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miércoles, 14 de marzo de 2007

El marxismo-leninismo como falacia revolucionaria. Parte I

Javier Biardeau

La Verdad de la Salvación inscrita en las escrituras científicas se llamará en adelante marxismo-leninismo. Es la doctrina estaliniana, poco marxista y poco leninista, la que se apropia exclusivamente de Marx, Lenin, la Revolución, el Socialismo, y hace de Moscú no ya únicamente la ciudadela, sino la Meca de la Humanidad revolucionaria. Esta formidable transformación mítico-religiosa se operó durante el primer estalinismo, particularmente en los años 1924-1930.”

(Edgar Morin: ¿Qué es el totalitarismo? De la naturaleza de la URSS)


En una coyuntura política como la que vive el país, en la cuál resurgen lo síntomas del desconcierto teórico-crítico y la ausencia de memoria histórica en el campo de la izquierda revolucionaria, hay que apuntar directamente al blanco del problema: cualquier llamado a la vigencia del “marxismo-leninismo para nutrir el debate del Socialismo del siglo XXI es una falacia seudo-revolucionaria, que conduce directamente a las experiencias despóticas del colectivismo oligárquico, también llamado Socialismo Burocrático.

Para afirmar con consistencia lo anterior se requieren definiciones precisas: el “marxismo-leninismo” es el marxismo soviético posterior a la muerte de Lenin (1924), aunque los elementos autoritarios están explícitamente presentes con anterioridad en la coyuntura política donde se decreta la prohibición del pluralismo de tendencias en el seno del partido bolchevique (1921), hasta llegar a la liquidación física de la dirección bolchevique que participó, en medio de polémicas y diferencias, en el transito revolucionario de 1917 a 1924, por parte del secretario general del Partido (desde 1922); Iósif Stalin y de sus subalternos.

Desde su aparición, el marxismo-leninismo es la cobertura y el cemento ideológico, el “complemento solemne de justificación” del “Socialismo Burocrático”. Ciertamente, la monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Esta historia no permite concluir en absoluto que el capitalismo global y la oligarquía neoliberal en los que vivimos encarnen el secreto por fin resuelto de la historia humana, como pretende Fukuyama y sus seguidores ideológicos. Todo lo contrario, somos nosotros a través de las practicas históricas quienes hacemos nuestras leyes e instituciones, quienes garantizamos nuestra autonomía personal y colectiva.

Sin embargo, no podemos olvidar que no hay libertad política sin igualdad y justicia social, y que a la vez la riqueza humana depende enteramente del reconocimiento de la diversidad social, y que todo esto es imposible cuando existen y se acentúan enormes desigualdades de poder económico, traducido directamente en poder político.

Utilizaré la acepción precisa de “falacia” que aparece en el DRAE: “engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.” ¿Cuál es el daño? La historia conocida evidencia la liquidación de por lo menos 40 millones de seres humanos bajo el yugo de Stalin, del GULAG y la Nomenklatura. Pero además de violentar abiertamente el derecho a la vida, el estalinismo se caracterizó por censurar y reprimir violentamente la reflexión crítica, la libertad de pensamiento y la praxis revolucionaria en el terreno de la construcción del socialismo a escala humana.

En nombre de un “Estado Socialista” se liquidaron los derechos de la propia clase trabajadora, y el pueblo fue una entelequia manipulada por el aparato para reproducir su lógica de dominio. ¿Cual es el fraude? Hacerle propaganda a la codificación estalinista del marxismo y del leninismo (que no es equivalente al marxismo, por cierto), como si fuese el “verdadero marxismo” y el “verdadero leninismo”. ¿Cuál es la mentira? Suponer que la renovación de los planteamientos de Marx y de Lenin, dependían de Stalin y exclusivamente de Stalin. ¿Cual es el engaño? Mantener un sistema de creencias cuya validez se soporta en la apelación infalible a la autoridad del partido-aparato, cultivando la sumisión y la dependencia hacia un canon infalible de interpretación histórica.

Significa todo esto, que el Socialismo del siglo XXI debe hacer explícito su cuestionamiento radical al imaginario estalinista-burocrático. Esta ruptura con ésta tradición particular del Socialismo Histórico es indispensable para crear las condiciones de un socialismo democrático-revolucionario. Allí donde el marxismo-leninismo se ha instalado en el poder, la respuesta puede parecer sencilla: la sed de poder y el interés para unos, el terror para todos.

En este orden de ideas generales, es indispensable deslindar posiciones con un sector de la izquierda venezolana que apoyando la revolución bolivariana, al parecer de manera táctica y en función de un programa marxista-leninista, no ha experimentado el "deshielo ideológico" que años después de la muerte de Stalin permitió desmontar mitos, creencias, mentiras colectivas y falacias que vulgarizaron al pensamiento de Marx y el legado revolucionario de su obra teórica.

Aunque desde este sector se invoque el XX Congreso del PCUS en 1956 y su crítica al culto de la personalidad, la falacia del marxismo-leninismo al parecer quedó incólume en ciertos espíritus. La pulverización de la nebulosa del «marxismo-leninismo» implica el desmontaje de una subjetividad despótica y dogmática. Es en el marxismo-leninismo donde puede apreciarse la capacidad de los seres humanos de engañarse a sí mismos, de convertir en su contrario las ideas más liberadoras, de hacer de ellas instrumentos de una mistificación ilimitada. Aun hoy, la solidaridad profunda entre la construcción de estructuras burocrático-estadales y el marxismo-leninismo no ha sido suficientemente cuestionada. Y sin el desmontaje de esta falacia, poco se puede esperar para la articulación de un proyecto socialista, democrático y revolucionario.

Finalmente, es absurdo imputar al marxismo -y aún más al propio Marx-haber engendrado el totalitarismo, como se ha hecho cómoda y demagógicamente en los últimos sesenta años. Del marxismo se prolonga la socialdemocracia revolucionaria, entre cuyas voceras está Rosa Luxemburgo, política liquidada por la dirección reformista alemana, que apoyada en las teorías de Bernstein (1905) y en el nacionalismo más ramplón liquidaron la posibilidad de una transformación revolucionaria en el propio centro geográfico del continente europeo.

Por tanto, se equivoca también la Conferencia Episcopal Venezolana cuando en sus documentos hace equivalentes los planteamientos de la obra abierta de Marx y con el marxismo-leninismo de inspiración estalinista. La operación Marx = Stalin es una vieja táctica de los sectores reaccionarios y despóticos.

Marx es heredero directo del movimiento emancipatorio y democrático -de ahí su fascinación, hasta el final de su vida, por la Revolución Francesa e incluso, en su juventud, por la pólis y el dêmos griegos. Por esta razón, es un paradójico error el que cometen los aparentes opositores irreconciliables: la burocracia eclesiástica y el partido-aparato, la jerarquía católica y la minoría selecta del partido-aparato marxista-leninista.

Mientras existe una radical diferencia entre lo planteado por Marx y la vulgarización de su obra abierta por los marxistas leninistas; el partido-iglesia y la jerarquía católica llegan a acuerdos interpretativos presos de la más absurda simplificación. La monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. Marx tiene aún mucho que decirle al debate sobre el Socialismo del siglo XXI, que no puede dejar de ser democrático y revolucionario, mientras el marxismo-leninismo solo puede mostrarnos lo que es indispensable evitar: los dictados despóticos de Stalin, la terrible tragedia del colectivismo oligárquico, del GULAG y la Nomenclatura.

El "Marxismo-Leninismo" como falacia revolucionaria. Parte II

Javier Biardeau R.

En la primera parte de estas entregas sobre la problemática del Socialismo del siglo XXI y el necesario deslinde con el llamado marxismo-leninismo habíamos afirmado que la vigencia del “marxismo-leninismo para nutrir el debate del Socialismo del siglo XXI es una falacia seudo-revolucionaria, que conduce directamente a las experiencias despóticas del colectivismo oligárquico, también llamado Socialismo Burocrático. Habíamos definido el “marxismo-leninismo” como el marxismo soviético posterior a la muerte de Lenin (1924), rastreando la prefiguración del despotismo del partido-aparato desde la coyuntura política donde se decreta la prohibición del pluralismo de tendencias en el seno del partido bolchevique (1921), hasta llegar a la liquidación física de la dirección bolchevique que participó, en medio de polémicas y diferencias, en el transito revolucionario de 1917 a 1924, por parte del secretario general del Partido (desde 1922); Iósif Stalin y de sus subalternos.

La conclusión del análisis es clara: la monstruosa historia del marxismo-leninismo muestra lo que no puede ni debe ser un movimiento de emancipación socialista. También queda claro que esta historia no permite concluir en absoluto que el capitalismo global y la oligarquía neoliberal en los que vivimos encarnen el secreto por fin resuelto de la historia humana, como pretende Fukuyama y sus seguidores ideológicos. Ahora bien, ¿Qué hacer? ¿Cuál es la propuesta? Los mapas que permiten las nuevas orientaciones para el Socialismo del siglo XXI implican una interpretación del mismo como una Revolución Democrática Permanente, tomando en serio las virtualidades del poder constituyente, e impidiendo que ningún órgano constituido, llámese como se llame, sustituya o suplante a través de estructuras verticales de mando, dirección y decisión la potencia del proceso socio-histórico instituyente.

Somos nosotros a través de las prácticas históricas quienes hacemos nuestras leyes e instituciones, quienes garantizamos nuestra autonomía personal y colectiva, quienes construimos a través de la acción colectiva la sociabilidad cotidiana y modificamos los patrones estructurales de las sociedades. En consecuencia, no podemos ni debemos olvidar que no hay libertad política sin igualdad y justicia social, que a la riqueza humana depende enteramente del reconocimiento de la diversidad social, y que todo esto es imposible cuando existen y se acentúan enormes desigualdades de poder económico, traducido directamente en poder político.

Por tanto, es absurdo imputar al marxismo -y aún más al propio Marx- haber engendrado el totalitarismo, como se ha hecho cómoda y demagógicamente en los últimos sesenta años. Del marxismo se prolonga la socialdemocracia revolucionaria, entre cuyas voceras está Rosa Luxemburgo, política liquidada por la dirección reformista alemana, que apoyada en las teorías de Bernstein (1905) y en el nacionalismo más ramplón, frustraron la posibilidad de una transformación revolucionaria en el propio centro geográfico del continente europeo.

He dicho que la Conferencia Episcopal Venezolana y los defensores del marxismo-leninismo comparten los mismos prejuicios, cuando en sus documentos hace equivalentes los planteamientos de la obra abierta de Marx y con el marxismo-leninismo de inspiración estalinista. La operación Marx = Stalin es una vieja táctica de los sectores reaccionarios y despóticos.

Este paradójico error lo cometen los aparentes opositores irreconciliables: la burocracia eclesiástica y el partido-aparato, la jerarquía católica y la minoría selecta del partido-aparato marxista-leninista. En esta operación se fragua una desfiguración de la obra abierta de Marx, quién ni siquiera pudo culminar las redacciones de lo que conocemos como los tomos II y III de su trabajo “El Capital”. Adicionalmente, pocos están informados del desconocimiento de la dirección bolchevique de trabajos como los Manuscritos Económico-Filosóficos, de la Ideología Alemana, de los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse), entre otros. Con esto queremos decir, que ninguno de los miembros de la dirección bolchevique, llámese Lenin, Trotsky, Bujarin y mucho menos Stalin, fueron conocedores de los aportes más revolucionarios de la obra abierta de Marx. De allí, se desprende toda una polémica sobre Marx y los marxismos, que hace del Socialismo teórico una constelación diversa y hasta heterogénea, y no una doctrina monolítica y homogénea.

¿Cuál es la implicación ético-política de esta situación? Que el socialismo del siglo XXI se construirá desde diversas referencias teóricas liberadoras y no exclusivamente desde un canon infalible de interpretación. Que no habrá praxis revolucionaria sin teoría(s) revolucionarias. Que se acabó el pensamiento único de izquierda. Que es hora de asumir el valor del pluralismo, de la diversidad, de la diferencia como elementos indispensables de la democracia socialista.

Las semillas de las ideas más importantes de Marx sobre la transformación de la sociedad -especialmente la idea de autogobierno de los productores- se hallan tanto en los escritos de los socialistas utópicos, como en los diarios y en la autoorganización de los obreros ingleses de 1810 a 1840, en las experiencias de los levellers muy anteriores a los primeros escritos de Marx. El incipiente movimiento obrero aparece así como la consecuencia lógica de un movimiento democrático que se ha quedado a medio camino. No se pueden separar la democracia y el socialismo sin graves implicaciones ético-políticas. Y esto lo afirmamos por lo siguiente.

Otro proyecto, otro imaginario social-histórico invade la escena del mundo imponiéndose con extraordinaria eficacia desde el siglo XVIII: lo imaginario capitalista, que transforma perceptiblemente la realidad social y parece a todas luces llamado a dominar el mundo. Contrariamente a un confuso prejuicio, todavía hoy dominante –el fundamento del "liberalismo" contemporáneo-, lo imaginario capitalista contradice frontalmente el proyecto de emancipación y de autonomía. Ya en 1906, el Marx de la burguesía: Max Weber tornaba irrisoria la idea de que el capitalismo pudiera tener algo que ver con la democracia. Luego Shumpeter consolidará la tesis que domina hasta hoy, el capitalismo solo permite el funcionamiento de una esfera política dominada por elites elegidas democráticamente, pero nada de participación popular en las decisiones en la esfera pública o en la construcción del bien común. Es el elitismo democrático una de las alternativas funcionales al régimen social capitalista. La otra es de sobra conocida: las dictaduras y despotismos de derecha. En definitiva, la democracia participativa y protagónica transforma el capitalismo en un régimen social donde el bien común y la cosa pública se enfatizan sobre el auto-interés y el individualismo posesivo. Se abren desde allí las posibilidades de los nuevos horizontes socialistas.

Es la dominante tendencia de las sociedades modernas a la burocratización, que desde fines del siglo XIX penetra y domina el mismo movimiento obrero, el que lleva a la constitución de los partidos-aparatos-iglesias. Conduce también a una esterilización prácticamente completa del pensamiento crítico. La «teoría revolucionaria» se torna comentario talmúdico de los textos sagrados mientras que, ante las inmensas transformaciones científicas, culturales y artísticas que se acumulan desde 1890, el marxismo realmente existente, positivista y cientificista, se queda afónico o se limita a calificarlas de productos de la burguesía decadente.

Luego, Lenin, y su idea de centralismo democrático, sintetizarán elementos aún dispersos que prefigurarán el despotismo. Ortodoxia y disciplina son radicalizadas (Trotski se enorgullecerá de la comparación del partido bolchevique con la orden de los jesuitas) y extendidas a escala internacional. El leninismo, acaparando el movimiento obrero, sustituye a este individuo por el militante adoctrinado en un evangelio que cree en la organización, en la teoría y en los jefes que la poseen e interpretan, un militante que tiende a obedecerles incondicionalmente, que se identifica con ellos y que, la mayoría de las veces, sólo puede romper esta identificación hundiéndose él mismo.

El principio «quien no está con nosotros ha de ser exterminado» se pondrá en práctica inexorablemente, los modernos medios de Terror se inventarán, organizarán y aplicarán en forma masiva. Sobre todo, aparece y se instala, ya no como rasgo personal sino como determinante social-histórico, la obsesión por el poder, el poder por el poder, el poder como fin en sí mismo, por todos los medios y poco importa para qué. Ya no se trata de hacerse con el poder para introducir transformaciones concretas, sino de introducir las transformaciones que permitan mantenerse en el poder y reforzarlo sin cesar.

Lenin, en 1917, sabe una sola cosa: que ha llegado el momento de tomar el poder y que mañana será demasiado tarde. Así lo dirá: «Desgraciadamente, nuestros maestros no nos han dicho qué hemos de hacer para construir el socialismo». Y luego dirá también: «Si se hace inevitable un Termidor, nosotros mismos lo haremos posible». Entendamos: «Si, para conservar el poder, hemos de invertir completamente nuestra orientación, lo haremos». Y así lo hará, en efecto, en varias ocasiones (Stalin, posteriormente, llevará este arte a una perfección absoluta). Único objetivo fijo mantenido inexorablemente a lo largo de los más increíbles cambios de rumbo: la expansión ilimitada del poder del Partido, la transformación de todas las instituciones, empezando por el Estado, en simples instrumentos suyos y finalmente su pretensión, no sólo de dirigir la sociedad, sino de ser efectivamente la sociedad misma. A partir de allí se instala la Estadolatria y no lo propuesto por Marx, la absorbición del Estado por una sociedad civil emancipada.

Como es sabido, este proyecto estatista alcanzará su forma extrema y demencial bajo Stalin. Y es también a partir de la muerte de éste cuando su fracaso comenzará a ponerse de manifiesto. El despotismo del colectivismo oligárquico tiene una historia: la absorción total de la sociedad y del modelado integral de la historia por el poder del partido-aparato monolítico. También es cierto que el régimen despótico no habría podido sobrevivir durante setenta años si no hubiera logrado crearse en la sociedad importantes puntos de apoyo, desde la burocracia ultra-privilegiada hasta las capas que gozaron sucesivamente de una «promoción social»; sobre todo, sin un tipo de comportamiento y un tipo antropológico de individuo dominado por la apatía y el cinismo, preocupado únicamente por las ínfimas y preciosas mejoras que a fuerza de astucia e intrigas podía aportar a su nicho privado. Se instala la nueva clase, la Nomenklatura y el GULAG.

Dado que consideramos que el debate ideológico y programático es necesario en la discusión del Socialismo del siglo XXI, tratamos de fijar posición: Si el Socialismo del siglo XXI se nutre del marxismo-leninismo, el Socialismo del siglo XXI regresa al estalinismo en un salto instantáneo. Solo con una praxis y crítica revolucionaria del desmontaje de los fetiches, dogmas, falacias y mitos del “marxismo-leninismo”, será posible conjurar algunos de los errores teóricos mas graves de las experiencias del estatismo oligárquico que dominó el campo soviético. Es la estadolatría un obstáculo fundamental inherente a las premisas del estalinismo-burocrático. A partir del período 1927-1931, cuando se resuelve definitivamente en favor de Stalin la "crisis de sucesión" abierta por la prematura muerte de Lenin en 1924, el régimen soviético degeneró en un poder totalitario con colectivización forzada, un frenético culto de la personalidad, la criminalización de toda oposición, la omnipresente influencia de la policía secreta y la imposición de un monolítico marxismo-leninismo en todas las áreas de la vida.

El Socialismo del siglo XXI debe deslindarse radicalmente de toda la tragedia humana que se deriva del estalinismo-burocrático. Ese es uno de los retos del presente.

martes, 13 de marzo de 2007

Las condiciones históricas de producción de político- epistemológicas de la llamada filosofía "Marxista- Leninista"

Javier Biardeau
Estimado Oscar Flores:
¿Dijo Ud. réplica?

Yo intuía que Ludovico Silva tuvo razón al escribir su “Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos”. Estaba en lo correcto. El marxismo-leninismo escolástico y dogmático es parte de la ideología reaccionaria presente en el campo popular, sobre todo de los sectores proclives a la influencia de los partidos de izquierda de corte estalinista. El estalinismo está vivo, lastima que los estalinistas no lo sepan.

Comenzaré partiendo de su propia posición para polemizar con una aparente réplica. Obviamente usted pretende refutar las afirmaciones que he planteado con relación a la consideración del marxismo-leninismo como una falacia revolucionaria. ¿Qué puedo esperar de una replica? Que usted refute efectivamente los argumentos expuestos en el texto, y que polemizando con lo que he dicho, supere mis planteamientos. Tesis, antitesis y síntesis superadora, algo de esto le sonará familiar. En primer lugar, agradezco que me califique de aprendiz, me siento cómodo con este atributo, pues palabras mas palabras menos, usted descarga adjetivaciones como “arrogante ignorancia supina”. Sin duda, cuando usted afirma que: “Al hacer una lectura detenida de su artículo no me queda más que decirle que la filosofía se discute y desmonta con filosofía no haciendo una discusión política de la filosofía como ha hecho usted con arrogante ignorancia supina”. Obviaré la adjetivación, porque no permite avanzar en la polémica, aunque más adelante me adentraré en las profundidades de esta mistificación filosófica llamada marxismo-leninismo.

Por ahora, vamos al grano.
Usted parece caer en una distinción poco marxista. Al separar la filosofía de la política, repite el error fundamental de aquellos que plantean una presunta autonomía del pensamiento con relación a las condiciones históricas de producción específicas, tanto las de su propio campo filosófico, con sus corrientes principales, sus aparatos, su hegemonía y sus niveles de desarrollo material; como las condiciones del contexto político, ideológico, económico, histórico, cultural que condicionan el “debate filosófico”. ¿Puede separarse el “milagro griego” de sus condiciones de producción específicas? En fin, filosofar no se reduce simplemente a interpretar el mundo y polemizar entre concepciones rivales en el plano del pensamiento puro, pues de lo que se trata es vincular estos fenómenos con los intereses sociales que están en juego tras la fachada de las polémicas filosóficas, para llegar al llamado de Marx: ¿es posible transformar el mundo mediante la praxis revolucionaria? (Marx -Tesis sobre Feuerbach): Tesis 11: [XI] “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”

Usted señala que yo he hecho una discusión política de la filosofía. Yo diría histórico-política de una posición aparentemente filosófica, que en lo fundamental considero es una operación ideológico-política de canonizar, dogmatizar y desfigurar el pensamiento crítico y abierto tanto de Marx como de Lenin. Este es el argumento que usted no ha querido abordar directamente, y esta evasión dice mucho de la ausencia de una verdadera réplica. Usted no ha esgrimido ningún argumento que refute mi planteamiento, ni una evidencia histórica ni política ni teórica. Lo que sugiere que lo planteado en mi artículo anterior posee una fuerza de validez que no ha sido refutada aún. Como nos ha dicho Marx: Tesis 2 sobre Feuerbach: [II] El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.

El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.
De esto y algo más se trata el marxismo, pues se trata de una de las críticas más radicales a la filosofía, y las aporías de la filosofía en tanto no se auto-interprete como “filosofía de la praxis”. Pero le diría algo más radical, el planteamiento de Marx supera por completo a la problemática filosófica, es una superación de la filosofía en tanto especulación y contemplación de la “materia”, los “entes”, los “objetos”, y las “formas”; así se agregue el “movimiento” y las “contradicciones”. La filosofía marxista leninista forma parte de la escolástica en tanto que asume la tripartición entre ontología, gnoseológica y axiología, desde el punto de los filosofemas canónicos. Pero sobre todo, es una doctrina que pretende ser la concepción filosófica del mundo totalizadora tanto del conocimiento de la materia, el pensamiento como de la sociedad. Nada más y nada menos.

Marx, que yo sepa, nunca se planteó semejante mistificación. La problemática que anuncia Marx se ha tratado de re-significar en clave filosófica, sociológica, politológica, económica, antropológica, etc; pero si usted prefiere revise “la ideología alemana” y los Grundrise a ver que queda de todo este equipaje de la “filosofía marxista-leninista”. Le anuncio que no queda nada. Esta problemática filosófica ha sido pulverizada por Marx.
Por cierto, lo que no ha refutado usted es que el marxismo-leninismo sea un invento del estalinismo. Hay razones históricas y políticas para no enfrentar directamente este hecho. Usted es miembro de un Partido Comunista que ha cultivado el marxismo vulgarizado, que cree en el dogma del HISMAT y del DIAMAT1. Usted ha cultivado un sistema de creencias, obviando una confrontación directa con la obra de Marx. Como lo plantea en uno de sus párrafos: “Que la Filosofía Marxista Leninista es la concepción del mundo del Partido comunista y Arma de la Revolución Comunista Mundial en manos de la Clase Obrera. Sin está arma en las manos de los Obreros o Proletarios del Mundo no tendrá lugar la Lucha contra El Capital y por la Construcción del Socialismo para Los Pueblos del Mundo.”

Como usted se toma en serio estos enunciados, voy a ser respetuoso, pero usted está impregnado de un vocabulario y hábitos mentales que lo distancian de una renovación del pensamiento revolucionario. Usted se está condenando a una “jaula de lenguaje”. Le sugiero otras fuentes de información, una investigación rigurosa del pensamiento marxista (pasearse por el texto de Kolakowsky: las principales corrientes del marxismo o el “marxismo soviético” de Marcuse), salir de los ídolos de tribu, de la mentalización de aparato.
Usted sacará sus propias conclusiones, pero considero que no ha generado una réplica, sino que ha justificado a través de reiteraciones lo que dicen los manuales vulgarizadores del marxismo-leninismo. Y de esto se trata mi posición, de demoler la concepción estalinista del marxismo, por ser sencillamente antimarxista y por generar graves implicaciones para una praxis revolucionaria.

El marxismo-leninismo no es ni será nunca la concatenación del marxismo y del leninismo. Esto no lo defendió ni Stalin en sus Fundamentos de Leninismo (1924). La filosofía marxista- leninista no es la concepción filosófica ni el pensamiento liberador de la clase obrera en cualquier parte del mundo.
Más bien, a pesar del marxismo-leninismo, la clase trabajadora ha forjado sus herramientas teórico-críticas para luchar contra las ideologías dominantes, entre ellas el estalinismo de la nomenclatura dominante en la extinta URSS. Marx contribuyó decisivamente a que capas enteras de las clases obreras europeas se plantearan las posibilidades objetivas de la transformación de un régimen económico-social de explotación, y la construcción del Socialismo. Pero Marx tomó claramente de Flora Tristan una frase fundamental: la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. Nada de partidos-aparatos que sustituyeran verticalmente al movimiento obrero, y mucho menos de una concepción filosófica del mundo codificada por una “minoría” con auras de “pureza moral”.

Este marxismo-leninismo es un invento de una fracción política de la dirección bolchevique, la dirigida por Stalin, que siguió literalmente las divagaciones de Engels en terrenos que Marx no se atrevió a pisar, por razones perfectamente justificadas en sus obras completas, y sobre todo en sus correspondencias. Le sugiero leerlas.
Particularmente, insisto, no me ha refutado lo fundamental: ¿es o no es el marxismo-leninismo una creación del estalinismo? Aún espero su réplica. Si usted prefirió intentar convencerme con un pequeño dispositivo de citas de un manual soviético, lo siento por haberle hecho perder su tiempo. Ya hay demasiada tinta regada sobre las especulaciones de Engels acerca de la “dialéctica de la naturaleza”.

Aquí lamentablemente, y perdone que se lo diga un aprendiz, el incompetente es usted, por desconocer la superación de todo este debate. Usted podrá creer y tener fe en todo lo que sigue:
* Que la Filosofía Marxista Leninista parte de la realidad concreta que se manifiesta en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, por lo tanto, la filosofía marxista-leninista es objetiva porque parte del estudio de la realidad material* en constante cambio, desarrollo y movimiento descubriendo las contradicciones que existen en el proceso material de todos los aspectos mencionados. * Que en ella se distingue la contradicción principal de las secundarias, la contradicción antagónica de la no antagónica, la contradicción interna y externa, así como las fases de las contradicciones, sus características, sus rasgos principales, su duración, desenvolvimiento de sus luchas, cambios y tendencias hasta su extinción que dé cauce a una nueva contradicción, y una nueva fase del desarrollo material. * Que la Filosofía Marxista Leninista parte de las contradicciones internas de un proceso material como fuente principal del cambio y desarrollo, pero entiende que determinado proceso material forma parte de una totalidad, con la cual forma una unidad de contradicciones, en donde existe una conexión material con otros procesos que influencian su actividad interna, y a su vez se desarrolla una reciprocidad dando cabida a nuevos tipos de unidad y lucha. * Que la Filosofía Marxista Leninista desarrolla el conocimiento de la materia en toda la multiplicidad de sus manifestaciones e interrelaciones, pero siempre avanzando de la apariencia de los fenómenos a la esencia, y de esta a una más profunda: La esencia del fenómeno material que muestra la multiplicidad de contradicciones y leyes que históricamente determina. No existe verdad última y para siempre. * Que la Filosofía Marxista Leninista parte de que no hay conocimiento inmutable o eterno, no hay nada definitivo o para siempre, pero si hay leyes generales del movimiento de la materia así como leyes particulares de un proceso determinado, y detrás de todas las apariencias descubrir la esencia, es decir las leyes, pero la piedra de toque para la fundamentación teórica es la práctica sin cuya unidad indisoluble no existiría o no se podría entender La Filosofía Marxista Leninista. * Que la Filosofía Marxista Leninista parte de una fundamentación histórica porque parte del fenómeno inicial o proceso material, las fases, los cambios producidos entre una fase y otra en el transcurso de su desarrollo, y cuales son sus tendencias, de acuerdo a las condiciones materiales internas y externas del proceso material, así como de sus contradicciones en su curso futuro. * Que la Filosofía Marxista Leninista se desarrolla en un infinito proceso de descubrimiento de nuevos aspectos, contradicciones y relaciones. * Que la Filosofía Marxista Leninista analiza la transformación de cantidad en calidad, las negaciones, la unidad y lucha de contrarios, así como los nuevos tipos de contradicciones. * Que la Filosofía Marxista Leninista da cuenta de los múltiples cambios cuantitativos que se van manifestando en los distintos procesos materiales, hasta dar paso a una nueva cualidad, partiendo, generalmente, que los cambios cuantitativos se dan en períodos de tiempos más largos y los cualitativos, que implica un “salto” hacia una calidad de la materia se manifiesta en períodos de tiempos más cortos, pero que finalmente son resultado de las contradicciones hacia una nueva fase del desarrollo de la materia. * Que la Filosofía Marxista Leninista descubre la lucha del contenido con la forma de todo el proceso material, y cómo se da ésta, hacia una nueva definición, para abandonar la vieja forma y transformar el contenido. * Que la Filosofía Marxista Leninista parte del análisis de las partes de cada proceso material, de su particularidad, y de su relación con el conjunto, y la suma de las partes. * Que la Filosofía Marxista Leninista es la concepción del mundo del Partido comunista y Arma de la Revolución Comunista Mundial en manos de la Clase Obrera. Sin está arma en las manos del los Obreros o Proletarios del Mundo no tendrá lugar la Lucha contra El Capital y por la Construcción del Socialismo para Los Pueblos del Mundo. Todo esto puede ser base de una especulación filosófica sobre la materia y su movimiento, y sobre la imposibilidad de una lucha contra el capital sin la filosofía marxista leninista y el partido-aparato, pero no refuta en nada lo que le he planteado: ¿Es o no es un invento del estalinismo? ¿Es el marxismo soviético una interpretación adecuada de la obra de Marx?.

Usted tiene la palabra. Espero su respuesta. Atentamente.
Javier Biardeau R.
Bibliografía: Varios autores. Fundamentos Filosóficos del Marxismo Leninismo. Editorial Progreso.

Copiado de:
http://www.aporrea.org/ideologia/a31908.html