolonización, construye nuevos espacios de justicia, liberación y alteridad, más allá de los moldes de las revoluciones que colonizaron el imaginario de transformación en el siglo XX. Sin el tutelaje y la gubernamentalidad del “globalismo trilateral”. Construyendo democracias sustantivas, radicales, con justicia, liberación y alteridad, desde el pluralismo igualitario que acepta matices y diferencias, y no elude el antagonismo fundacional que inspira cualquier política socialista: la construcción de sociedades “más allá del capital”, de la modernidad occidental y de la razón imperial.

viernes, 18 de enero de 2008

¿Democracia participativa o dedocracia en PSUV?

Javier Biardeau R. *
jbiardeau@yahoo.com.mx


Disposiciones transitorias. Disposición 1: El Presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela y los 12 integrantes de las Comisiones Nacionales Propulsora y Técnica serán delegados naturales a la primera Asamblea Socialista Bolivariana (Anteproyecto de Estatutos-PSUV)

¿Sorpresas? Primero la forma. No puede ser el “Presidente de la República Bolivariana de Venezuela” un delegado natural del PSUV, sino en todo caso Hugo Chávez Frías, como líder de la Revolución Bolivariana. Un estatuto mal redactado es una mala señal. Como lo fueron las erráticas señales de los artículos mal redactados de la propuesta de reforma constitucional. Segundo, los contenidos de esta disposición transitoria. ¿Cuál es el espíritu, propósito y razón de ser de esta norma? Nadie dudaba que Chávez sería elegido delegado en la Asamblea Socialista, pero darle a los miembros de las comisiones promotoras y técnica, el estatuto de “delegados naturales” y no de “delegados con derecho a voz pero sin derecho a voto”, como exige la consistencia democrática, comienza a confirmar las sospechas: la comisión promotora y técnica es el cogollo del PSUV. ¿El PSUV nacerá con un “cogollo socialista”?

Recordemos. El día 15 de febrero de 2007 se conformó una Comisión Promotora con el objeto de coordinar con los sectores políticos el método para crear el nuevo partido. En los discursos se enfatizó su función promotora, y que no eran autoridades del partido (Hay suficiente material disponible para constatar esta afirmación). La Comisión fue conformada por Titina Azuaje, Francisco Arias Cárdenas, Freddy Bernal, Diosdado Cabello, Pedro Carreño, Hugo Chávez, David Colmenares, William Fariña, Guillermo García Ponce, Roberto Hernández, Alberto Müller Rojas, Héctor Navarro, Jesús Paz Galárraga, Luis Reyes Reyes, Alí Rodríguez Araque, Jorge Rodríguez Gómez y José Vicente Rangel. El 5 de marzo de 2007, Chávez anunció el inicio oficial del proceso de formación del PSUV y la designación de un Comité Técnico que coordine ese proceso. El Comité técnico lo conformaron: Diosdado Cabello, Adán Chávez, Érika Farías, Lina Ron y Jorge Rodríguez. Un par de días después, el vicepresidente venezolano Jorge Rodríguez anunció la creación de cinco comisiones de trabajo dentro de la Comisión Promotora para agilizar el proceso de formación:

* Eventos: Freddy Bernal (coordinador), Rafael Isea y Luis Reyes Reyes.
* Ideas: Alberto Müller Rojas (coordinador), Adán Chávez, Roberto Hernández, Hector Navarro, Jesús Paz Galárraga y Alí Rodríguez Araque.
* Medios: Guillermo García Ponce (coordinador), Olga Titina Azuaje y José Vicente Rangel Vale.
* Secretaría: Fernando Soto Rojas (coordinador) y David Velásquez.
* Técnica Constituyente: Diosdado Cabello (coordinador), Francisco Arias Cárdenas, Pedro Carreño, William Fariñas y Jorge Rodríguez.

¿Son todas estas figuras y nombres “delegados naturales”?

Chávez anunció el día 14 de febrero de 2007: “Nada se impondrá desde arriba, todo vendrá desde las bases”. Uno esperaría consistencia, coherencia y congruencia con este espíritu democrático. El sintagma “delegados naturales” no parece consistente con este discurso. ¿De cual naturaleza hablan? ¿Acaso todos y todas estas personas son liderazgos “naturales” de las fuerzas socialistas bolivarianas en Venezuela? ¿Y por que se insistió tanto que no eran autoridades y ahora son delegados naturales con iguales derechos que los que pasaron por la dura prueba de la escogencia de las bases? Preguntas sin respuesta.

Siempre se habló del “partido más grande, democrático y revolucionario de la historia venezolana” (El Universal 05/03/07). Hasta ahora tengo dudas razonadas: hemos conseguido la más alta abstención en las elecciones internas de voceros, comparado con el registro de aspirantes a militantes; y hemos alcanzado la implosión de 3.000.000 de votos en el pasado referendo de la reforma constitucional. No seremos los más grandes con los mismos vicios de dirección política. No hemos elegido, si la cuenta no esta mal y sin meter a Chávez, 21 “delegados naturales”, a pesar de que hay excepciones que si fueron delegados electos por la base como Müller Rojas en Miranda. Esta sería la lista tentativa, y si no hay errores:

Titina Azuaje, Francisco Arias Cárdenas, Freddy Bernal, Diosdado Cabello, Pedro Carreño, William Fariña, Guillermo García Ponce, Roberto Hernández, Alberto Müller Rojas, Héctor Navarro, Jesús Paz Galárraga, Luis Reyes Reyes, Alí Rodríguez Araque, José Vicente Rangel. Adán Chávez, Érika Farías, Lina Ron Jorge Rodríguez. Rafael Isea, Fernando Soto Rojas, David Velásquez.

La figura del “delegado natural” es un lastre para la democracia interna de cualquier partido. Por este camino, e institucionalizando cogollos, NO seremos el partido mas democrático. Falta saber si seremos con estas decisiones, el más Revolucionario.

Marc Saint-Upéry: El periodo entre el referéndum revocatorio de agosto de 2004 y al menos la primera mitad de 2006 estuvo marcado por una atmósfera de relativa distensión en la sociedad venezolana. La desmoralización de la oposición dura, el cansancio de la clase media frente a la polarización política y la bonanza económica contribuyeron a limar un poco las asperezas más dolorosas del conflicto entre los adeptos al gobierno bolivariano y sus opositores. Sin embargo, después de su victoria -oficialmente reconocida por el candidato de la oposición, Manuel Rosales, y su estado mayor contra la voluntad de los antichavistas más recalcitrantes- parecería que el presidente venezolano hubiera optado por "agudizar las contradicciones" con una serie de declaraciones y medidas explícitamente destinadas a acelerar la marcha hacia un "socialismo" cuyo contenido permanece, por el momento, lleno de interrogantes. Entre otras, podemos citar: la formación de un "partido único de la revolución"; el anuncio de una nueva reforma constitucional; la aprobación de una ley habilitante de poderes especiales para que el Poder Ejecutivo legisle directamente a sus anchas por dieciocho meses (poco explicable ante un Parlamento plenamente controlado por el chavismo); la renacionalización de las empresas de telecomunicaciones y electricidad CANTV y ELECAR; la derogación de la concesión de la principal televisora privada del país, RCTV. Pese a ser totalmente legal desde el punto de vista formal (el gobierno tiene todo el derecho a no renovar una concesión, RCTV no fue "cerrada" y sigue emitiendo por cable), el "pase de factura" a esta emisora por sus innegables actitudes golpistas en 2002 suscitó una fuerte preocupación en la sociedad (las encuestas muestran que la mayoría de los propios electores chavistas no la aprueban) y provocó protestas callejeras, cuya novedad más notable es la emergencia de un movimiento estudiantil opositor de clase media con un discurso "pacifista" de estilo relativamente inaudito.

Por supuesto, los estudiantes fueron masivamente tachados de "sifrinos" (hijos de papá) y de cachorros del imperio y de la oligarquía por los voceros chavistas. Sin embargo, la novedad del fenómeno no pasó desapercibida entre los exponentes más sensatos del campo bolivariano, Así, el ex ministro de Educación Superior, Samuel Moncada, declaró: "No es que los estudiantes son una fuerza que erupciona sino que frente a la decadencia de los políticos, emergen como una fuerza de oposición. Considero que es un fenómeno muy interesante porque es una dirigencia política fresca y hay que tratarla con mucho respeto. No se puede decir que son manipulados ni agentes de la CIA sino que son unos tipos de oposición convencidos de sus ideas políticas. Yo no estoy convencido de sus ideas, es más, te puedo decir que pienso que la CIA está metida, el gobierno estadounidense y la ultraderecha están metidos; lo que sucede es que estos muchachos tienen sus ideas y no están siguiendo a guarimberos de oficio que se quieren aprovechar. Mientras lo hagan de manera pacífica, bienvenidos sean, porque son un aire fresco dentro de la política que necesita una oposición seria".

Fuera de los temas propiamente políticos, la base material y socioeconómica de esta supuesta aceleración hacia el "socialismo" no parece muy sólida y la situación no ha cambiado mucho en relación con lo descrito en mi artículo de 2006. La informalidad no ha disminuido. Nacieron y murieron más cooperativas, con más o menos la misma cuota sustancial de emprendimientos bajo respiración artificial y de operaciones abocadas a la flexibilización laboral o deseosas de beneficiarse de subsidios y exoneraciones. Las "misiones" siguen en existencia con resultados controvertidos y una cierta baja de rendimiento en algunos casos. El famoso "valijazo" de 800 mil dólares en Buenos Aires reveló a los ojos del mundo la punta de un iceberg de corrupción y de mercantilismo que el propio gobierno bolivariano no llega a desmentir con mucha convicción. En 2006, Eliécer Otaiza, ex jefe de los servicios de inteligencia venezolanos y director del Sistema Nacional de Contrataciones (SNC), reconoció que más del 80 por ciento de los entes públicos a nivel nacional, estadal y municipal, violaba las normas anticorrupción previstas en la ley que rige la materia. Sólo el 15 por ciento de estos organismos cumplía con la obligación de presentar ante el SNC la relación periódica de todos los contratos suscritos. En 2004, entre los entes que presentaron la información requerida, el 95 por ciento de los contratos reportados correspondió a adjudicaciones directas y, según Otaiza, la situación no era sustancialmente distinta en 2005 y en lo que iba de 2006: casi el cien por ciento de los municipios, la mitad de los ministerios y dos tercios de las gobernaciones seguían violando la ley. En lo económico, hubo brotes inflacionarios y desabastecimiento crónico de algunos productos básicos, pero siendo lego en esta disciplina, no me explayaré sobre las explicaciones divergentes de los economistas del gobierno y de la oposición. Por supuesto, la enorme distorsión rentista de la economía se mantiene. A eso podemos añadir que la principal preocupación de la población -y en eso concuerdan por una vez chavistas y antichavistas- es la seguridad: además de la epidemia creciente de robos y secuestros, hay cincuenta homicidios cada fin de semana en Caracas y alrededor de 16 mil por año en todo el país, con un aumento del quince por ciento desde el inicio de 2007.

El horizonte de incertidumbre abierto por las iniciativas erráticas del mandatario suscita fuertes preocupaciones y temores incluso dentro del campo bolivariano. Frente a esta especie de fuga hacia adelante, la expresión más elocuente, aunque muy diplomática y eufemística, de estas preocupaciones la emitió el general Raúl Baduel en su discurso de entrega del cargo de ministro de Defensa el 18 de julio de 2007. Vale la pena citarlo extensamente: "Nuestro modelo de socialismo debe ser profundamente democrático, con contrapesos y división de poderes. Deberíamos apartarnos de la ortodoxia marxista que considera que la democracia con división de poderes es solamente un instrumento de dominación burguesa. Sin embargo no son sólo los de orden político los únicos errores que deberían considerarse. También se cometieron errores de índole económica en los países del socialismo real. Contra estos también hay que estar en guardia, para no repetirlos. Los errores económicos de estos países del socialismo real como la URSS, incluyen la insuficiente generación de riqueza, ya que a pesar de haber logrado una industrialización acelerada, de tener una economía centralmente planificada y de los planes quinquenales, la economía soviética no pudo ser rentable, no pudo generar la riqueza necesaria para mantener confortablemente a su pueblo. La URSS no pudo dar el salto definitivo hacia adelante para alcanzar los niveles de eficacia en la generación de riqueza de sus competidores capitalistas. La política de nacionalización total de todas las empresas agrícolas, industriales y comerciales crea entre el gobierno y la población graves malentendidos y un descontento que desembocan en la anarquía, el hambre y la rebelión anticomunista. Los precios suben verticalmente, mientras que la producción se hunde y la moneda se desvaloriza y deja de ser un medio normal de cambio. El comunismo de guerra dejó la enseñanza de que no se pueden implantar cambios bruscos en el sistema económico, es decir abolición a rajatabla de la propiedad privada y la socialización brutal de los medios de producción sin que esto repercuta negativamente en la producción de bienes y servicios y sin que, concomitantemente, se genere un descontento generalizado en la población. Antes de repartir la riqueza hay que generarla. No se puede repartir algo que no existe. Esa fórmula no se ha inventado. Para que el modelo socialista que nos planteemos tenga éxito, éste debe encontrar las maneras de hacernos a los venezolanos más productivos. En el pasado, durante la IV República, los gobiernos emplearon la riqueza excesiva generada por el 'boom' petrolero para financiar todo tipo de ayudas económicas y subsidios. Numerosos venezolanos llegaron a depender enteramente de la ayuda oficial. En vez de enseñarle a los venezolanos cómo generar riqueza a través del trabajo y el esfuerzo, se les enseñó a pedirle ayuda al gobierno de turno. Cuando el boom petrolero terminó, el Estado se encontró súbitamente sin los fondos para continuar subsidiando la economía nacional. Fue entonces cuando el país se sumergió en la crisis, la peor en toda la historia venezolana. Nuestro modelo de socialismo debe y tiene que evitar la repetición de estos errores".

Sugerir que podría haber una semejanza de funcionamiento y de destino entre el régimen bolivariano y los odiados gobiernos de la IV República es, en realidad, mucho más ofensivo que cualquier acusación opositora de tiranía, de comunismo o de totalitarismo contra Chávez. Mientras que los tímidos disensos públicos de varios aliados del régimen -como el dirigente del partido Podemos [socialdemócrata, sin relación con el Podemos boliviano] Ismael García o el general Alberto Müller-Rojas- han sido sistemática y ferozmente censurados y deslegitimados desde la presidencia, Chávez no comentó las declaraciones de Baduel. Al contrario de la mayoría de los pocos prestigiosos jerarcas del régimen, el general que enfrentó a los golpistas y salvó el pellejo del presidente brevemente destituido en abril de 2002 es la figura más popular del chavismo después del propio Chávez. Una divergencia pública con él tendría un costo político muy alto. Por supuesto, varios voceros oficialistas declararon de pronto que sólo escuálidos empedernidos y agentes del imperio podían percibir en estas palabras la sombra de una divergencia entre Baduel y el líder. Mientras que, por lo contrario, algunos exponentes de la oposición más recalcitrante denunciaron en ellas una perversa maniobra de diversión efectuada con el acuerdo tácito de Chávez para legitimar entre los ingenuos la fachada democrática de la "dictadura".

- ¿Qué características tiene el nuevo PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela)?

MSU: En diciembre de 2006, apenas Chávez anunció que había que fusionar de urgencia todas lo partidos y organizaciones que apoyan el proceso bolivariano en un único partido revolucionario, frente a la sorpresa y a la perplejidad de algunos aliados del régimen, el ex vicepresidente y actual gobernador del estado Miranda, Diosdado Cabello -un pilar del régimen cuya fortuna personal se multiplicó inexplicablemente durante su paso por la función pública- declaró: "El partido único es una realidad, y en ese sentido no hay nada que discutir, sólo nos queda llevar a cabo el congreso ideológico que se efectuará en el primer trimestre del año 2007, para ventilar los lineamientos que se implementarán para darle vida a esta propuesta". No hubo ningún congreso ideológico en el primer trimestre de 2007, pero el "no hay nada que discutir" se confirmó en varios aspectos.

Mientras que el MVR (Movimiento Quinta República, principal vehículo político y electoral del chavismo) se autodisolvía dócilmente sin debate ni congreso, sus aliados menores del PCV (Partido Comunista), del PPT (Patria Para Todos) y de Podemos expresaron varias reservas frente al calendario y a las modalidades de construcción del nuevo partido. Los representantes de Podemos criticaron también la imposición del eslogan oficial "Patria, socialismo o muerte" (en mi opinión uno de los lemas más repugnantes -y de clara connotación falangista- jamás inventados por la izquierda autoritaria latinoamericana) y sugirieron que algo como "Patria, socialismo democrático y vida" sería tal vez más apropiado. Chávez se enfureció, amenazó a los disidentes y lanzó contra ellos todos los perros guardianes de su propaganda, provocando la división de los tres partidos entre adeptos de la entrada sin condiciones en el PSUV y partidarios de la autonomía crítica.

En agosto del 2007, Chávez anunció sorpresivamente, en medio de un mitin del partido, la creación de una comisión disciplinaria transitoria bajo la dirección de Diosdado Cabello, cuya primera decisión sería una sanción contra un dirigente nacional del PSUV, sin siquiera mencionar al castigado por su nombre y apellido. "Fue una víctima sin nombre, porque sin debido proceso, sin posibilidad de defensa, sin opinión del resto de los miembros de la organización, simplemente fue aniquilado simbólicamente", comentó el respetado intelectual marxista venezolano, Javier Biardeau. A lo que añadió: "Me pareció incongruente y un contrasentido con el socialismo revolucionario plantear la creación de una comisión disciplinaria transitoria del PSUV. Sin estatutos, sin órganos debidamente constituidos, sin deliberación democrática en instancias de dirección, ¿cómo juzgar la conducta equivocada o no de un miembro de la organización revolucionaria? Ni siquiera en el X Congreso del partido bolchevique en 1921, justo en aquella ocasión donde se prefiguró un partido monolítico y sin fisuras, Lenin prohibió la existencia de corrientes de opinión. Si una comisión disciplinaria transitoria va a llevar al paredón a las opiniones, por más disparatadas que sean, lo que constata es la existencia de censura y sanción a la libre expresión de opiniones políticas. Con estas decisiones erradas, estamos prefigurando el viejo socialismo burocrático del siglo XX y repitiendo la estupidez de la vieja cogollocracia histórica venezolana. Si se refuerza esta tendencia, la comisión propulsora del PSUV y el pequeño cogollo 'técnico' pasará en la práctica a funcionar como cualquier aparato stalinista. Si no se comparte una opinión, lo fundamental es debatir esta posición en público, argumentar, deliberar, practicar la crítica y la autocrítica. Pero montar el supertribunal de disciplina que ninguna democracia socialista eligió es un contrasentido. ¿Qué sucederá entonces desde este momento? Una lluvia de expedientes de una sapocracia que aprovechándose de las afinidades con quienes administren el supertribunal pasarán a controlar la vida interna del PSUV. Con estas decisiones, al parecer, se instalan con toda la visibilidad de la jerarquía y la violencia de la dominación, las charreteras en el PSUV; y, desde ahora, se perfila la prohibición de disentir y pensar críticamente".

Otro intelectual cercano al régimen, el sociólogo de Clacso y organizador del Foro Social Mundial de Caracas en 2006, Edgardo Lander, se expresó en términos similares sobre la gravedad del asunto, mientras que un militante de base confiaba al sitio aporrea.org su frustración: "Ya vemos clarita la historia política inmediata: los elefantes del chavismo burgués, los que acabaron en siete años con el MVR, ahora serán los mismos que asumirán las riendas del PSUV que se encuentra en proceso de gestación". Desgraciadamente, el escenario poco alentador dibujado por Biardeau y por otros me parece bastante plausible. Para parte de la base chavista y de los sectores populares, el PSUV será el partido dominante de turno, lo que fue Acción Democrática (AD) en su tiempo: una agencia de empleo, una vía de acceso periférico a cuotas marginales de poder y de recursos, una correa de transmisión de las demandas y de los favores clientelares. Prueba de eso, el hecho bastante cómico de que, en algunos Estados de Venezuela, hubo más candidatos a inscribirse en el PSUV que votantes para Chávez en las elecciones de diciembre de 2006. Para otro sector, la adhesión al partido será simplemente una función de la adhesión al líder carismático. Pero existen sectores de la base chavista que creen sinceramente en la democracia "participativa y protagónica" y que exigirán un verdadero control y un verdadero debate democrático. (Cuidado que cuando hablo de tres "sectores", la realidad es más complicada, en la medida en que las motivaciones descritas pueden sobreponerse totalmente o parcialmente en muchas personas o colectivos sociales y políticos.) De ahí surgirán contradicciones que se resolverán en modo muy diferente según los casos y las regiones. Lo más probable es que Chávez y el aparato logren instrumentalizar estos disensos para favorecer o marginalizar a tal o cuál corriente o personalidad en función de la oportunidad del momento. En caso de que las contradicciones amenacen con volverse irreductibles, la solución del aparato será los llamados a la lealtad y a la disciplina, seguida si es necesario por la insultadera, la acusación de traición ("agentes del imperio", "infiltrados", etc.) y la estigmatización más rastrera de los disidentes, lo que ha sido la práctica sistemática del grueso de la jerarquía chavista hasta ahora. La aplastante mayoría de los militantes se alineará por miedo, por oportunismo o por convicción de que hay que estar "patria o muerte" con el líder y con la noción abstracta de "revolución", pero no con principios democráticos definidos y con modalidades de aplicación prácticas y verifiables de estos principios.

Esto para el aspecto político ideológico. Pero eso no es ni siquiera el problema fundamental de la construcción del PSUV. En la particular alquimia de la política partidaria, el oro puede transformarse en plomo, pero no al revés. En la historia, hay muchos ejemplos de partidos leninistas o jacobinos "incorruptibles" o de vanguardias guerrilleras sacrificadas que acaban su trayectoria bajo la forma de nomenclaturas anquilosadas y oportunistas. No hay ejemplos de lo contrario. Tomamos el caso del sandinismo: para cumplir su degeneración de heroico ejército guerrillero a camarilla orteguista en contubernio con la derecha más corrupta, el FSLN tuvo que pasar por la famosa "piñata". En el marco de la borrachera rentista, la nueva clase burguesa burocrática con Rolex y Hummers que domina el proceso venezolano (y que dominará el PSUV, no quedan muchas dudas sobre esto) empezó su ascenso social y político con una gran piñata petrobolivariana. De ahí no hay marcha atrás hacia la pulcritud revolucionaria. Por muchas boinas rojas y muchos retratos del Che que se enarbolen, no hay cómo transformar este plomo en oro. Tampoco habrá la "revolución dentro de la revolución" con la que sueña la izquierda radical chavista para acabar con toda esta podredumbre, y eso por dos razones. Primero, porque la nueva clase (tal vez más una capa que una clase social orgánica) está demasiado enquistada en las estructuras socioeconómicas, aliada y a menudo económicamente asociada con el ejército, y cobijada por el líder que la necesita para gobernar a pesar de sus discursos sobre la belleza de la pobreza evangélica y lo malo de ser rico. Segundo, porque la población no es para nada "socialista" en el sentido en que los radicales creen. Para la mayoría del pueblo chavista, el "socialismo" es algo muy nebuloso, una mezcla de vagas prédicas sobre el altruismo y la caridad cristiana y de versión más personalista, más mesiánica y más plebeya de la redistribución rentista al estilo Carlos Andrés Pérez (en su primer mandato); no es una nueva institucionalidad y un nuevo modo de producción socioeconómica a la vez más justo y más eficiente, noción muy problemática sobre la que la mayoría del pueblo no tiene la menor idea, como tampoco la tiene la jerarquía chavista.

- ¿La reelección indefinida de Chávez, incluida en el proyecto de reforma constitucional, pone en riesgo la democracia?

MSU: Vamos por partes. Primero, Chávez y los chavistas señalan que la posibilidad de reelección ilimitada de un gobernante está vigente en varios países occidentales desarrollados. Formalmente, es la pura verdad, y si el pueblo venezolano quiere poder reelegir Chávez indefinidamente, ¿porqué no? Ahora, por supuesto, no hay que ser ingenuo, y cuando usted tiene un mandatario con fuertes tendencias mesiánicas y megalómanas en el poder (Chávez declaró hace poco en la televisión iraní que "Venezuela es considerada como la nación más importante de Latinoamérica" y que la alianza entre Caracas y Teherán prefiguraba "un movimiento que salvaría el mundo de la amenaza del imperialismo norteamericano"), vale la pena interrogarse sobre el significado de la exigencia de reelección indefinida. Sobre todo cuando uno oye los argumentos a favor de la reforma constitucional planteados por los máximos exponentes del régimen. Para defender la reelección, el diputado chavista Carlos Escarrá, integrante de la comisión presidencial que asesoró a Chávez en su diseño, citó el proyecto de la Constitución de Bolivia presentada por Bolívar en el siglo XIX : "El presidente viene a ser en nuestra Constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al Universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua y permanente". Otro ejemplo, un discurso reciente de Diosdado Cabello -¡siempre él!- : "Los que crean que la reforma es para perjudicarlos a ellos, que se vayan, bastante pueblo tiene el comandante Chávez, bastante pueblo tiene el verdadero socialismo". Éstas son sólo dos indicaciones del increíble nivel de servilismo, de sectarismo y de intolerancia que reina en la cúpula del chavismo, y no sólo en la cúpula. Hace pocos días, en aporrea.org, un militante chavista escribía sin ironía: "Comandante, dicte; que el soberano copia". Que no es sino una nueva versión de otro eslogan usado en algunas manifestaciones chavistas: "Comandante ordena, te obedecemos". Sería interesante saber quién, exactamente, promueve esto lemas "espontáneos" dentro de las organizaciones populares.

Lo que sí es perfectamente antidemocrático es la exigencia (todavía no definida oficialmente, pero se ve que el régimen se inclina fuertemente hacia esto) de votar en bloque, en un referéndum que debería ocurrir en diciembre, todas la enmiendas a la Constitución (33 de 350 artículos), que tratan temas tan diversos como la reelección indefinida, la formas de propiedad (definición de la propiedad social y comunal, además de la privada y estatal), el fin de la autonomía del Banco Central, la transferencia a la presidencia de la reserva monetaria internacional, la institucionalización de las "misiones" sociales, el estatuto de las FF.AA. y las milicias populares, la instauración de un nuevo mapa político-territorial con la creación de "territorios federales" y "ciudades socialistas" controlados directamente por el ejecutivo central, la reducción de la jornada laboral a seis horas, etc. Al mismo tiempo, es una maniobra táctica bastante inteligente porque ya tuvo el resultado de dividir a la oposición entre quienes quieren decir No en bloque y los que quisieran poder votar sobre cada tema separadamente (además de los que elegirán la abstención).

Ahora, si me permiten, quisiera analizar más en profundidad el tema "Chávez y la democracia". Primero, como dije en mi artículo y en mi libro, no tiene mucho sentido la pregunta de si Chávez es un "demócrata sincero" o si "tiene un alma de dictador". Todo es una cuestión de contexto y de posibilidades sociopolíticas concretas. ¿Cuál es el "modelo" de "socialismo" que Chávez tiene en mente? Por un lado, no es el "modelo" cubano (un "modelo" que ni los filocastristas más empedernidos del continente pretenden imitar en lo concreto, lo que en sí mismo ya es muy sintomático), como lo cree gran parte de la oposición. Por otro lado, los chavistas sobreestiman bastante la originalidad y el carácter innovador del régimen bolivariano. Si los analizamos uno por uno, casi todos sus rasgos fundamentales podrían ser referidos a experiencias históricas bien conocidas. Mi hipótesis (e insisto que es sólo una hipótesis de trabajo) es que se trata de una mezcla sui géneris de varios elementos.

Primero, todo el manejo chavista del tema de la democracia participativa y protagónica, y de los famosos consejos comunales, tiene muchos parecidos con los "congresos populares" de Muamar El Gadafi, o sea, una forma de simulacro de democracia directa donde el cemento cohesionador de la "pirámide" de los organismos participativos no es la autoactividad de las masas y la construcción deliberativa de la voluntad general, sino el liderazgo carismático del caudillo y su control del aparato estatal. Por otro lado, este aspecto "gadafista" está considerablemente matizado por el contexto y las tradiciones institucionales de la región y se combina con una forma de gestión del poder más parecida a la del primer peronismo o del PRI mexicano de cierta época, lo que requiere una fachada más o menos convincente de pluripartidismo y de elecciones libres (y la honestidad obliga a decir que son por el momento mucho más libres y transparentes en la Venezuela de Chávez que en el México del PRI de antaño). Eso, creo, es el modelo implícito y más o menos intuitivo que tiene Chávez. Pero esta especie de modelo mixto "gadafista-peronista" es sólo un ideal-tipo que no refleja la realidad en el terreno concreto. Es una mezcla, pero una mezcla incompleta, que entra también en amalgama con formas más o menos deterioradas del sistema democrático liberal tradicional de Venezuela, con su fuerte sesgo de oligarquía partidocrática y rentista clientelar, y con un mayor desarrollo -y una mayor indocilidad- de la sociedad civil, incluso de la sociedad civil chavista.

Me parece también que es una mezcla muy inestable, por lo que es difícil predecir lo que puede pasar a medio o largo plazo. ¿Cómo compensará el carisma del caudillo el rendimiento decreciente de los programas sociales? ¿Qué efecto legitimante o, al contrario, deslegitimante, pueden tener el sobrecalentamiento retórico del régimen y la sensación creciente de exilio interior y de desesperación de los sectores opositores o bien la ansiedad de los "ni-ni"? ¿Hasta qué punto la nueva clase que goza del poder (aunque en realidad, en el nivel económico, lo comparte con las élites capitalistas tradicionales, que no han sido desplazadas), la "boliburguesía", se someterá dócilmente a todos los caprichos de líder? Dentro de las nuevas generaciones, compuestas tanto por los estudiantes que manifestaron contra el cierre de RCTV en la primavera de 2007 como por los jóvenes de los barrios populares adeptos del régimen, ¿puede haber un día una convergencia de intereses y frustraciones más allá de la cristalización estereotipada de los lenguajes ideológicos -el lenguaje hueco de la "revolución" y la enorme abstracción del discurso de la "democracia liberal"-? Por supuesto, el régimen y gran parte de la oposición hacen todo para consolidar estos estereotipos y fortalecer una polarización simbólica que no es sino un simulacro manipulado de lucha de clases. Pienso que el juego es más abierto que lo que creen tanto los opositores desesperados como los chavistas atrincherados en el poder, y tengo cierta confianza en la vitalidad democrática de la sociedad venezolana. Sólo hay que esperar que la inevitable explosión de la burbuja rentista y de la ilusión "revolucionaria" no se produzca en condiciones demasiado caóticas que dejarían a los venezolanos un país moral, institucional y económicamente arruinado y sin rumbo.

- ¿Cómo puede usted sostener este tipo de discurso supuestamente desde la izquierda? ¿No teme ser víctima de la acusación de "hacerle el juego al enemigo"?

MSU: Eso de hacer el juego al enemigo me tiene sin cuidado. Hablar sobre Venezuela desde la izquierda implica cierta responsabilidad, pero no la de "no hacer el juego al enemigo" -argumento de los estalinistas de siempre-, sino la de no hacer propaganda barata, como la hacen 95 por ciento de los discursos pro y antichavistas. Lo que necesitamos son reportajes y encuestas sociológicas y económicas serias y sustentadas sobre el proceso bolivariano, y de eso hay poquísimo. Además, primero, y hasta ahora, considero el gobierno bolivariano como el legítimo gobierno de Venezuela, le guste o no a fulano o a mengano (o incluso a mí). Esta legitimidad electoral, tanto como su séquito popular, no impide hacer un balance de sus logros concretos y de su dinámica política y económica, y ahí la cosa es más compleja y mucho más preocupante. Yo diría cada día más preocupante. Segundo, en el nivel geopolítico, no temo una extensión y una infiltración continental del "modelo" chavista (una cosa es la retórica y las fanfarronadas de los bolivarianos propios y ajenos, y otra los intereses y las estrategias reales de los distintos países y regímenes), ni me molesta que las izquierdas o centroizquierdas en el poder en América Latina hagan acuerdos con Chávez o con PDVSA. La estrategia de buscar un mundo multipolar, de diversificar las fuentes de inversión y de consolidar bloques geopolíticos alternativos me parece profundamente justa. Pero tampoco hay que hacerse ilusiones exageradas. Por ejemplo, la idea de que fortalecer los vínculos comerciales con países de tendencia supuestamente "socialista", como China y Venezuela, tiene una carácter unilateralmente emancipador es muy ingenua. De hecho, el comercio con China y los acuerdos con PDVSA tienden a menudo a consolidar la reprimarización extractivista de las economías latinoamericanas, o sea, exactamente lo que la teoría de la dependencia reprochaba al imperialismo.

Por supuesto, tratar de encontrar y transmitir al menos parte de la verdad sobre Venezuela expone a los insultos, las calumnias y las acusaciones mas descabelladas de la izquierda boba. Para resistir a este tsunami de idiotez sin caer en la tentación de volverse reaccionario, hay que tener una cierta fuerza moral y un cierto sentido del humor. Afortunadamente, es posible encontrar una fuente de serenidad en la perspectiva histórica que provee una buena educación marxiana, es decir la costumbre del análisis materialista concreto y racional de las situaciones concretas. Y también en la certidumbre de que, en última instancia, sólo la verdad es revolucionaria.

Docente Universidad Central de Venezuela

martes, 3 de julio de 2007

“INVENTEMOS EL NUEVO SOCIALISMO O ERRAREMOS EN LA BARBARIE”:


Javier Biardeau R.

“Una revolución radical solo puede ser la revolución de necesidades radicales cuyos supuestos y cunas parecen precisamente faltar”

(K. Marx).

1.- LOS DINOSAURIOS Y MINOTAUROS COMO OBSTÁCULOS DEL NUEVO SOCIALISMO

Para el diseño de los socialismos radical-democráticos en el siglo XXI, nos encontramos en un paisaje rodeados de “dinosaurios”, “minotauros” y “unicornios”. Hay algo mas que una simple oposición entre lo “viejo” y lo “nuevo”, artilugio moderno por excelencia, o entre aquello que forma parte de un pasado “realmente existente” y de un “mundo imaginario” y por tanto, posible; sino una invocación a la prudencia para no caer de nuevo en las diversas figuras de la Barbarie Civilizada, encarnadas en los despotismos de derecha y de izquierda. Los dinosaurios y minotauros encarnan figuras emblemáticas del “socialismo realmente inexistente”, unos por dogmáticos e infalibles, apegándose el canon sacrosanto del marxismo-leninismo, otros por su permanente actitud de funcionar como centinelas ideológicos de un “pensamiento único” en la tradición Socialista.

El Nuevo Socialismo del siglo XXI requiere de una ruptura política y epistemológica con todo lo que represente dogmatismo, monolitismo ideológico, pensamiento único, colonialismo, simplificación, censura y razonamiento apodíctico. Los unicornios encarnan, entonces, la imprescindible conexión entre Socialismo y Emancipación, sin la cual, la utopía concreta tendría como destino, como diría el filósofo pragmático, eurocéntrico y liberal-democrático, Richard Rorty, convertirse en una “fantasía privada”.

2.- REACTUALIZAR EL PENSAMIENTO SOCIALISTA, CRÍTICO, PLURALISTA Y RADICAL-DEMOCRATICO:

Sin embargo es conveniente hacer explícitos algunos elementos de la perspectiva que se pretende construir, como corriente ético-política animada por una crítica radical a la dominación social y política, animada desde la doble perspectiva de Marx y Gramsci, para demoler las cadenas de la explotación y superar el fetichismo de la separación entre gobernantes y gobernados, antes de avanzar con la argumentación, ya que es relativamente fácil detectar dinosaurios y minotauros, pero muy difícil detectarlos, cuando se disfrazan de nuevos unicornios. Hablamos de Socialismos en plural, de una pluralidad socialista, porque obviamente la experiencia histórica ha enterrado cualquier formulación universalista y cualquier tentativa de “pensamiento único” acerca del socialismo, formulación universalista con pretensiones de imponer una concepción doctrinaria y mono-cultural, como lo fue la experiencia burocrática-estalinista en su pretensión de construir un bloque de poder y una esfera de influencia de alcance mundial. Tampoco es posible replicar “modelos de revolución”, porque precisamente una “caja de herramientas” si es revolucionaria no operaría con estos contra-sentidos, con esta racionalidad dogmática, con esta impostura reduccionista, que solo servirían como “cartas de navegación” aplicados a otros “referentes” y al contraste comparativo.

Adicionalmente, existe a disposición de los interesados una amplia literatura donde se caracterizan los rasgos autoritarios y despóticos de las experiencias socialistas que se hicieron eco fácil de la crítica leninista a la democracia-liberal, sin ofrecer perfiles democráticos-radicales que rebasasen los límites de la democracia burguesa en su forma paradigmática, como modelo elitista de democracia restringida.

Por esta razón, resulta un extraordinario empobrecimiento teórico, en nombre de la “dictadura del sujeto revolucionario”, con indeseables consecuencias prácticas, descartar en bloque a lo socialismos como tradiciones populares de lucha así como el aprendizaje histórico que desde el ala progresista del liberalismo político (izquierda liberal) propio del sistema-mundo moderno-colonial (Mill y Laski, por ejemplo), y descartar su contribución al patrimonio de la memoria socialista en las luchas en pro de una ciudadanía democrática en la esfera de los derechos sociales y culturales. En pocas palabras, genealógicamente, el Socialismo ha sido postulado por una pluralidad de lugares de enunciación, desde anarquistas libertarios hasta el reformismo socialdemócrata, y por tanto, hay algo que no se puede descartar a priori, aunque hay que tener un criterio muy afinado de selectividad para no caer presos en el programa político de apoyo al “capitalismo democrático de bienestar”, o si se prefiere, en una actitud defensiva ante las críticas al Estado de Bienestar o Estado Social.

Entre aquellos que justificaron una suerte de “socialismo liberal”, desde el punto de vista teórico, figuran pensadores de la intelectual de Norberto Bobbio, que no pueden confundirse con la llamada Tercera Vía a lo Giddens, o posturas “anti-fundacionalistas” (Postestructucturalistas? Postmodernos?), como las de Mouffe-Laclau, y su propuesta de “revolución democrática” para una nueva estrategia socialista. Lo que caracteriza a estas propuestas es su marcado carácter euro-céntrico, distanciándolas de las experiencias, especificidades y particularidades de los territorios sometidos a procesos de colonización y de modernización imitativa, trunca y refleja.

Nuestra tesis afirma que las luchas por los socialismos democráticos, plurales, radicales y arraigados en las tradiciones nacional-populares de resistencia, impugnación y esperanza, proceden de dos puntos de partida: a) del reconocimiento del papel de los “lugares de enunciación” y de “agenciamiento histórico-cultural”, reconociendo la

geografía de las experiencias político-culturales (Mignolo) y, b) reconocer la posibilidad de una torsión de las proposiciones del ala radical-democrática del liberalismo político propia de la tradición moderna, colonial y occidental, para rearticular sus formas y contenidos progresistas con otras formaciones de discurso y acción político-cultural que no pertenecen a la tradición política de la Modernidad euro-céntrica, pero que tienen clara conciencia de la conexión entre emancipación política, justicia económica, eco-dependencia y dignidad nacional-cultural.

Aunque, a los buenos ciudadanos les moleste, gran parte del ideario socialista solo podrá ser reconstruido desde los márgenes del pensamiento euro-céntrico, sin necesidad de caer en el chantaje de los “fundamentalismos”, del “cesarismo populista” y del “fascismo de los vencidos”. Sin embargo, quiero enfatizar que uno de los mínimos democráticos del socialismo posible será dado por los perfiles construidos desde una democracia participativa, radical, pluralista y protagónica, desde el autogobierno de lo anteriormente gobernados, que rebasando los contenidos de la democracia representativa, permitirán la construcción de nuevas ciudadanías sociales y pluriculturales, y por tanto de una nueva esfera pública democrática, condición de posibilidad del quiebre de la explotación y la opresión social.

3.- EL SOCIALISMO ES UNA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA PERMANENTE:

Otro de los mínimos democráticos del Socialismo posible será el de mantener la tensión permanente entre lo instituyente, lo instituido y la institucionalización, entre la potencia y el poder, entre las necesidades radicales y las cadenas de las diversas manifestaciones del fetichismo, y en el terreno jurídico-político, entre el poder constituyente, el poder constituido y la Constitución Normativa. Aquí el derecho y la política vuelven a desmontarse como espacios formalizados por la razón liberal, para ser reconducidos a las luchas sociales y nacional-populares. La forma jurídica tiene contenidos de poder económico, político, social y cultural.

Tratándose de una democracia revolucionaria, y por tanto agonística

de cabo a rabo, la deliberación y las “comunidades de comunicación” estarán permanentemente asediadas por la las pretensiones de desinformar, por el rumor, por la guerra psicológica, por las razones estratégico-hegemónicas y la “comunicación distorsionada” (Habermas) a partir de la tensión entre racionalidades políticas en conflicto y la utopía concreta de la liberación social. Por tanto, la democracia revolucionaria tiende a un estallido del paradigma liberal clásico que ha cosificado la separación entre economía, política, sociedad y cultura, por una parte; y entre el ámbito de “público” y lo “privado”, desconociendo la revalorización que de la esfera pública realizan la acción colectiva de plurales movimientos sociales y fuerzas

políticas.

4.- EL NUEVO SOCIALISMO ES DE MODO INMANENTE CONTRA-HEGEMÓNICO:

Sin embargo, el desplazamiento del monopolio de la voz del liberalismo-democrático en los procesos de influencia social será un

proceso de luchas contra-hegemónicas en el terreno de la construcción de significaciones y sentidos (de la guerrilla semiótica en la multiplicidad de referentes de liberación social y cultural), y en los procesos de acumulación de fuerzas y recursos de poder,; es decir, lo que se ha dado en llamar, “empoderamiento”. Así mismo, las “revoluciones parciales”, acotadas a la transformación democratizadora de estructuras estatales, relaciones sociales y economías nacionales, y a las transiciones “nacional-populares” hacia el Socialismo, han dado paso a una revalorización de las particularidades y especificidades de las posibles transiciones socialistas que reconocen que la construcción de un “socialismo mundial”, forma parte de un espacio-tiempo de transformaciones que en un largo proceso histórico, que transitará por la construcción de bloques regionales de poder contra-hegemónicos, desborda a varias generaciones de movimientos, fuerzas y programas políticos.

Más que obedecer a leyes de “necesidad histórica”, el socialismo será una construcción de la agencia humana, de la actividad humana, de la praxis, una “revolución contra el capital” (Gramsci), una revolución político-cultural de emancipación social y de supervivencia de la vida digna, o simplemente no será. Y esta construcción de la agencia humana transgeneracional tiene que derrumbar de manera más o menos consistente al muro geo-cultural y civilizatorio creado por la sociedad liberal-individualista del sistema-mundo moderno y colonial, y redefinir modelos de desarrollo a escala humana y ambiental. Nada mas y nada menos que transformar los sistemas de

valores, creencias y gramáticas ideológicas profundamente arraigadas que forman parte de la base generativa de los modelos económicos, políticos, institucionales y culturales, y que pisotean como fantasmas, ídolos, palabras e imaginarios el cerebro de lo seres vivos!!!.

5.- LA TRANSICIÓN AL NUEVO SOCIALISMO: ¿DESDE CUÁLES REFERENTES?:

Por otra parte, es muy difícil sostener hoy una mecánica de transición

necesaria entre un sistema socialista y algo llamado comunismo. Lo que Marx visualizó como el fin de la prehistoria (el reino de la necesidad), y el comienzo de la historia (el reino de la libertad) sigue ubicándose en el reino del entusiasmo utópico. Y nuestra época dominada por la ultra-modernidad liberal-occidental segrega cada vez más una crisis de sentido sobre la posibilidad misma de tal entusiasmo utópico, canalizando estas energías en la subcultura del éxtasis posmoderno y de consumismo hiper-segmentado. Sin embargo, existe una fuerte sensibilidad posmoderna que se constituye en un “estado naciente” para reelaborar desde matrices político-culturales diferencialistas a los horizontes socialistas, de la mano de obras como las de Boaventura dos Santos y Rigoberto Lanz. Esto no excluye una cuidadosa demarcación de corrientes que proponen jugadas neo-conservadoras.

Por otra parte, las corrientes postcoloniales ofrecen un invalorable aporte al desmontaje del occidentalismo, que puede ser aprovechado para recrear lo agencimientos socialistas. ¿Acaso la experiencia soviética no se proponía alcanzar como meta la imagen de bienestar consumista del campo capitalista del “primer mundo”? ¿El año 1989 no fue acaso una pragmática evaluación colectiva del sistema soviético como fracaso de la promesa de ese particular “reino de la libertad” reducido a la pura y simple “soberanía del consumidor”? ¿Qué futuro le espera a las innumerables nacionalidades y culturas sometidas por la imposición mono-cultural del colonialismo? Las razones postcoloniales pueden contribuir decisivamente a colocar en la agenda del debate las historias locales frente a los diseños globales, y reivindicar los tonos de la descolonización del pensamiento en el propio terreno de los horizontes socialistas.

Por otra parte, no resulta descabellado enfrentarse a operaciones de

transformismo ideológico de extraordinaria eficacia a partir de los acontecimientos de 1989, como la asimilación del capitalismo realmente existente con el reino de la libertad, cuando la experiencia de millones de personas bajo el capitalismo mundial experimentan la mas intensa privación, humillación y sobre-explotación bajo el salvaje auge del proyecto neoliberal / neoconservador. Sin embargo, constatamos como las culturas mediáticas licuan estas experiencias y sugieren que la causa de esta situación es la “falta o ausencia de capitalismo”, y no la desregulación social y política de la lógica del capital. Los horizontes socialistas deben enfrentar los dominios desbocados del imperio mediático y su contribución al metabolismo del capital a partir de la diseminación de un “régimen de necesidades”, constituyéndose en el verdadero “príncipe posmoderno” de las corporaciones transnacionales, consolidando junto a otros aparatos culturales una red integrada de dispositivos de modulación del control social, de la vigilancia y la “persuasión coactiva” generalizada.

En síntesis, las controversias contemporáneas entre modernos (liberales, conservadores y radicales), posmodernos (conservadores, resistentes y oposicionales) antimodernos (fundamentalistas y nostálgicos de las monarquías del “ancien regime”), trans-modernos (pos-ideológicos o de izquierda) y poscoloniales (Latinoamericanos, Caribeños, Africanos o Asiáticos), pudieran generar nuevas recepciones y reinterpretaciones de lo que pudiera significar una nueva discusión de las experiencias y visiones Socialistas en el siglo XXI.

La dispersión teórica en el terreno pensamiento social es un factum de la situación presente, pero la realidad de los movimientos de resistencia, impugnación y esperanza por otra parte ha venido generando prácticas de articulación entre pensamientos-saberes críticos frente al capitalismo neoliberal y los movimientos de acción colectiva que van sedimentando los nodos de una reticular y molecular praxis contra-hegemónica. Sin embargo, hasta ahora, el estado del arte de la discusión no remite al Socialismo como foco central de la agenda de reflexión, sino a una apreciación de las tendencias, contradicciones y dislocaciones del “capitalismo global”. De allí la interrogante: ¿cuál socialismo?, ¿el de los dinosaurios?, ¿el de los minotauros?, ¿el de los unicornios?.

Esta brecha de la reflexión pudiera comenzar a saldarse si se clarifican los términos del debate, y si se sabe hacia donde apuntan las nuevas aperturas conversacionales en términos políticos, pues pareciera que las fuerzas político-partidarias que se identifican con el ideario socialista a escala mundial poco dicen sobre la posibilidad de un nuevo socialismo en el siglo XXI, e incluso se encuentran en un franco retraso ante las lógicas impulsadas por los movimientos alter-mundistas (¿Otro índice de la muerte de la fertilidad del partido único de la revolución de inspiración leninista? ¿La muerte de la vanguardia como acceso privilegiado a la línea política y epistemológica “correcta”?).

Hablamos de socialismos en el siglo XXI, porque sin esta lectura no habrá posibilidad alguna del “Socialismo del siglo XXI”. Para que sea del siglo XXI tiene que situarse inevitablemente en el presente histórico del siglo XXI; es decir abordar el pluralismo socialista desde un talante contemporáneo y cosmopolita. ¿Qué significa en el presente histórico problematizar las experiencias socialistas y las visiones socialistas para el siglo XXI?

Significa ni más ni menos, realizar un verdadero balance de inventario, y levantar sobre las huellas del siglo XIX y XX, los nuevos horizontes socialistas, reconociendo las limitaciones colonialistas y euro-céntricas de proyectos que idealizaron un mito de progreso articulado exclusivamente al industrialismo, la burocratización de la existencia y la lógica unidimensional de la racionalidad instrumental. Entre estas huellas, es impostergable redefinir la relación de cualquier programa político con la obra teórica y política de Marx, por ejemplo, con todo el “socialismo y comunismo teórico”, y con los “socialismos históricos”. Hoy es inevitable, analizar desde una perspectiva no euro-céntrica todas las huellas del socialismo, y enfrentar la impostergable interdependencia entre nuevo socialismo (nueva economía mixta de estilo socialista con un marcado acento popular- autogestionario) y la nueva democracia (con marcado acento en la participación y protagonismo del mundo popular y de las escalas locales). Un nuevo poli-centrismo democratizador y socializador a través de redes político-culturales para un mejor-vivir.

Al mismo tiempo nos enfrentamos a temibles “minotauros”. No solo es impostergable contar con el hilo de Ariadna y con las habilidades de la real-politik para enfrentar los minotauros de las formaciones capitalistas propias del sistema-mundo colonial-moderno, sino tener presente que el “socialismo histórico” creó sus propios horrores, laberintos y monstruos: los minotauros que bajo el codificación estalinista del llamado “marxismo-leninismo” pretendieron crear una “visión unitaria” del proceso de “transición al socialismo”, del “comunismo” y otras fabulaciones. Hay que echar a la basura toda la

dogmática estalinista, y sobre todo, echar a la basura las actitudes estalinistas. Frente al despotismo burocrático hay que levantar un plural movimiento de emancipación socialista libertario.

6.- CONJURAR LA VOLUNTAD DE DOMINIO, LA BUROCRACIA Y EL VERTICALISMO EN LAS FUNCIONES DE MANDO:

El Nuevo Socialismo es una ruptura del Socialismo Burocrático, o con mayor precisión, del Estatismo oligárquico. Incluso, consideramos que hay que romper con el imaginario jacobino de la Revolución, en el cual una minoría selecta se constituye en destacamento de vanguardia para devenir en “nueva clase dominante”. La revolución socialista es una larga y zigzageante transición democratizadora que nace en las entrañas de las contradicciones y dislocaciones del capitalismo global, bajo la convicción de que cualquier otra opción nos hunde aún más en la barbarie. Ya Rosa Luxemburgo lo había planteado, no se trata de espontaneísmo, se trata de no sustituir al sujeto nacional-popular en la transformación de las relaciones de poder, explotación, coerción y hegemonía. Sustituir al pueblo, transformarlo en masa pasiva-dependiente o en clientela no es nuevo socialismo, es populismo autoritario. Cualquier desvío del ideario democratizador y de la construcción de un protagónico poder popular conduce a cualquier revolución socialista al fracaso.

Los minotauros de izquierda se encarnaron en vanguardias de aparato, burocracias, terrorismos de estado, servicios de espionaje, dispositivos de control, en despotismos diversos que han dejado desolado el entusiasmo utópico por el socialismo. Tanto las formaciones capitalistas como las formaciones del colectivismo oligárquico, mejor difundido como “socialismo realmente existente”, han legitimado a la voluntad de dominio como fin y único móvil de la política, y es cada vez mas obvio que las personas comunes y corrientes intuyen y sienten que el fin último de la política a escala planetaria sigue siendo la conquista, acumulación y conservación de recursos de poder para someter a otros… a pesar de sus resistencias. A este sometimiento barnizado se le ha denominado pomposamente como “gobernabilidad”. Y obviamente, “gobernabilidad” contra el pueblo. Se trata de que el sujeto nacional-popular se auto-gobierne, de allí que el socialismo sea radical-democrático.

Este sujeto nacional-popular es constitutivamente diverso, desborda los alineamientos clásicos de las clases, y no se limita a la famosa alianza obrero-campesina. Las estructuras sociales latinoamericanas son más multiformes y diferenciadas que las referidas en los manuales euro-céntricos, incluyendo la literatura generada en el campo soviético. La heterogeneidad estructural, social y cultural de las formaciones sociales en Nuestra América, requieren una nueva perspectiva para la construcción de una “voluntad colectiva” socialista, que sea nacional-popular y bajo el horizonte de la “patria grande”. Allí hay un campo neocultural para la construcción de un bloque de poder regional contra-hegemónico.

El socialismo radical-democrático ha sido históricamente la lucha contra la separación entre propietarios y no propietarios, entre controladores de la gestión y dependientes del control, entre administradores y administrados, entre gobernantes y gobernados, entre los auto-denominados “ilustrados” y los hetero-denominados “incultos”, separaciones que reproducen incesantemente formas de explotación, dominio y manipulación ideológica. Por esta razón, el socialismo ha incluido en toda su historia luchas por la socialización de la gestión económica atacando las fuentes de la desigualdad y la explotación, la lucha por la socialización del poder político y la democratización del Estado, y simultáneamente, la socialización del saber y la construcción de una nueva plataforma cultural liberadora.

Sólo desde una revolución político-cultural que profundice la soberanía cognitiva del movimiento nacional-popular es posible una re-apropiación y resignificación de los diferentes “medios de producción”: de bienes, de coerción, de consenso, de códigos, saberes y valores. Los medios de producción no son exclusivamente económicos, son políticos, institucionales, culturales.

7.- EL NUEVO SOCIALISMO ES LA RADICALIzACIÓN DE LA DEMOCRACIA, NO SU NEGACIÓN:

La hegemonía histórica del “marxismo autoritario” y todos los regímenes de aparato que se han denominado “socialistas” han presentado características regresivas desde el punto de vista de la tradición democrática, si se comparan históricamente con los regímenes de las sociedades liberal-burguesas reguladas por variaciones del “Estado democrático y social”, donde una mezcla de conquistas y cooptaciones ha dado lugar a los “derechos democráticos” y las luchas por figuras cada vez mas progresivas de “ciudadanía” (cívica, política, social, cultural).

Históricamente la tradición democrática es anterior al Imaginario Socialista. La articulación entre la construcción de una voluntad general, la igualdad y la justicia social generó a la izquierda. La descalificación de la herencia libertaria de Rousseau es típica de un dispositivo liberal que utiliza a Locke para justificar sus temores a perder el modelo de subjetivación del capitalismo: el individualismo posesivo de los propietarios. Lo que no dicen es que el individualismo posesivo es la base civilizatoria de la catástrofe social y ambiental del siglo XXI. Transformar este individualismo posesivo, egoísta, miedoso y competitivo en subjetividades fraternas, solidarias y constructoras de sentidos del bien común y de la revalorización de la esfera de lo público, implica re-personalizar la política desde un sentido comunitario. Diversas comunidades de personas libres, personas asociadas libremente, y no colectivismo ni individualismo. Allí está el reto del Nuevo Socialismo. De un nuevo socialismo radical-democrático. Frente a esta situación, voces como la de Rosa Luxemburgo en su análisis de la revolución rusa nos lleva al quid del

asunto:

Y cuanto mas democráticas sean las instituciones, cuanto más vivaz y enérgico sea el pulso de la vida política de las masas, tanto más directo y exacto será el influjo ejercido por estas, por encima de rígidas etiquetas de partido, de listas electorales envejecidas, etc. Cierto: toda institución democrática tiene limitaciones e insuficiencias, cosa que comparte, desde luego, con cualquier institución humana. Pero el remedio que han hallado Trotsky y Lenin, la eliminación de la democracia en general, es peor que la enfermedad que ha de curar: porque obstruye la fuente viva de la que podrían emanar, y sólo de ella, los correctivos de todas las insuficiencias inherentes a las instituciones sociales. La vida política activa, enérgica y sin trabas de las más amplias masas populares.”(RL)

Así mismo, la liquidación de las libertades democráticas es una obvia prolongación del imaginario jacobino:

“El presupuesto tácito de la teoría de la dictadura en el sentido leninista-trotskista es que la revolución socialista es una cosa para la que existe una receta acabada que esta en el bolsillo del partido revolucionario y que solo basta con emplear la energía para hacerla realidad” (RL).

Y en otro fragmento que para los pelos de punta ante la experiencia vivida en el siglo XX:

“(...) La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros del partido, por muy numerosos que puedan ser, no es libertad. La libertad es siempre únicamente la del que piensa de otra manera. No es ningún fanatismo de “justicia”, sino porque todo lo que de pedagógicamente, saludable y purificador tiene la libertad política depende de esta condición y pierde esta eficacia si la libertad ‘se convierte en un privilegio.”(RL)

Podríamos multiplicar exponencialmente las citas y los autores desterrados de la ortodoxia político-cultural. La genial escritura fragmentaria de Antonio Gramsci, los destellos consejistas de Karl Korsch, la tan ignorada obra del socialista alemán Arthur Rosenberg “Democracia y Socialismo. Historia política de los últimos ciento cincuenta años. 1789-1937”, y muchas voces más sepultadas en la memoria oficial de los aparatos. Se ha sepultado del imaginario socialista que la democracia revolucionaria es “socialismo y más democracia”, y no “estatismo y menos democracia”.

La democracia revolucionaria trata de manera muy esquemática de fusionar en un proceso histórico marcado por la “política de las mayorías”, el autogobierno de la colectividad con grados superiores de control y posesión colectiva de los principales medios de producción de bienestar y mejor vivir. Y es aquí, donde democracia revolucionaria y democracia social se articulan para promover un nuevo proyecto de economía mixta de estilo socialista como forma de transición para el logro de un mejor vivir; es decir, de la escala humana y ambiental de una real emancipación para todos, contra los minotauros de izquierda y de derecha.

Por otra parte, los minotauros de derecha, los legitimadores de las formaciones capitalistas hicieron todo lo posible para reducir las expectativas populares sobre el concepto de democracia, desde la codificación de Joseph Shumpeter hasta la Comisión Trilateral, interpretaciones que condenaron cualquier idea de profundización de la democracia como una amenaza para la estabilidad y la “gobernabilidad” del sistema político y económico; dando lugar a la democracia de baja intensidad y al compromiso entre elites, coartada a la medida de los intereses de la plutocracia global y su diseño imperial.

Lo que se ha venido obturado, como señalaba Rosemberg, desde hace más de 200 años es que “la democracia como cosa en sí, como una abstracción formal no existe en la vida histórica. La democracia es siempre un movimiento político determinado, apoyado por determinadas fuerzas políticas y clases que luchan por determinados fines”; por tanto, tras las formas retóricas del movimiento hay que analizar los intereses y fines políticos que determinados grupos, sectores y clases persiguen.

En el caso de los minotauros de las formaciones del llamado “socialismo real”, desde la década de los 20 del siglo XX, los aparatos postergaron por “razones de fuerza mayor” un debate sustantivo sobre la democracia, y desde ese momento el socialismo democrático fue relevado por la esterilidad de una socialdemocracia sin socialismo (reformismo) y un “socialismo” sin democracia (revolución). A partir de allí, y como afirma lúcidamente Edgar Morín, es obvio que “el socialismo dejo de ser un concepto unitario”.

No basta sin embargo, con racionalizar el fracaso del campo soviético a partir del cómodo expediente del chivo emisario. Stalin no fue el creador del Gulag. El Gulag habitaba ya en la desfiguración del horizonte ético y utópico que animó la “crítica de la economía política”, que se devaluó en una forma de pragmática política, en la desfiguración del “análisis concreto de la situación concreta” por el cálculo instrumental de fuerzas anónimas donde la condición humana fue solo cifra, variable, masa de maniobra, y perdida de la voz y del rostro. ¿Cómo “cambiar la vida” (Rimbaud) desde ese lugar?.

8.- EL NUEVO SOCIALISMO SE FECUNDA DE LA HETERODOXIA SOCIALISTA DE LOS SIGLOS XIX Y XX:

Hablar de socialismo(s) en el siglo XXI implica una mirada frontal con la amnesia colectiva de los trayectos, márgenes y horizontes socialistas que quedaron tapiados en el camino. Y sobre todo cuestionar las premisas euro-céntricas y colonialistas presentes en el ideario socialista. Desde nuestra perspectiva, solo reivindicando a los socialismos desde los márgenes, poniendo a circular una proliferación de diferencias, tensiones e incluso oposiciones, es donde se hace posible reavivar la llama del entusiasmo utópico, replanteando la construcción de la unidad en la diversidad a partir de metódicas democratizadoras.

La fecundidad de los Socialismos desde los márgenes contrasta con la

esterilidad del “régimen de verdad” de los aparatos. Estos socialismos en plural, con sus desarrollos desiguales y especificidades histórico-culturales, permiten nuevos locus de enunciación, y permiten hablar del “socialismo” como una verdadera constelación de sensibilidades,

ideas, creencias, valores e imaginarios de emancipación.

No se trata de simples oposiciones de valores, entre libertad e igualdad, por ejemplo; sino del modo de articulación de un complejo de valores en el cual están presentes de modo sinérgico el derecho a la vida, la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad. El socialismo, desde nuestra perspectiva será la lucha por ampliar los espacios de libertad (Foucault), confrontando abiertamente las condiciones de desigualdad, injusticia, explotación, vulnerabilidad y exclusión que reproducen una “libertad real para algunos pocos”. Por esta razón, la estrategia socialista depende de una “revolución democrática” y de una praxis contra-hegemónica de fuerzas nacional-populares, que junto a movimientos anti-institucionales, anti-patriarcales, anti-autoritarios, eco-políticos y de sensibilidades ecuménicas, planteen las bases de un nuevo espacio-tiempo de transformaciones radicales de todos los espacios de poder, moleculares y molares, como los Estados-Nación y las instancias de poder supranacionales.

Ciertamente, las definiciones de la democracia y del socialismo están condenadas inevitablemente al “conflicto de interpretaciones”, por una parte, y a una pluralidad de perspectivas, por la otra. Esta pluralidad ofrece fortalezas y no debilidades. Requerimos de una proliferación de sensibilidades a lo Benjamín, para rememorar y no perder nuestro vínculo con esas huellas, y renovar la lealtad con el a priori del dolor de la plural condición humana, fundamento precario de los saber(es) y los pensamiento(s) críticos, frágil fundamento que desmonta las certezas amalgamadas por los practicantes del racionalidad instrumental capitalista, y que no puede reducirse a una suerte de “humanismo sentimental”.

9.- HAY QUE LUCHAR CONTRA EL IMPERIO…Y CONTRA DINOSAURIOS Y MINOTAUROS:

¿En qué se ha transfigurado la vanguardia intelectual de los minotauros, sino en las voces del dominio y la exclusión? ¿Qué diferencia existe entre la verdad oficial del príncipe moderno encarnado en el “Estado-Partido único” y este príncipe posmoderno que usa la “opinión publica” para modelar los patrones de interpretación y sensibilidad social?. ¿Qué queda en pié de la Modernidad liberal-eurocéntrica? ¿La soberanía del consumidor y sus simulacros de libertad?. Nuestros minotauros pueden identificarse a la perfección, son las plutocracias capitalistas y las “nomenclaturas” políticas del colectivismo oligárquico, que han gestionado diseños globales sin huella alguna del poder de las historias locales y del protagonismo de los lugares-mundos de lo nacional-popular.

La lucha por la justicia social y por la preservación de la vida digna sobre el planeta implica un frontal antagonismo con el Imperio y sus razones imperiales. Pero también es una lucha contra los despotismos que se incuban en el propio campo contra-hegemónico. De allí, una doble lucha, una lucha contra el poder global concentrado, y por otra parte, una lucha contra las voluntades de dominio nacientes, contra la reproducción de la lógica del dominio que prefigura una “nueva clase dominante”. Así como el capitalismo ha sido definido por la reproducción ampliada de su metabolismo, que es la lógica de la acumulación por la acumulación misma en cuadro social de explotación; también la reproducción del metabolismo requiere de la reproducción de las condiciones que garantizan la continuidad de la lógica de la acumulación: es decir, la lógica del dominio social, político y cultural. Frente a la tendencia a reproducir la acumulación del poder y la concentración de las funciones de mando, se requieren contra-tendencias con capacidad regular la transformación de la potencia social en despotismo político. En definitiva, sólo a través de una democracia participativa, radical, pluralista y protagónica es posible contener las fuerzas de la codicia capitalista y la voluntad de dominación encarnada en fetiches nacional-estatales. Sólo allí, están las condiciones de posibilidad de los nuevos horizontes socialistas, desde nuevos sujetos nacional-populares. Sin esta democratización sustantiva, el Socialismo del Siglo XXI será de nuevo una reiteración de aquella sentencia: “Los sueños de la razón engendran monstruos”.