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martes, 26 de agosto de 2008

LA DEMOCRACIA SOCIALISTA EN EL SIGLO XXI

Claudio Katz

¿Cuál debería ser el régimen político de una sociedad post-capitalista? Este interrogante cobra actualidad, a medida que el socialismo del siglo XXI comienza a debatirse en el movimiento popular. Una opción a considerar es la democracia socialista como un proyecto superador, tanto del constitucionalismo y del localismo ensayados en la región, como del totalitarismo burocrático implementado en el ex “campo socialista”.

PROYECTOS Y OBJETIVOS
El socialismo apunta a construir una sociedad igualitaria a partir de la erradicación del capitalismo y la expansión de la propiedad colectiva de los medios de producción. Este proceso exige desenvolver la autodeterminación popular, bajo una modalidad que debería contener las características de una democracia socialista. Este sistema político sustituirá el régimen actualmente dominado por los banqueros, los industriales y los burócratas por un gobierno soberano del pueblo, que pondrá en práctica una democracia real2. Al sustraer los derechos esenciales (educación, salud, alimentación, ingreso básico) de las reglas de mercado, una transformación socialista permitirá mejorar el nivel de vida y reducir drásticamente la desigualdad. La paulatina socialización del proceso productivo aportará a la población los recursos, el tiempo y las calificaciones necesarias para participar, deliberar y decidir los destinos de la sociedad. Estos cambios favorecerán la expansión de la democracia a todas las áreas de la vida social. Formas de gestión mayoritarias serían introducidas en la economía (fábricas, bancos, servicios), el estado (administración, ejército, justicia) y la actividad pública (educación, salud, medios de comunicación). La mera rotación de funcionarios al servicio de las clases dominantes quedará sustituida por una efectiva presencia de los exponentes de la opinión popular. De esta forma cesaría la separación entre esferas políticas -formalmente sometidas al voto ciudadano- y áreas económicas exceptuadas de ese principio. Desaparecería la fractura que ha permitido a los capitalistas dominar, sin transparentar la supremacía que ejercen en la sociedad actual. La democracia socialista generalizará todas las iniciativas que favorecen la intervención masiva. La deliberación popular, las audiencias públicas y las consultas periódicas ya no serán episodios pasajeros. Conformarán la norma usual de un sistema regido por la auto-administración y sostenido en mecanismos de participación, representación y control colectivo. Las principales decisiones quedarán sometidas al dictamen del voto, que expresará el poder real de los sufragantes. Los comicios actualmente consensuados por las clases opresoras se transformarán en desenlaces reales de la voluntad colectiva…continua en http://www.rebelion.org/docs/51998.pdf

sábado, 12 de mayo de 2007

Balance y perspectivas de la co-gestión: ¿Cuál es el modelo productivo que corresponde al socialismo que queremos construir?



BALANCE Y PERSPECTIVA DE LA CO-GESTION EN CVG ALCASA

Carlos Lanz R. *

En estas líneas voy a reseñar una especie de evaluación de la experiencia alcanzada en dos años de cogestión, delimitada en tres etapas con énfasis en los tópicos de carácter socio-políticos:

a.- Primera etapa, que tuvo que ver con la construcción de la viabilidad política, centrada en la renovación gerencial y la justicia social.

b.-Segundo etapa, enmarcada en el enfoque de cogestión con cambios en las relaciones de producción y en una nueva prospectiva estratégica

c.- Tercera etapa, vinculada al actual debate sobre los consejos de fábrica, las empresas socialistas y el modelo productivo rumbo al socialismo.

Todo este proceso puede ser reconstruido documentalmente, considerando múltiples fuentes de información:

1.- La numerosas asambleas y discusiones en el seno de la comunidad alcasiana, reseñadas en 254 HOJAS DE COGESTION, las cuales están editada en dos tomos.

2.- Las certificaciones de Junta Directiva.

3.- Las innumerables notas y comentarios de la prensa regional.

4.- Los volantes y pronunciamientos de actores oponentes del proceso cogestionario..

5.- Varias compilaciones o ensayos sobre tópicos como la reducción de la jornada de trabajo, la división social del trabajo, la formación permanente, el debate sobre el socialismo, los consejos de fábrica, etc..

De suyo se comprende que este proceso ha tenido un desarrollo contradictorio y diverso, siendo una construcción colectiva tensionada por conflictos larvados, por intereses encontrados. Pero como todo proceso revolucionario que apunta al cambio, tiene que vencer resistencias y derrotar adversidades de diversas naturalezas.

Como un aporte para la evaluación del proceso cogestionario impulsado en la empresa , vamos a reseñar las diferentes etapas antes nombradas.

Reflexiones de cierre del documento (acceso al documento completo)

Finalmente, en esta tercera etapa del proceso co-gestionario, también se ha abierto la reflexión sobre el modelo productivo que corresponde al socialismo que queremos construir. En este marco es ineludible examinar las premisas o puntos de partidas de dicho proceso, ya que allí se encierra una toma de posiciones teóricas e ideológicas que deben ser evidenciadas, explicitadas si queremos profundizar el proceso y realizar cambios radicales.

En esa dirección, hemos estado problematizando la discusión al estilo ¿Puede construirse el Socialismo perpetuando la explotación del trabajo?, y hemos propuesto rescatar la lectura del proceso inmediato de producción (ámbito donde la valorización del capital tiene su raíz) para superar la óptica que reduce el análisis a la esfera de la circulación y la distribución de bienes y servicios. Como una contribución a este debate, hemos editado una compilación bajo el título “¿PUEDE CONSTRUIRSE EL SOCIALISMO PERPETUANDO LA ENAJENACIÓN DEL TRABAJO?(Aportes para el debate sobre el proceso de trabajo que debe imperar en el nuevo modelo de desarrollo)” Como un adelanto al contenido de dicho material, brevemente vamos a focalizar lo que es el centro de nuestra reflexión.

Mantenerse en la circulación sin profundizar en el estudio de la producción real, tiene múltiples implicaciones, pero vamos a destacar algunas donde se observa el nexo entre epistemología y política:

La esfera de la circulación y la distribución, forma parte del proceso económico, pero ya desde Marx quedó claro que este es el límite de la economía política burguesa, y sólo realizando su crítica se rompió el velo apariencial que encubre el régimen de producción capitalista. Esta fue una de la ruptura epistemológica que realizó el marxismo en relación a la economía clásica (Adam Smith y David Ricardo), a descubrir el doble carácter del trabajo: trabajo necesario y trabajo excedente (denominado también como plus-trabajo, trabajo no pagado, plusvalía), siendo este último la fuente de la acumulación capitalista. Si Marx se hubiese mantenido atrapado en la apariencia de la relación mercantil o de intercambio salarial, por ejemplo, no habría descubierto el origen de la ganancia y hubiese reiterado el error de la economía política de sostener que el salario paga el trabajo en cualquier jornada laboral.

Toda la fuerza de la crítica de la economía política posee este punto de partida, el cual desmantela la justificación ético-política del régimen de producción capitalista, ya que el lucro, la ganancia, no surge del esfuerzo, el ahorro, el riesgo o ingenio empresarial como sostienen los lugares comunes divulgado por los agentes ideológicos del capital, sino de la apropiación del trabajo excedente (lo que también se conoce como teoría del valor-trabajo o teoría de la explotación del trabajo). Todo el móvil de la producción capitalista está centrado en la producción y apropiación del trabajo excedente. Históricamente hemos conocido el alcance y límite de la sed insaciable del capital para obtener el plus-trabajo, donde se han dado coyunturas donde lo han alcanzado extendiendo la jornada laboral, en otros casos, incrementando el ritmo y la cadencia de la producción, abaratando los costos de reproducción de la fuerza de trabajo, desvalorizando el trabajo. En el marco del capitalismo, la “productividad del trabajo“ está asociada a tal dinámica y la aplicación de la ciencia y la tecnología se ha articulado a dicho propósito.

Las pregunta obligantes siguen siendo ¿Puede construirse el Socialismo suscribiendo este
enfoque de la productividad del trabajo? ¿Es coherente política e ideológicamente plantearse distribuir el excedente sin discutir como se produce?, ¿Evadir esta precisión no conduce a perpetuar las relaciones de producción capitalista, confundiendo capitalismo de Estado con Socialismo, como lo hicieron los soviéticos? En CVG Alcasa, en el proceso co-gestionario hemos problematizando el régimen de producción y de allí la consigna “Co-gestión con cambio en las relaciones de producción” y en esta tercera etapa del proceso, hemos colocado en la agenda una nueva manera de comprender la “cultura del ahorro y la productividad”, implicando otra lógica productiva dirigida a humanizar el trabajo, alcanzar metas de desarrollo humano integral, alejado del móvil de la máxima ganancia y su acumulación.

Esta postura política-ideológica, define en nuestro criterio, el núcleo central de lo que debe ser una empresa socialista y nos obliga a evaluar de otra manera el proceso inmediato de producción en nuestra planta, particularmente, humanizar el puesto de trabajo que hoy continúa bajo la impronta taylorista:

  • · Las prácticas operativas y las normas de rendimiento.
  • · La adscripción de cargo y el tabulador.
  • · Horarios, turnos y condiciones de higiene y seguridad.
  • · Cualificación profesional y la nueva manera de entender la carrera en la formación permanente.

Este es el reto esencial del proceso co-gestionario en la actual etapa de transición rumbo al socialismo.


* Presidente de CVG/ALCASA
8 de Mayo 2007

lunes, 23 de abril de 2007

Socialismo y enajenación del trabajo

Carlos Lanz R.*

¿PUEDE CONSTRUIRSE EL SOCIALISMO PERPETUANDO LA ENAJENACION DEL TRABAJO?

(Aportes para el debate sobre el proceso de trabajo que debe imperar en el nuevo modelo de desarrollo)


Introducción

Cuando uno se pregunta ¿Cuál es el origen de la riqueza en el régimen de producción capitalista? Encontraremos diversas respuestas que corresponden a variados paradigmas e intereses en juego.

En tal sentido, podemos ejemplificar estas respuestas en el siguiente orden:

  • Los apologista y agentes ideológicos del capital, legitimando la apropiación privada del trabajo social, le dan a la ganancia este origen:

1.- Se trata del esfuerzo de los emprendedores, los cuales ahorrando y trabajando duro logran acumular riqueza.

2.- También se argumenta que la ganancia es un premio a la habilidad comercial, al cálculo y la astucia gerencial del capitalista.

  • Por otro lado, para la tecnocracia la ganancia surge de una combinación técnica de factores productivos, utilizados eficaz y eficientemente: maquinaria, equipos y recursos humanos.
  • Y finalmente, está la perspectiva de la crítica de la economía política marxista, donde se señala que el origen de la ganancia tiene su origen en la plusvalía o trabajo no pagado, es decir, la acumulación del capital se fundamenta en la explotación del trabajo.

Colocar la génesis de la ganancia en la explotación del trabajo, requiere romper con el sentido común, lo que en el terreno epistemológico hace obligante trascender la apariencia y no dejarse atrapar con el cuento de que se trata de una especie de remuneración al riesgo y al esfuerzo creador del capitalista, tal como se sugiere en el primer enfoque reseñado.

Las implicaciones de esta ruptura cognitiva, en otros trabajos (Proceso inmediato de producción y autonomía obrera ) lo hemos caracterizado de la siguiente manera:

“Para Marx todo del proceso que examinamos anteriormente está cruzado por un velo apariencial, siendo en tal sentido una realidad que no es evidente a simple vista, no es transparente a la percepción sensorial. Así encontramos el enmascaramiento de un conjunto de relaciones: entre la extorsión del trabajo y el salario, entre la plusvalía y la ganancia, entre la ganancia y el interés. Tales encubrimientos nublan el tejido social e histórico de las relaciones de producción capitalista.

Este proceso de "mistificación" del capital tiene que ver con la supeditación del análisis a la esfera de la circulación, de la distribución y el intercambio. En esta superficie de la realidad económica no se puede encontrar más que "apariencias", conduciendo a los capitalistas y sus agentes ideológicos al más burdo empirismo:

"(*)esta confusión de los teóricos revela mejor que nada como el capitalista práctico prisionero de la lucha de la competencia e imposibilitado para ahondar en modo alguno debajo de la superficie de sus fenómenos, tiene que sentirse incapaz para captar a través de las apariencias la verdadera esencia interior y la estructura interna de este proceso".

Ahora bien, en este caso no tan sólo se trata de un obstáculo que confrontan los burgueses en el proceso de conocimiento, sino que tal error, omisión o escamoteo epistemológico, es funcional al interés de justificar la dominación, de legitimar el lucro y la ganancia fundada en la explotación del trabajo. De tal forma que el hecho de que no se trascienda la apariencia, el nivel del dato empírico, la sacralización de la apariencia inmediata, no es un problema de "neutralidad axiológica", de objetividad científica. Los intereses de clase ocultan todo nexo o articulación del proceso de producción, y en tal sentido existe un esfuerzo por:

- "que a nivel de la fábrica, el proceso de trabajo sea concebido como un proceso "natural" o como un hecho tecnológico, sin considerar su articulación con el "proceso de valorización".

- que el salario siga mistificando la relación entre el trabajo necesario y el trabajo excedente.

- que la mercancía haga aparecer invertida la relación social, desapareciendo la distinción entre trabajo abstracto y trabajo concreto.

- que el dinero y el interés aparezcan automatizados, como dinero que crea dinero, y no como metamorfosis del trabajo cristalizado, riqueza abstracta que es generada por el trabajo".

Tal esfuerzo de encubrimiento y de apología por parte de los agentes Ideológicos burgueses es lo que justifica que nos veamos inexcusablemente comprometidos a investigar y debatir con seriedad, develando tales relaciones aparienciales, pues de lo contrario estaríamos bajo la supeditación de tales mistificaciones y por ende ayudando en la preservación del dominio del capital, facilitándole su legitimación ético-política.”

Esta precisión teórico-ideológica nos ha conducido a realizar un sistemático esfuerzo de problematización de los diversos enfoques sobre el cambio en el modelo productivo que hoy está en proceso de elaboración en el seno del gobierno bolivariano.

Específicamente hemos colocado el acento en debatir el nexo que tiene el proceso de trabajo con el proceso de valorización, puntualmente el aspecto interno de la relación salarial, relativo a la cuota de explotación o trabajo excedente, igualmente la subsunción real del trabajo como enajenación.

En esta compilación vamos a insistir en desvelar el velo apariencial que encubre la dominación capitalista y al mismo tiempo realizar la crítica de la tecnocracia que asume la fuerza de trabajo como “recurso humano” que se incorpora como un factor más de los costos de producción. Por eso a la hora de la “reducción de costo” existe un justificativo para penalizar a los trabajadores.

En esa dirección, hemos reivindicado el trabajo no como un factor indistinto de producción, sino ubicando a la fuerza de trabajo o trabajo vivo como la fuente real de la creación de nuevo valor y de igual manera planteando su liberación, lo que hace inexcusable superar el proceso enajenante que se da en el proceso inmediato de producción capitalista, por la contradicción en el proceso de trabajo y su extorsión:

1.- El proceso de trabajo es la base de la valorización, caracterizado por Marx como subsunción real del trabajo por el capital.

2.- En este proceso de valorización, las maquinarias y equipos ( capital constante ) no crean nuevo valor, sino que transfieren el valor cristalizado, denominado también “trabajo muerto”, trabajo acumulado, trabajo pretérito, trabajo objetivado.

3.- Lo que crea valor es sólo el “trabajo vivo” o fuerza de trabajo, ya que la máquina agrega el trabajo que ya posee.

4.- El proceso de trabajo en función de la valorización es un trabajo enajenado o alienado, donde el trabajador se enfrenta a la máquina, los productos y sus propios compañeros como algo “extraño

El doble vinculo entre subsunción real del trabajo en el capital y la enajenación, fue reseñado por Marx en diversas obras ( desde los Manuscritos Económico-filosóficos de 1844 hasta El Capital ) razón por la cual hemos compilado fragmentos de diversos textos donde se refleja esta problemática. Del mismo modo, reseñamos algunos autores que analizan los puntos de partida marxista sobre la subsunción real y la enajenación del trabajo.

Al enfatizar el tópico de la sumisión del trabajo a la búsqueda de la ganancia., queremos poner en evidencia el entramado de relaciones en el proceso de trabajo, sobre todo el de factura taylorista que predomina en nuestra industrias básicas.

Estos énfasis están justificados, porque cualquier intento de humanizar el trabajo y superar el proceso de valorización capitalista centrada en la extorsión del trabajo va a chocar inevitablemente con la llamada “ organización científica del trabajo” heredada del taylorismo, el fordismo y el neo-fordismo, por lo que hay que establecer las premisas de lo que va a ser el proceso de “reingeniería” que impulsa la propuesta socialista para no reproducir la lógica enajenante que hemos heredado en el proceso de trabajo. He aquí algunas de dichas premisas:

  • El trabajador al supeditarse a los equipos y maquinarias, asume un conjunto de tareas parceladas y empobrecedoras, las cuales debe repetir indefinidamente, como parte de sus funciones y adscripción de cargo, regida por prácticas operativas, legitimadas en normativas y en la propia contratación colectiva y en el tabulador.

  • La subsunción del trabajo en el capital, está respaldada por una determinada manera de entender y aplicar la ciencia y la tecnología, donde los paradigmas dominantes en el terreno del conocimiento o los saberes técnicos excluyen como no científico las habilidades y pericias del trabajador.

  • De esta manera se puede hablar de una subsunción del saber, ya que la experiencia del obrero y su “saber hacer” se hace rutinario y poco creativo, profundizando la diferencia entre la actividad manual e intelectual.

  • En el taylorismo, al disociar el saber de los trabajadores, aparece como obligado que este sea asumido por la gerencia, separando la dirección de la ejecución.

  • Este es un rasgo fundante de la enajenación del trabajo en las empresas básicas, porque el obrero ejecuta un trabajo parcelario y embrutecedor, con una enorme carga física y psíquica, en ambientes de alto riesgo y severidad, mientras una parte de la gerencia y de la administración monopoliza la tareas de dirección en un ambiente diferenciado.

  • El espacio donde se formula y se administra el proceso de trabajo es algo ajeno y distante del obrero, justificado por supuesto en normas técnicas que nadie discute.

  • Por ello, en la lucha contra la enajenación del trabajo es necesario no sólo cambiar de enfoques y paradigmas técnicos, sino igualmente asumir la reestructuración organizativa de nuestras empresas, dándole otro sentido a las diversas ingenierías, a la planificación y la administración, tal como lo hemos venido planteando en el proceso cogestionario de CVG-ALCASA.

Esa última perspectiva nos ha animado a recopilar los materiales que a continuación presentamos, como una nueva contribución al proceso investigativo y de discusión que estamos promoviendo en la CVG y el MIBAM.


domingo, 22 de abril de 2007

La democracia socialista es una democracia contra - hegemónica

Javier Biardeau R.*

Es necesario volver a insistir, con la distancia histórica, sobre las cuestiones democráticas en la revolución socialista, no para rehacer la historia, sino para formular teóricamente los problemas a los que se han enfrentado los pioneros del socialismo y para asimilar sus lecciones. Sin la conjunción entre socialismo y democracia, cualquier revolución conduce al despotismo. Pero, ¿Cuál democracia? ¿Acaso el canon democrático del modelo elitista-liberal? ¿Acaso una democracia que ponga en cuestión permanente la separación histórica entre gobernantes y gobernados?

Una sociedad no está unificada como un todo, incluso tras el derrocamiento, la descomposición o el derrumbe del antiguo orden; por tanto, no se puede pretender socializar el estado por decretos sin correr el riesgo de estatizar la sociedad. La viabilidad del Socialismo se construye simultáneamente con la construcción del poder popular. Otra vía conduce al colectivismo oligárquico. Y este riesgo se denomina Estadolatria, idolatrar el Estado, a sus órganos y representantes. Una teoría crítica radical es una crítica radical a cualquier forma de fetichismo institucional, por tanto, no basta con nacionalizar ni con decretar, se trata de edificar un poder popular contra-hegemónico de las multitudes en movimiento.

Porque la sociedad no está unificada como un todo, los sindicatos y los movimientos sociales deben permanecer independientes en relación al estado y a los partidos, los partidos independientes en relación al estado. Autonomía organizativa a pesar de las sintonías con los principios estratégicos que orientan un Gobierno Revolucionario. Las contradicciones entre los intereses existentes en la sociedad deben poder ser expresados por una prensa independiente, sin censuras ni restricciones de opinión, y por una pluralidad de formas de delegación y representación. No hay socialismo sin conflicto de intereses, y por tanto sin una metódica democrática de gestión política de los conflictos.

Es también por ello que la autonomía de la forma y de la norma jurídica debe garantizar que el derecho no se reduce a arbitrariedad perennizada de la fuerza, de la razón de Estado. La defensa del pluralismo político socialista no es por tanto una cuestión de circunstancias, sino una condición esencial de la democracia socialista. Es la conclusión que Trotsky y Rosa Luxemburgo, cada cual a su manera, de la experiencia en La Revolución Rusa: “En realidad las clases son heterogéneas, desgarradas por antagonismos internos, y no llegan a fines comunes más que por la lucha de las tendencias, de los agrupamientos y de los partidos”, dice Trotsky en la Revolución traicionada.

Esto quiere decir que la voluntad colectiva no puede expresarse más que a través de un proceso electoral libre, cualesquiera que sean sus formas institucionales, combinando democracia participativa y democracia representativa, como lo ha resaltado el último Poulantzas antes de su trágica partida. Sin constituir una garantía absoluta contra la burocratización y los peligros profesionales del poder, del poder de la tecno-burocracia, pública o privada, pueden sin embargo desprenderse algunas respuestas y orientaciones de la experiencia:

a) La distinción de las clases, de los partidos y del estado, debe traducirse en el reconocimiento del pluralismo político, sindical y social, como única forma de permitir la confrontación de programas y de opciones alternativas sobre todas las grandes cuestiones de sociedad, y no el simple intercambio de puntos de vista provenientes de las instancias locales del poder.

b) Una forma de democracia que combine consejos de producción y consejos territoriales, con una expresión directa y un derecho de control, no solo de los partidos, sino de los sindicatos, asociaciones, movimientos sociales, de mujeres, consumidores, indígenas, etc.

c) La responsabilidad y la revocabilidad de los electos por quienes les han elegido, y no un mandato imperativo que bloquearía toda función deliberativa de las asambleas elegidas.

d) La limitación de la acumulación y de la renovación de los mandatos electivos y la limitación del salario del electo a nivel del obrero/a cualificado/a o del empleado/a de los servicios públicos, a fin de restringir la personalización y la profesionalización del poder.

e) La descentralización del poder y la redistribución e las competencias a nivel local, regional, o nacional más cercano a los ciudadanos, con el derecho de veto suspensivo de las instancias inferiores sobre las decisiones que les afecten directamente y posible recurso a referendums de iniciativa popular.

f) Una democracia de los productores libremente asociados es perfectamente compatible con el ejercicio del sufragio universal. Consejos comunales o asambleas populares territoriales pueden estar formados de representantes de las unidades de trabajo y de habitación y someter toda decisión importante al voto de las poblaciones concernidas. Experiencias recientes, como la de Polonia en 1980-1981, la de Nicaragua en 1984, han puesto al orden del día la posibilidad de un sistema de dos cámaras, una elegida directamente mediante el sufragio universal, la otra representando directamente a los sectores sociales: obreros, los campesinos, indígenas, estudiantes, intelectuales, profesionales, científicos y técnicos, pequeños y medianos empresarios nacionales, y más ampliamente las diferentes formas asociativas del poder popular.

Esta respuesta satisface teóricamente a la vez la exigencia de elecciones generales y la preocupación por la democracia del poder popular lo más directa posible. Permite no confundir por decreto la realidad de la sociedad y la esfera del estado, llamada a ir debilitándose a medida que se desarrolla, se extiende y se generaliza la autogestión. Se trata de la disolución del Estado en el poder popular, a través de la democratización extensiva e intensiva, reconociendo las limitaciones de las circunstancias históricas y de las amenazas que requieren de un nuevo esfuerzo de defensa integral de la soberanía nacional.

Estas grandes orientaciones resumen las lecciones de una historia dolorosa. No constituyen ni un arma absoluta contra los peligros profesionales del poder, ni una receta para cada situación concreta. Toda la experiencia histórica en cambio confirma la advertencia lanzada por Rosa Luxemburg en 1918: “Sin elecciones generales, sin una libertad de la prensa y de reunión ilimitada, sin una lucha de opinión libre, la vida se apaga en todas las instituciones públicas, vegeta, y la burocracia sigue siendo el único elemento activo” (La Revolución Rusa).

La democracia más amplia en el socialismo es inseparablemente una cuestión de libertad personal y de liberación social, además de una condición de eficacia económica de las empresas autogestionarias de producción social: solo ella puede permitir una superioridad de la planificación autogestionaria, democrática, estratégica, sobre los automatismos del mercado y los decretos de la planificación centralista del Estado. De allí que la democracia socialista sea una democracia contra-hegemónica.

Fuente: http://www.aporrea.org/ideologia/a33635.html

lunes, 2 de abril de 2007

Partido Único y Burocracia: la necesidad de una Nueva Cultura Política

Carlos Lanz R.

Publicado en http://www.aporrea.org/ideologia/a29044.html el 5/01/07

Las reflexiones y toma de posición en torno al “partido único” están al orden del día en el seno de los revolucionarios venezolanos. De los primeros puntos de vista que hemos conocido públicamente se desprenden diversas posturas:

1.- Se ha puesto en el tapete como los intereses sectarios y grupales se “agiornan” y se proclaman suscritores del partido único teniendo en la mira su perpetuación como élite burocrática, para lo cual acudirán a censar pelotones y batallones, reclamando puestos y prebendas sobre la base del cuociente electoral.

2.- Grupos o individualidades han visto como plataforma de sobrevivencia el liderazgo del comandante Chávez, llegando algunos a la fórmula de la disolución sin debate.

3.- Vanguardias autoproclamadas sienten que se les movió el piso y ven en la unidad un peligro para sus intereses particulares.

4.- Los cazadores de fortuna y los enfermos de “carguitis”, se lanzan tras el slogan de moda para evitar salir del gobierno, queriendo ser los primeros en autopostularse como miembros del futuro partido único.

5.- Los stalinistas de siempre creen que les llegó la hora de poner orden y disciplina en el aparato partidista a través del “centralismo democrático”.

6.-Voceros de las bases populares han encontrado en la propuesta unitaria una línea organizativa para darle mayor coherencia a la gestión pública, superando la dedocracia.

7.- Sectores vinculados a los nuevos movimientos sociales, están demandando la constitución de red de redes y no la organización única

8.- Diversas agrupaciones están exigiendo debates, como paso previo a la integración.

9.- Algunos sectores críticos han visto como un retroceso programático el planteamiento de partido único.

10.- Varios intelectuales exigen evaluar la experiencia histórica y debatir primero la problemática del Socialismo del Siglo XXI.

En estas 10 posturas se encuentran reflejadas diversas maneras de entender el asunto de la organización, pero no sólo se trata de un problema cognitivo sino que involucra también intereses, por supuesto incluidas las cuotas burocráticas y las corruptelas. De allí la importancia de impulsar la batalla de ideas, profundizando algunas aspectos que en la vieja cultura política están escamoteados o silenciados, como es el caso de la burocracia y su conexión con la cuestión organizativa, donde se incluye el partido.

Compartimos la visión que la discusión sobre el partido no se puede separar del debate sobre ¿Cual socialismo?

Igualmente el análisis de la organización y sus múltiples implicaciones sería chucuto si no se contextualiza el papel que juega la burocracia en la actual cultura organizativa que predomina entre nosotros

El fenómeno burocrático ha suscitado innumerables investigaciones, debates, divisiones, purgas y fracasos en el movimiento revolucionario mundial y en el nuestro en particular.

En múltiples ocasiones este se convierte en el principal obstáculo en el proceso transformador. Por ello, evaluar el impacto alienante de la burocracia y su superación, se convierte en un reclamo esencial del actual proceso que estamos impulsando en Venezuela.

En esa dirección, voy referirme al proceso investigativo y a las experiencias militante donde hemos conocido tanto las consecuencias de este fenómeno como la iniciativas y propuestas formuladas para combatirlo.

Sobre la burocracia hay diversas interpretaciones, las cuales van desde quienes la justifican dándole carta de naturalidad, los que la ven como un mal necesario y quienes la asociamos a un determinado marco histórico-social, específicamente al régimen de producción capitalista.

Ya Carlos Marx en uno de sus primeros escritos (Crítica a la Filosofía del Derecho) señalaba que la burocracia consiste en tratar el “ser real como un ser ideal”, sustituyendo lo empírico por su representación, donde la realidad se sustantiva y autonomiza en lo formal. Esta inversión de la relación sujeto-predicado no se reduce solamente a unas premisas lógicas, sino que posee una trama material en las relaciones de producción capitalista, particularmente la División Social del Trabajo. Hacemos énfasis en esta relación de producción, porque teóricamente e históricamente ha sido subestimada como factor enajenante y contrarrevolucionario. Este olvido tiene mucho que ver con los estragos ideológicos del marxismo soviético y más puntualmente del stalinismo. José Stalin canonizó un error que cometió Lenin con la Nueva Política Económica (NEP) en los comienzos de la revolución rusa. Sobre la base de que el proletariado no tenía científicos, técnicos ni intelectuales en términos generales, Lenin suscribió la tesis de la alianza con la tecnocracia del momento, aceptando el monopolio y la jerarquía del saber heredada de la división del trabajo. La Academia de Ciencia de la URSS sistematizó esta política convirtiéndola en una Ley de la construcción del socialismo, donde de alguna manera se justifica la perpetuación de esta relación de producción capitalista y se hace una apología de la burocracia, ahora en nombre del Secretario General, del Buró Político o del Comité Central del PCUS. Es comprensible el porqué para la burocracia le es funcional no meterse con esta relación de dominación, ya que sería su propia negación. Es por eso que la pelea contra la burocracia sin poner en discusión la División Social del Trabajo capitalista que es su sustentación teórica y práctica, sería un contrasentido. Por ello estamos obligados en la actual coyuntura a precisar las implicaciones del referido escamoteo del stalinismo.

La división entre el trabajo manual y el intelectual, como rasgo constitutivo de la división del trabajo en el capitalismo, posee diversas derivaciones:

  • Contradicción entre la teoría y la práctica, separación entre el saber y el hacer.
  • Dualismo sujeto-objeto, conflicto entre la subjetividad y la objetividad.
  • Fragmentación y atomización teórico-práctica, parcelación y simplificación de la tarea como lo hace el taylorismo.
  • Jerarquías y especializaciones, que consagran a la expertocracia y niegan el dialogo de saberes.

Estas derivaciones de la División Social del Trabajo la encontramos en el conjunto de las relaciones sociales en nuestra sociedad y sus consecuencias enajenadoras (divisiones, extrañamientos, separaciones, divorcios, contradicciones) cotidianamente están vivitas y coleando en diversas instituciones: Estado, Fábrica, Escuela, Parlamento, Sindicato, Partido.

Esta raíz histórico-social de la burocracia de rutina se ignora en los análisis y propuestas anti-burocráticas, acudiendo a las simplificaciones: es un problema de cargos y organigramas, en otros casos se limita al tópico de la honestidad y compromiso de hombres y mujeres. Sin desconocer la incidencia de estos factores, hasta nuevo aviso esta focalización es inadecuada porque no asume la crítica y el desmontaje de las relaciones de producción capitalista, específicamente como hemos señalado la división del trabajo que es un relación suprapersonal, queriendo decir que está adosada a la estructura del capital no en el sujeto social.

Esta puntualización nos conduce a globalizar el análisis de la burocracia, ubicando sus múltiples determinaciones:

  • Existe una génesis o raíz de la burocracia: la división social de trabajo capitalista.
  • También existe una estructura como soporte simbólico y material de la burocracia, partiendo de esta división del trabajo: normas jerárquicas, funciones escindidas, tareas parceladas.
  • Están los sujetos sociales (individuos, capas sociales, clases, etnias) que interactúan en este contexto, que producen y reproducen esta relación de dominación.

A partir de esta caracterización, podemos proponer el siguiente mapa conceptual: el concepto burocracia referido a su génesis, burocratismo atinente a la estructura, burocratización como amenaza permanente que surge del proceso.

En tal sentido el combate al fenómeno burocrático hay que darlo en diversos frentes de batalla: génesis, estructura, sujetos, proceso.

Esta categorización hace compresible entonces, las limitaciones que hemos conocido cuando nos enfrentamos a la burocracia con un enfoque simplista:

a.- En muchas ocasiones el esfuerzo se hace en cambiar al dirigente, confiando que esto es suficiente para resolver el problema de la burocracia, pero al no atacar la raíz, enfrentar la estructura y prevenir los riesgos de la burocratización, se reproduce el fenómeno como algo fatal.

b.- De allí surgen los desengaños y la desesperanza: “se lo comió la estructura”, “se comporta como un burócrata”. “se echo a perder en el cargo”, “se le subieron los humos a la cabeza”.

c.- No es metafórica la existencia de una maquinaria burocrática que puede moler las mejoras intensiones e inutilizar dirigentes honestos y comprometidos.

En este contexto pienso en la experiencia de CVG-ALCASA, donde siendo presidente de esta empresa básica tutelada por la tecnoburocracia de la CVG y del MIBAN, estoy colocado en el epicentro del “conflicto paradigmático”, como dicen los epistemologos:

  • La cultura organizativa y gerencial está cimentada en la división del trabajo, con una clara adscripción jerárquica y piramidal.
  • En los estatutos de la empresa, se le otorga al presidente un amplio mandato para decidir, por ello todo muere en la “presidencia”.
  • Como revolucionario consciente del fenómeno burocrático se me plantea una interrogante ¿Me adapto a lo establecido, asumiendo el status gerencial que da el cargo? ¿O promuevo otra manera de gerenciar los asuntos públicos, construyendo una nueva cultura política, en este caso, en el marco del proceso cogestionario?
  • En la empresa se viene desarrollando una experiencia de democracia obrera, donde los trabajadores han elegido a los diversos gerentes de las diferentes instancias administrativas y operativas de la planta. Pero este proceso choca con los estatutos de la empresa porque allí se establece que es el presidente quien los designa. Por eso nos hemos planteado cambiar dichos estatutos vigentes desde hace décadas, teniendo viso anti-constitucionales ya que respondían a otro momento histórico. Pero ¿Qué hubiese ocurrido si yo me apego estrictamente a la norma y coloco lo formal por encima de lo real o no considero las demandas de “renovación gerencial” impulsadas por los alcasianos?, simplemente me hubiese comportado como un burócrata más que defrauda las expectativa de la gente, en este caso, por apego al fetichismo jurídico, es decir, por el culto a la norma sin valorar su pertinencia, sin considerar el grado de legitimidad de la misma o hasta donde choca con la justicia que la CRBV coloca al lado del estado de derecho.
  • Obviamente el proceso de renovación gerencial en ALCASA no se puede quedar en la elección democrática sino que avanza hacia las otras determinaciones de la desburocratización:
  • Cambios de la cultura organizacional cimentada en la división social del trabajo.
  • Reestructuración o reingeniería para eliminar papeleos y excesivo formalismo reglamentario, solapamientos de funciones, ineficiencias, atomización y parcelación de tareas que surgen del paradigma taylorista.
  • Desarrollo de la gerencia participativa que se caracteriza por: el dialogo de saberes, el aprendizaje colectivo, la comunicación asertiva, la delegación de funciones, la transferencia de competencias, el trabajo en equipo y las decisiones colegiadas.
  • Construcción de instancia de base (voceros, mesas de trabajo, consejo directivo, asamblea general) como mecanismo para elaborar, planificar, ejecutar y evaluar programas y proyectos.
  • En este caso, el enfrentamiento se da en las diversas determinaciones: burocracia, burocratismo, burocratización, dicho de otra manera, intentamos ir a la raíz de la burocracia, cambiar las estructuras que producen el burocratismo, conscientizar y organizar a los sujetos, construir mecanismos profiláctico contra la burocratización.

No es difícil concluir que el referido proceso anti-burocrático hay que enmarcarlo en una perspectiva global:

1.- Cambio cultural, con ruptura de paradigmas.
2.- Transformaciones metodológicas y técnicas
3.- Modificaciones organizativas.

Tal realidad asumida como proceso, como interacción constructiva, demanda el empleo de un método que corresponda a dicho enfoque. Este aspecto lo vamos a examinar a continuación.

INVEDECOR COMO SOPORTE DE LA NUEVA CULTURA POLITICA

Las anteriores reflexiones y el esfuerzo por superar el expediente burocrático, para nosotros como corriente ideológica que rompió desde hace algunas décadas con la partidocracia no es nuevo, ni tiene una motivación coyuntural, sino que tiene ver con la revolución cultural, donde se incluye lo organizativo. Cualquier lector que revise parte de nuestro acervo cultural, particularmente en el ámbito investigativo y educativo en las dos últimas décadas, podrá encontrar que gran parte de nuestro esfuerzo crítico se ha centrado en el cuestionamiento a la División Social del Trabajo capitalista.

Como una ilustración de esta última apreciación, vamos a reseñar un ensayo que elaboré hace bastante tiempo que lleva por título PROPUESTA DE NUEVA CULTURA POLITICA. Para una crítica de la partidocracia. Ediciones Primera Línea .Febrero de 1998.
En dicho trabajo haciendo una crítica de nuestra experiencia burocrática, planteamos lo siguiente.
Los postulados burocrático-paternalistas, están vinculados orgánicamente a la división social del trabajo (separación entre las tareas intelectuales y manuales, contradicción teoría-práctica, divorcio sujeto-objeto, etc) la cual como paradigma o visión, posee implicaciones axiológicas, epistemológicas, pedagógicas, comunicativas y organizativas. En este orden de idea, la burocracia - paternalista posee los siguientes rasgos:


- El fin justifica los medios, en el terreno de los valores.
- Monopolio y jerarquía del saber, en el ángulo epistemológico.
- El partido educa las masas, como criterio pedagógico y didáctico.
- Información-órdenes, control de la opinión, distorsión comunicativa.
- Verticalismo, jefecismo, centralización en lo organizativo.

En una estructura organizativa donde el paradigma que rige la vida interna tiene el sello de lo anteriormente descrito, no puede conducir si no a la “ militancia alienada”, donde el aparato convertido en un fin en si mismo, se autonomiza de la base social con la práctica sustitutiva: el soberano es sustituido por el órgano local, este a su vez es sustituido por organismos regionales, siguiendo con una cadena sustitutiva donde la instancia regional es sustituida por el Comité Central y éste es sustituido por el Buró Político, terminando todos al final sustituido por el Secretario General .

La evaluación y sistematización de este proceso burocrático me condujo en los últimos años de prisión en el Cuartel San Carlos, conjuntamente con los prisioneros políticos de aquel entonces en el año1982, a proponer los COLECTIVOS DE DEMOCRATIZACION DEL SABER como instancia organizativa. Desde aquel momento me he negado a participar en instancias partidarias donde se reproduce la dominación, surgiendo la necesidad histórica de promover otras formas de intervención y organización política, lo que hemos denominado NUEVA CULTURA POLITICA, CENTRADA EN EL COMBATE A LA ENAJENACIÓN EN EL TERRENO ORGANIZATIVO:

  • Cuestionamiento al “déjeme pensar por usted” y a la expropiación del saber.
  • Rechazo a la usurpación y tutela de la soberanía popular, enfrentamiento a los cogollos y élites burocráticas.
  • Propuestas que eviten la concentración del poder de decisión en pocas manos.
  • Desarrollo de la democracia directa como control de la delegación y del mandato otorgado a los dirigentes.

En esa dirección, hemos venido desarrollando una propuesta metodológica bautizada con las siglas INVEDECOR, que asocia la soberanía política a la SOBERANIA COGNITIVA como modo de producción de conocimiento que permite conquistar la autonomía, desarrollar la autogestión, rompiendo con las tutelas y dependencias. De igual manera hemos venido trabajando en una nueva pedagogía o didáctica política íntimamente relacionada con una nueva racionalidad comunicativa .

Veamos las implicaciones de estas premisas teórico-metodológicas en la construcción de una Nueva Cultura Política con el METODO INVEDECOR, el cual es una ESTRATEGIA DE ARTICULACIÓN de la función investigativa, formativa, comunicativa y organizativa:

1. Modo de producción de conocimiento, que permite construir la unidad o identidad entre la teoría y la práctica, combatiendo en tal sentido una de las derivaciones de la división social del trabajo, es decir, la separación entre las actividades intelectuales y manuales, reivindicando la intersubjetividad, tomando en cuenta la producción de sentido y las significaciones de los sujetos sociales.

De allí la necesidad de:

- Empalmar el saber y el hacer, construir nexos entre la investigación y la acción.

- Participación e implicación colectiva en la producción de conocimiento.

- Contextualización y pertinencia del conocimiento, inserción en problemáticas especificas y en comunidades concretas.

- Diálogo de saberes y construcción del imaginario colectivo.

- Verdad como intersubjetividad, la praxis como criterio de validación.

Este enfoque epistemológico permite poner en discusión el papel de los intelectuales tradicionales, (expertos, especialistas ) y reducir el protagonismo de las VANGUARDIAS ILUMINADAS, como cuerpo separado de los sujetos sociales.

De esta forma la soberanía política no se reduce al sufragio, al hecho electoral, ni al activismo-tareismo, sino que se cualifica desde la SOBERANIA COGNITIVA, COMBATIENDO LA JERARQUIA Y EL MONOPOLIO DEL SABER.

El ejercicio de esta DEMOCRACIA DEL SABER, como proceso permite que el sujeto haga real su soberanía política a través de una praxis política integral, y en consecuencia, se le de respuesta a la CRISIS DE PARTICIPACIÓN, ya que en este caso no es una participación tutelada o seudo-participación, sino PARTICIPACIÓN PLENA, INTEGRAL (se participa en la elaboración, planificación, ejecución y evaluación).

2. Desarrollo de un enfoque pedagógico, que tiene como fundamento el aprendizaje significativo por descubrimiento: aprender haciendo, aprender a aprender, aprender a ser, didáctica investigativa.

3. Estrategia comunicativa centrada en el dialogo, en la construcción del consenso semántico, combatiendo las distorsiones informativas y la incomunicación.

4. Clima y desarrollo organizacional basado en la democracia directa y el protagonismo de base, la cual denominamos coloquialmente DEMOCRACIA DE LA CALLE, tal como la vamos a reseñar más adelante.

Estos cuatros aspectos articulados producen una sinergia con un impacto muy fuerte en la participación y en la acción transformadora.

INVEDECOR surge como producto de haber detectado las insuficiencias y déficits que poseen cada uno de estos aspectos por separado.

De allí que cuando metodológicamente nos preguntamos sobre la incidencia de este enfoque en la explicación – compresión de la SEUDO PARTICIPACIÓN, encontramos:

  • En programas, planes y proyectos, no somos sujetos protagónicos de su elaboración, sino meros ejecutores.

Si no me implico en la producción de conocimiento, el saber me es ajeno, estoy excluido de un ámbito del poder de decisión: SABER ES PODER.

  • Pero no basta el diagnóstico participativo, sino que se requiere desarrollar un proceso de aprendizaje, que involucra conflicto cognitivos, resistencia, desaprender, proceso de concientización, conocer como aprendo ( metacognición ). No todos aprendemos de la misma manera, al mismo tiempo y con la misma estrategia metodológica.
  • Del mismo modo, existen barreras comunicativas o distorsiones comunicativas, como son los silencios cómplices, el corrillo y la maledicencia, la descalificación y el estilo de cliché. Todas estas limitaciones obstaculizan el debate y el logro del consenso, enrarecen la relación interpersonal o grupal.
  • De igual manera en los aparatos burocráticos hay monopolio informativo, manipulaciones propagandísticas, control de la libertad de expresión, persecución a la divergencia la cual es silenciada. De allí la importancia de una estrategia comunicativa adecuada: transparencia, saber escuchar, aceptación de la divergencia, el diálogo como debate y la confrontación de puntos de vista diversos, no el monólogo de la unanimidad. A este clima también le denominamos cultura del debate.
  • Desarrollo organizacional, que busca el protagonismo en una relación horizontal, que resume las anteriores determinaciones: producción colectiva de saberes, aprendizajes significativos, comunicación auténtica.

Todos estos aspectos están interrelacionados como totalidad concreta, no siendo saberes parcelados (conocer, aprender, comunicar, organizar).

Como dinámica procesual, INVEDECOR es un proceso de construcción, y la articulación, no es apriorística o de orden lógico.

En la práctica social o política, la articulación no viene dada e incluso es muy común encontrar desarrollos desiguales entre las funciones investigativas, formativas y comunicativas.

Por ello se requiere de una EVALUACION DE PROCESO, QUE PERMITA SISTEMATIZAR LAS EXPERIENCIAS Y CONSTRUIR LA ARTICULACION:

¿En que estamos fallando: producción de conocimiento, aprendizajes, comunicación, espacios organizativos?

¿Dónde están las debilidades y amenazas: en una inadecuada estrategia comunicativa, en déficits informativos, en el conflicto cognitivo?

¿Cuál es el nexo entre la estrategia de articulación y la crisis de participación:

  • Seudo-participación y expropiación del saber.
  • Ausencia de participación y enseñanza repetitiva-memorística,
  • Resistencia al cambio y silencios cómplices.?

El método INVEDECOR asume el reto de construir un clima político-organizativo donde pasemos de ser espectadores y relativamente actores, a ser autores de las transformaciones planteadas.


DEMOCRACIA DE LA CALLE Y EL DESARROLLO ORGANIZACIONAL

Veamos ahora, las implicaciones del anterior enfoque en aspectos más específicamente organizativos, referidos al proceso o práctica de la democracia real que hemos denominado democracia de la calle.

Este término es una expresión coloquial que un juglar conceptuó hace ya tiempo (I Encuentro de la Corriente Histórico-Social realizado en Barquisimeto en el Centro de Educación Popular Exeario Sosa Lujan.1889) como contraria a la democracia de salón, de los conciliábulos parlamentarios, de los cogollos y cenáculos burocráticos.

Tomando muy en cuenta esta señal del sentido común de un poeta popular, desarrollamos aquella evocación de la democracia plebeya vinculándola a la herencia histórica de la democracia obrera (elección directa, rendición de cuenta, revocatoria del mandato) y a las nuevas demandas de una política anti-burocrática (rotación en los cargos, delegación funcional, democracia del saber).

En esa dirección, nos colocamos frente al MALESTAR DE LA DEMOCRACIA y el agotamiento del régimen político fundado en la democracia representativa. Pero particularmente nos ubicamos en el combate a la burocracia con el desarrollo de la democracia real, conjurando debilidades y amenazas implicadas en cualquier modalidad organizativa. Sin suscribir posturas anarquistas, es necesario reconocer que en toda estructura organizativa es indispensable delegar la soberanía política, otorgar mandatos, lo que implica peligros de enajenación. Entonces la clave del asunto está en los mecanismos que controlen la delegación

Es así como formulamos un conjunto de criterios o premisas de la democracia directa, que permiten un CONTROL DE LA DELEGACION DEL PODER Y SALVAGUARDAN LA SOBERANIA POLITICA:

  • ELECCION DIRECTA DE TODOS LOS CARGOS.

Estamos opuestos a las elecciones indirectas (o de segundo grado) de los dirigentes o representantes

  • RENDICION DE CUENTA

Se trata de la presentación de cuenta por parte de los dirigentes, delegados o representantes. Este balance debe presentarse periódicamente ante asambleas libremente convocadas.

  • REVOCATORIA DEL MANDATO

Con la discusión y evaluación de la gestión de los dirigentes, los sectores de base tienen la potestad de destituir a quienes no cumplan con el mandato.

  • DELEGACION FUNCIONAL

Ningún representante o dirigente puede tener poder discrecional para decidir cuestiones que no han sido discutidas y aprobadas en las instancias de base

  • ROTACION DE LOS CARGOS

Esto evita el enquistamiento de roscas o grupos, combate la especialización y la expertocracia, ya que en nombre de las experiencias y del saber acumulado se pueden perpetuar indefinidamente unos determinados dirigentes en determinadas responsabilidades.

  • LIBRE JUEGO DE LAS IDEAS

La investigación, la libre confrontación de opiniones divergentes se constituyen en un verdadero diálogo de saberes, reconociendo la discrepancia como normal. Para ello se requiere de la gestación de la cultura del debate, de la comunicación libre de coerción.

  • DEMOCRACIA DEL SABER

Se trata del libre acceso al conocimiento (soberanía cognitiva) teniendo ideas fundamentales sobre los problemas en debate.

De esta manera se cualifica la decisión ya que no solo se trata de cómo se decide, si no también la posibilidad de participar en la elaboración, planificación y ejecución de programas, planes y proyectos.

martes, 27 de marzo de 2007

Lo que el socialismo quiere decir

Rigoberto Lanz

A raíz del nuevo mapa político que se dibuja con los resultados electorales de diciembre se perfilan condiciones favorables para que los contenidos de una agenda de transformación puedan densificarse, es decir, ganar terreno en su definición sustantiva y traducirse progresivamente en experiencias tangibles. El voluntarismo de los decretos sirve tal vez como palanca de visibilidad de los asuntos álgidos de la revolución pero resulta enteramente supérfluo como cristalización verdadera de cambios de fondo. Ello quiere decir que la voluntad política para impulsar transformaciones efectivas tiene que estar acompañada de concepciones estratégicas bien definidas, de visiones emancipatorias que ajusten cuentas con los anacronismos ideológicos del marxismo soviético y del socialismo burocrático.

El clima creado con la asunción del nuevo período gubernamental apunta en la dirección de provocar cambios verdaderos en los núcleos duros del Estado. No sólo por el implícito reconocimiento de que en lo fundamental el Estado heredado permanece intacto, sino por la brutal realidad del agravamiento de fenómenos perversos como el burocratismo y la corrupción. ¿Cómo plantearse en serio la demolición del viejo Estado si no se ha podido definir una política efectiva contra la corrupción y el burocratismo? Ningún anuncio grandilocuente sobre los grandes asuntos de la revolución será creíble mientras permanezcan en la impunidad las lacras de la corrupción y el burocratismo. Sabemos de antemano que no se está luchando sólo con pequeñas desviaciones o malas prácticas administrativas sino contra una aceitada cultura que viene de muy lejos. La inutilidad de lo dicho y hecho hasta ahora en esta materia habla a las claras de la complejidad y envergadura de estas enfermedades.

El desmontaje del entramado institucional del viejo Estado es una tarea que en sí misma puede consumir buena parte de la energía disponible en este período que se inicia. Allí no hay que escatimar ningún esfuerzo ni empeñarse en una sola vía: la creación de consensos, el aprovechamiento de todo tipo de oportunidades, la puesta en escena de experimentos puntuales, el diseño de estrategias de distintos alcance. Tratándose de una lucha en contra de toda una cultura organizacional que lleva siglos reproduciéndose, existiendo poderosos intereses objetivos que nuclean a grandes contingentes de funcionarios y habiendo tan poca claridad en los sectores dirigentes de cómo encarar estas batallas, es comprensible que la incertidumbre y la poca credibilidad estén a la mano en los distintos ambientes donde está desarrollándose este debate.

De cualquier manera, el eje estructurador de las nuevas correlaciones de fuerza que este mapa está dibujando se define en el doble movimiento de la lucha contra las formas estatales tradicionales y la emergencia del poder popular en una dinámica de posicionamiento creciente. Esta “dualidad de poderes” ha de marcar los rumbos de las políticas públicas más emblemáticas hechas desde el gobierno y también el carácter de las luchas de los nuevos actores sociales disputando palmo a palmo su autonomía, su capacidad de decisión, sus reglas de auto-gestión política respecto a los pequeños y grandes espacios de la sociedad.

En este trayecto se pondrá a prueba un rasgo definitorio de una cultura democrática de nuevo tipo: la expansión de la crítica y la profundización de los espacios de discusión. No se trata de elementos de estilo ni de notas adjetivas a la vida democrática de la sociedad. Al contrario, se juega en estos rasgos una condición de fondo que roza muy de cerca la experiencia más íntima de la libertad, del despliegue del pluralismo y el cultivo de la diferencia que son consustanciales a la complejidad de la vida, a la fecundidad de toda experiencia libertaria. No se trata de formalismos jurídicos ni de exhortaciones morales. Cuando insistimos en precisar el talante de la crítica en la praxis de los actores políticos y de la cualificación creciente de los espacios de debate, es porque estamos en presencia de vectores definitorios de la calidad de los procesos revolucionarios. La lucha en este terreno abre distintos frentes donde se conjugan las tendencias burocráticas de los aparatos del Estado, las tendencias pragmáticas de grupos de intereses que no creen en el debate ni mucho menos en la función creadora de la crítica, la propensión hegemónica de grupos amparados en cuotas de poder. Este cuadro evidencia de suyo las dificultades para que las discusiones prosperen espontáneamente y para que la crítica se constituya en una palanca constructiva de una nueva conciencia revolucionaria.

Las palabras no son neutras. Pero las palabras tampoco significan una sola cosa, ni expresan unívocamente un solo sentido. “Socialismo” no es la excepción. Este término puede significar casi lo que nos de la gana (desde una remembranza nazi, pasando por distintas formas de “socialismo utópico”, hasta cualquier alusión a los toques posmodernos o las variantes nórdicas de organización de la sociedad) Ello obliga a ponerle apellidos a la palabra “socialismo” y a tener que explicar en cada caso cuáles son los contenidos que usted está defendiendo con el uso de esta terminología.

En Venezuela el debate no puede evitar hacerse cargo del recorrido de este concepto. Tampoco puede evitar el ajuste de cuentas con la experiencia histórica donde el “socialismo” burocrático puso la torta completamente. Ese es el punto de partida para cualquier debate serio sobre este asunto.

Nosotros intentamos marcar un cierto rumbo en esta discusión: --apuntalando el lugar teórico desde donde hablamos, es decir, sabiendo que las teorías políticas tradicionales no sirven para pensar esta revolución; --poniendo el énfasis en el desmantelamiento del Estado burgués (sin lo cual no hay ninguna revolución que valga la pena); --fijando la mirada en el carácter cultural de las transformaciones verdaderas; --acentuando con fuerza el papel de la crítica, de la discusión abierta, de la formación intelectual; -- recuperando con fuerza el protagonismo del poder popular frente a las intermediaciones institucionales; en fin, apostando duro por el impulso de prácticas subversivas que propaguen el efecto emancipatorio de las rupturas, de los conflictos, de las contradicciones. Póngale usted el nombre, nosotros nos quedamos con esos contenidos.

Todo lo anterior avizora una perspectiva cargada de posibilidades, un cuadro político muy favorable para profundizar las luchas en un sentido progresivo. Pero no hay que confundir las posibilidades con fatalidades. Nada de ello está garantizado automáticamente. Este clima favorable puede revertirse en calamidad si la conducción no atina y si las tendencias regresivas –que existen, es bueno recordarlo—terminan saliéndose con la suya. Por ello es bueno asumir las coyunturas como apuesta: voluntad volcada sobre procesos nacientes, conciencia lúcida sobre las asechanzas y desafíos. Por allí van los tiros.

miércoles, 14 de marzo de 2007

El marxismo-leninismo como falacia revolucionaria. Parte I

Javier Biardeau

La Verdad de la Salvación inscrita en las escrituras científicas se llamará en adelante marxismo-leninismo. Es la doctrina estaliniana, poco marxista y poco leninista, la que se apropia exclusivamente de Marx, Lenin, la Revolución, el Socialismo, y hace de Moscú no ya únicamente la ciudadela, sino la Meca de la Humanidad revolucionaria. Esta formidable transformación mítico-religiosa se operó durante el primer estalinismo, particularmente en los años 1924-1930.”

(Edgar Morin: ¿Qué es el totalitarismo? De la naturaleza de la URSS)


En una coyuntura política como la que vive el país, en la cuál resurgen lo síntomas del desconcierto teórico-crítico y la ausencia de memoria histórica en el campo de la izquierda revolucionaria, hay que apuntar directamente al blanco del problema: cualquier llamado a la vigencia del “marxismo-leninismo para nutrir el debate del Socialismo del siglo XXI es una falacia seudo-revolucionaria, que conduce directamente a las experiencias despóticas del colectivismo oligárquico, también llamado Socialismo Burocrático.

Para afirmar con consistencia lo anterior se requieren definiciones precisas: el “marxismo-leninismo” es el marxismo soviético posterior a la muerte de Lenin (1924), aunque los elementos autoritarios están explícitamente presentes con anterioridad en la coyuntura política donde se decreta la prohibición del pluralismo de tendencias en el seno del partido bolchevique (1921), hasta llegar a la liquidación física de la dirección bolchevique que participó, en medio de polémicas y diferencias, en el transito revolucionario de 1917 a 1924, por parte del secretario general del Partido (desde 1922); Iósif Stalin y de sus subalternos.

Desde su aparición, el marxismo-leninismo es la cobertura y el cemento ideológico, el “complemento solemne de justificación” del “Socialismo Burocrático”. Ciertamente, la monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Esta historia no permite concluir en absoluto que el capitalismo global y la oligarquía neoliberal en los que vivimos encarnen el secreto por fin resuelto de la historia humana, como pretende Fukuyama y sus seguidores ideológicos. Todo lo contrario, somos nosotros a través de las practicas históricas quienes hacemos nuestras leyes e instituciones, quienes garantizamos nuestra autonomía personal y colectiva.

Sin embargo, no podemos olvidar que no hay libertad política sin igualdad y justicia social, y que a la vez la riqueza humana depende enteramente del reconocimiento de la diversidad social, y que todo esto es imposible cuando existen y se acentúan enormes desigualdades de poder económico, traducido directamente en poder político.

Utilizaré la acepción precisa de “falacia” que aparece en el DRAE: “engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.” ¿Cuál es el daño? La historia conocida evidencia la liquidación de por lo menos 40 millones de seres humanos bajo el yugo de Stalin, del GULAG y la Nomenklatura. Pero además de violentar abiertamente el derecho a la vida, el estalinismo se caracterizó por censurar y reprimir violentamente la reflexión crítica, la libertad de pensamiento y la praxis revolucionaria en el terreno de la construcción del socialismo a escala humana.

En nombre de un “Estado Socialista” se liquidaron los derechos de la propia clase trabajadora, y el pueblo fue una entelequia manipulada por el aparato para reproducir su lógica de dominio. ¿Cual es el fraude? Hacerle propaganda a la codificación estalinista del marxismo y del leninismo (que no es equivalente al marxismo, por cierto), como si fuese el “verdadero marxismo” y el “verdadero leninismo”. ¿Cuál es la mentira? Suponer que la renovación de los planteamientos de Marx y de Lenin, dependían de Stalin y exclusivamente de Stalin. ¿Cual es el engaño? Mantener un sistema de creencias cuya validez se soporta en la apelación infalible a la autoridad del partido-aparato, cultivando la sumisión y la dependencia hacia un canon infalible de interpretación histórica.

Significa todo esto, que el Socialismo del siglo XXI debe hacer explícito su cuestionamiento radical al imaginario estalinista-burocrático. Esta ruptura con ésta tradición particular del Socialismo Histórico es indispensable para crear las condiciones de un socialismo democrático-revolucionario. Allí donde el marxismo-leninismo se ha instalado en el poder, la respuesta puede parecer sencilla: la sed de poder y el interés para unos, el terror para todos.

En este orden de ideas generales, es indispensable deslindar posiciones con un sector de la izquierda venezolana que apoyando la revolución bolivariana, al parecer de manera táctica y en función de un programa marxista-leninista, no ha experimentado el "deshielo ideológico" que años después de la muerte de Stalin permitió desmontar mitos, creencias, mentiras colectivas y falacias que vulgarizaron al pensamiento de Marx y el legado revolucionario de su obra teórica.

Aunque desde este sector se invoque el XX Congreso del PCUS en 1956 y su crítica al culto de la personalidad, la falacia del marxismo-leninismo al parecer quedó incólume en ciertos espíritus. La pulverización de la nebulosa del «marxismo-leninismo» implica el desmontaje de una subjetividad despótica y dogmática. Es en el marxismo-leninismo donde puede apreciarse la capacidad de los seres humanos de engañarse a sí mismos, de convertir en su contrario las ideas más liberadoras, de hacer de ellas instrumentos de una mistificación ilimitada. Aun hoy, la solidaridad profunda entre la construcción de estructuras burocrático-estadales y el marxismo-leninismo no ha sido suficientemente cuestionada. Y sin el desmontaje de esta falacia, poco se puede esperar para la articulación de un proyecto socialista, democrático y revolucionario.

Finalmente, es absurdo imputar al marxismo -y aún más al propio Marx-haber engendrado el totalitarismo, como se ha hecho cómoda y demagógicamente en los últimos sesenta años. Del marxismo se prolonga la socialdemocracia revolucionaria, entre cuyas voceras está Rosa Luxemburgo, política liquidada por la dirección reformista alemana, que apoyada en las teorías de Bernstein (1905) y en el nacionalismo más ramplón liquidaron la posibilidad de una transformación revolucionaria en el propio centro geográfico del continente europeo.

Por tanto, se equivoca también la Conferencia Episcopal Venezolana cuando en sus documentos hace equivalentes los planteamientos de la obra abierta de Marx y con el marxismo-leninismo de inspiración estalinista. La operación Marx = Stalin es una vieja táctica de los sectores reaccionarios y despóticos.

Marx es heredero directo del movimiento emancipatorio y democrático -de ahí su fascinación, hasta el final de su vida, por la Revolución Francesa e incluso, en su juventud, por la pólis y el dêmos griegos. Por esta razón, es un paradójico error el que cometen los aparentes opositores irreconciliables: la burocracia eclesiástica y el partido-aparato, la jerarquía católica y la minoría selecta del partido-aparato marxista-leninista.

Mientras existe una radical diferencia entre lo planteado por Marx y la vulgarización de su obra abierta por los marxistas leninistas; el partido-iglesia y la jerarquía católica llegan a acuerdos interpretativos presos de la más absurda simplificación. La monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Marx tiene aún mucho que decirle al debate sobre el Socialismo del siglo XXI, que no puede dejar de ser democrático y revolucionario, mientras el marxismo-leninismo solo puede mostrarnos lo que es indispensable evitar: los dictados despóticos de Stalin, la terrible tragedia del colectivismo oligárquico, del GULAG y la Nomenclatura.