Javier Biardeau R.
http://saberescontrahegemonicos.blogspot.com/2008/02/desdogmatizacin-y-descolonizacin.htmlviernes, 8 de febrero de 2008
DESCOLONIZACIÓN, ENFOQUES CONTRA-HEGEMÓNICOS E IMAGINARIO CRÍTICO SOCIALISTA:
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miércoles, 6 de febrero de 2008
Sin ambigüedades en la crítica radical al dogma de la dictadura del proletariado
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sábado, 2 de febrero de 2008
SOCIALISMO RADICAL-DEMOCRÁTICO: MÁS ALLÁ DEL MITO DE LAS DOS IZQUIERDAS
Javier Biardeau R
jbiardeau@yahoo.com.mx
Sabemos como el mito de las dos izquierdas cumplió extraordinarios cometidos geopolíticos para desgarrar y dividir el campo nacional-popular en las historias. Pero el agotamiento de
El asunto vital de este trazado de fronteras es el buen comportamiento hacia el Amo y su Ley global. Lo demás, son pamplinadas. Del otro lado de la ecuación del mito de las dos izquierdas, tenemos la mentalidad y rituales del marxismo-leninismo. Su sobrevivencia puede comprenderse como ejemplar de la mentalización sectaria. Si algo ofrece el marxismo-leninismo son fórmulas verbales, certezas para no pensar y rituales para auto-engañarse, bajo la creencia generalizada de que por allí se construirá el nuevo socialismo. Todo esto, como lo hemos analizado extensamente, son simples inventos del estalinismo-burocrático y del imaginario jacobino tributario de la revolución bolchevique. El asunto crudo es que ni el reformismo que edulcora Washington, ni el despotismo-burocrático del estalinismo, constituyen alternativa post-capitalistas.
En este contexto, Giddens nos anuncia la liquidación del socialismo: hay que abandonarlo y sustituirlo por una izquierda liberal (¡su sinceridad conmueve!). Producto de los ecos ideológicos neo-coloniales, no será extraño escuchar voces que replican esta fraseología en nuestros territorios, disfrazando a los cuerpos-pasiones de derecha de aromas-mascaradas de izquierda. Esto no es nuevo, mucho menos en tiempos de simulacros mass-mediáticos y de tele-política. Pero el tránsito postcapitalista apunta hacia otros horizontes. Es desde el espacio de la multiplicidad de las revoluciones democráticas, descolonizadoras y socialistas donde se abren caminos de esperanza para las multitudes excluidas, negadas, discriminadas y manipuladas políticamente. Comienzan a articularse de manera orgánica las demandas de democracia radical y de transición post-capitalista. Atento a esta situación, Washington abre una ventana táctica manipulando el sintagma de la “democracia social”, posicionando el marketing político a su izquierda liberal. Pero el efecto performativo de este truco de baja monta es nulo, es simplemente ridículo. Su esquematismo es directamente proporcional a su puerilidad como recurso retórico para la propaganda política. De allí no saldrán sino farsas y simulaciones, disfraces ideológicos para épocas de carnaval político.
Desde otros lugares de enunciación, por ejemplo, el talante intelectual de Boaventura de Sousa Santos, se plantea el reto de imaginar al campo de las izquierdas anticapitalistas de cara al siglo XXI; repensarlas ante la caída de las metanarrativas de la modernidad-occidental. Obviamente, es mucho pedir que quienes se ocupen de los mundanos asuntos de revestir ideológicamente al decadente reformismo socialdemócrata venezolano (la adequidad) o a las falacias del estalinismo burocrático, se aproximen al fondo del problema: La izquierda moderna, la que el siglo XX delimitó como izquierda tiene su procedencia completamente articulada a la matriz euro-céntrica de la modernidad y a la razón imperial. Un socialismo libertario, radical-democrático, abierto a la descolonización, construye nuevos espacios de justicia, liberación y alteridad, más allá de los moldes de las revoluciones que colonizaron el imaginario de transformación en el siglo XX. Sin el tutelaje y la gubernamentalidad del “globalismo trilateral”. Construyendo democracias sustantivas, radicales, con justicia, liberación y alteridad, desde el pluralismo igualitario que acepta matices y diferencias, y no elude el antagonismo fundacional que inspira cualquier política socialista: la construcción de sociedades “más allá del capital”, de la modernidad occidental y de la razón imperial.
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sábado, 29 de diciembre de 2007
Sobre lo transitorio de la transición
La transición al socialismo venezolano está llena de sentimientos, subjetividades y manifestaciones ideológicas que no son posible condensar en una sola actitud y voluntad política, más bien, está sujeta a grandes dilemas, preguntas sin respuestas y grandes confusiones, pero la transición está amenazada.
No estamos apostando a aterrizar en algún lado, digo, a que esta sociedad, la nuestra, se mueva simplemente, ni tampoco a ir más allá del intento de contrarrestar lo que atenta contra los principios fundamentales de la democracia y el Estado de Derecho, a lo que apostamos es a un cambio de dirección para la reconstrucción de un nuevo modelo político que garantice, sobre todas las cosas, el derecho a una vida más digna, esto es sin duda revolucionario al igual que las implicaciones que esto conlleva desde todo punto de vista.
Parto del hecho mismo de que esta revolución no es una revolución como tal, no es una revolución compartida sentimentalmente por todos y, a veces, tampoco por quienes andamos con menos discursos y "rodilla en tierra"; no es una revolución arraigada por un compromiso político, por una conciencia política e ideológica, repito, compartida.
Además, toda la configuración de subjetividades que hasta ahora han aterrizado en el imaginario colectivo de nuestro país referente al socialismo confronta por sí misma grandes complicaciones desde la subjetividad del propio pueblo, al no poder diferenciar con claridad lo bueno o lo malo, al no poder apostar con conciencia a repensar nuevas formas de gestión del Estado.
Desde el propio imaginario colectivo del chavismo y de quienes viven todavía en estado de pobreza en "democracia" se han negado a sí mismos la necesidad de darle pie y cabeza a este atrevimiento político e ideológico, como es el socialismo. De allí, la falta de discusión de carácter teóricoepistemológico requerida para diluir tamaña cuestión en todos los sectores del país. Este inmenso error ha sido evidentemente aprovechado por los sectores oligárquicos y mediáticos, los cuales tienen las fichas muy claras en el tablero, siendo una de ellas la de confundir y estigmatizar cualquier cosa que suene a socialismo.
La actitud de muchos de los que lideran este proceso revolucionario no ha sido más que la de repetir las dádivas discursivas sobre socialismo, provenientes de movimientos de vanguardia en nombre de la revolución. Estas no son buenas señales para apuntalar hacia su transición más allá de las formalidades políticas y líneas estratégicas que se prevean. No es algo transitorio la existencia del imaginario colectivo sobre socialismo dentro del chavismo, del Gobierno, del pueblo y "no pueblo". Tampoco la cultura política en el capitalismo prevé dentro de su cartilla peculiar de "democracia" el cansancio de las conciencias para pensar en fabricar otras. Vistas así las cosas, el discurso sobre la transición hacia el socialismo, el que queramos y avalemos, no necesita simplemente de tiempo para penetrar como fenómeno ideológico, eso no cuenta en esta ocasión, lo que cuenta es que se requiere de una construcción desde la base, desde el pueblo, desde todas las esferas del Gobierno, de las instituciones y del partido de gobierno y de los intelectuales que nos acompañan, faltan millones de voluntades.
Estamos imbuidos en un proceso sin precedentes en la historia política venezolana y latinoamericana lleno de contrasentidos necesarios, pero ello no soporta la pasividad y descuido político para hacer frente a lo que conlleva plantearse una revolución con R mayúscula.
No se está planteando la revolución del proletariado, la del movimiento obrero ni de otras que sucedieron, no son esas. Se trata de una revolución de grandes connotaciones, las cuales poco hemos podido avizorar.
No es bueno dejar pasar la bola o ignorar hasta qué punto este descuido se ha manifestado con los recientes resultados que arrojó el referéndum revocatorio. Los contrasentidos son una cosa, pero aquellos que son fabricados innecesariamente por los propios líderes de este proceso no alcanzan a tener mucha tolerancia en una población a la que se le ha despertado tantas expectativas, entre ellas, la del socialismo venezolano.
*Investigador, Eberhard Karls Universität Tübingen
El Nacional, Miradas múltiples para el diálogo, 29/12/2007
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lunes, 30 de abril de 2007
Tesis sobre el Socialismo Revolucionario*
* Ponencia para el plenario “Socialismo: el proceso emancipatorio en el siglo XXI.” presentada en la III Conferencia Internacional "
En la actual coyuntura histórica que vive la revolución bolivariana, se viene profundizando su contenido programático en la perspectiva del Socialismo del Siglo XXI, tal como lo ha planteado el Comandante Hugo Chávez. En esa dirección, diversos colectivos revolucionarios venezolanos, desde el mes de Septiembre del 2005, hemos venido realizando un conjunto de jornadas de discusiones en torno a esta temática en diversas regiones del país, asumiendo la responsabilidad de sistematizar el proceso de elaboración que ha surgido de ese debate. Como producto de dicho esfuerzo hemos elaborado casi 50 enunciados en torno al socialismo, asumiendo el estilo de tesis. En ocasión de nuestra participación en esta III Conferencia Internacional sobre
TESIS N 1
Caracterización del régimen de producción capitalista y el Socialismo Revolucionario
Nuestro punto de partida es el reconocimiento del régimen de producción capitalista, como un sistema que se sostiene sobre
- Distancia entre las actividades manuales e intelectuales, contradicción entre la teoría y la práctica como producto de la división social del trabajo.
- Diferencia entre la esfera estatal (derecho o formalismo jurídico) y la vida cotidiana. Separación entre dirigente y dirigido.
- Escisión entre la sociedad política y la sociedad civil.
- Contradicción entre la democracia política y la democracia económica.
Cualquier proyecto liberador anti-capitalista necesariamente tiene que destruir la sustentación o base del capitalismo desde una perspectiva global:
- Emancipar el trabajo de las relaciones de sumisión: producción de plusvalía, máxima ganancia, mercantilización, división del trabajo.
- Superación de la enajenación política a través del ejercicio de la democracia directa y desarrollo de nuevas formas de participación, lo cual implica eliminar la división social del trabajo.
- Reabsorber la sociedad política en la sociedad civil, construyendo un nuevo nexo entre el Estado y el ciudadano por la vía de la democracia directa.
- Construcción de una nueva hegemonía que permita superar la alienación consumista, el monopolio del saber, la estética de la mercancía.
• Eliminar las clases sociales y sus conflictos.
• Suprimir todas las relaciones de producción en que estas descansan.
• Liquidar todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción.
• Subvertir todas las ideas que brotan de esas relaciones sociales.
En este régimen político-social, como transición, está signado por los rasgos de la autogestión de los asuntos públicos:
- Posesión por parte de los trabajadores de la propiedad de los medios de producción, limitando progresivamente la mediación del Estado.
- Los productores directamente se apropian del producto de su trabajo.
- Desarrollo de la democracia directa y de los mecanismos de la planificación participativa, con una lectura anti-burocrática.
- Responde a una etapa donde predominan relaciones de producción no capitalistas.
- Batalla de ideas y cambios actitudinales en el conjunto de la población.
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