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lunes, 17 de diciembre de 2007

¿Dijo usted reconciliación?

Rigoberto Lanz

rlanz@cipost.org.ve

Cada vez que la cosa se pone intensa aparecen las almas buenas con los discursos de “la gran familia venezolana”. Sobre manera si tales cantaletas provienen de curas, “notables” y “fuerzas vivas”. No quiere ello decir que el ideal de país sea esta diatriba cotidiana donde el otro está permanentemente estigmatizado por los odios y las irracionalidades de la prepolítica. Pero de allí a los arrebatos de la “reconciliación” hay un trecho largo.

Lo primero que debe ser desmantelado es este síndrome hipócrita de “la gran familia venezolana”. Tal figura no existe ni ha existido nunca, es decir: en Venezuela nunca ha habido una situación socio-política en la que la comunidad de sus habitantes estén unidos por lazos solidarios, donde las relaciones sociales se funden en la cooperación, donde los modelos decisionales se fundamenten en la participación protagónica de la gente, donde no haya necesidad de un Estado gendarme que ejerza la violencia en nombre del “bien común”. Esa sería la situación antropo-política en la que tal vez pueda hablarse de “la familia venezolana”.

Pero es obvio de toda obviedad que tal estructura social nunca ha existido. En su lugar, lo que hemos tenido históricamente es una sociedad brutalmente escindida entre la opulencia y la miseria, entre las élites dominantes y el pueblo depauperado, entre las clases acomodadas y las masas hambrientas. ¿Cuál es esa “familia venezolana”?

La gente no se divide gratuitamente según un fogonazo del estado de ánimo. Es evidente que en Venezuela coexisten diversas clases sociales, grupos de intereses, sectores étnicos y religiosos, capas etáreas y de género, sensibilidades políticas y morales, en fin, una enorme diversidad de intereses en conflicto que se expresas en todos los ámbitos de la vida. En el espacio público este cuadro de contradicciones adquiere la forma de opciones ideológicas enfrentadas, visiones del mundo que pueden ser muy antagónicas, maneras de entender el país y el mundo que no pueden disolverse una en la otra. Esa división no se resuelve con palmaditas de buen vecino ni con llamamientos hipócritas a la “reconciliación”. No se trata de una declaración de guerra en la que ninguna convivencia sea planteable. De lo que sí se trata es del reconocimiento responsable de conflictos, contradicciones y antagonismos que están en la base estructural de este tipo de sociedad. Lo cual no quiere decir que sea una maldición de “toda” sociedad. He dicho: de este tipo de sociedad. Mientras tengamos un modelo de organización social fundado en la explotación, la coerción y la hegemonía, no hay “familia” que valga. Mientras persista un modelo de organización social determinado por la lógica del capital, la figura de la “familia venezolana” es una retórica encubridora de las lacras del capitalismo. Mientras las miserias del poder estructuren las prácticas y discursos de la gente, la falacia del “nosotros” no hace sino escamotear el juego de intereses de las élites dominantes.

Una cosa muy diferente es la búsqueda de espacios de diálogo político, zonas de distensión para que la gobernanza prospere, puentes y negociaciones de todo género para que los conflictos no derrapen en violencia ciega. Ese es otro asunto. Hace rato que estamos urgidos de una voluntad expresa que contemple al otro en el propio punto de partida de la política. No hay país posible sin el cultivo paciente y cuidadoso de estos espacios de concertación. Lo cual nada tiene que ver con “reconciliaciones”. Se trata del reconocimiento democrático de la diferencia, del juego político con reglas precisas, de una interacción conflictiva y tensa pero que no supone fatalmente la destrucción y la guerra. ¿De quién depende?

El cemento más seguro para una convivencia democrática es la existencia de una densa cultura política instalada en la piel de la gente, es decir, una cultura democrática que funciona ella misma como límite del conflicto. En Venezuela estamos lejos de ese ideal. Pero podemos caminar en esa dirección echando abajo los poderosos obstáculos de la miseria y la exclusión cuya persistencia hace inviable cualquier idea de país.

lunes, 3 de septiembre de 2007

La política ha muerto, viva "lo político"

Rigoberto Lanz

¡La política ha muerto, viva “lo político”! La modernidad política se ha esfumado de varias maneras: por agotamiento de los discursos, por irrelevancia de sus formas, por la vacuidad de sus modelos de representación.

De esa profunda crisis no hemos salido. De la perplejidad posmoderna a la construcción de alternativas nuevas media un trayecto que está aún por transitarse.

Peor todavía si nos encontramos en contextos como el latinoamericano, donde ni siquiera pudimos edificar una cierta modernidad periférica que sacara algún provecho de la experiencia europea. Cambiamos modernidad por modernización y terminamos heredando lo peorcito de la experiencia política ilustrada.

El tortuoso camino del “desarrollo” en América Latina ha estado asociado al no menos dramático itinerario de la vida pública en la región. De una dictadura a otra, por estos predios es poco lo que va quedando para imaginar formas políticas de nuevo tipo que sintonizaran de algún modo con la enorme riqueza antropológica del continente.

Las incrustaciones democráticas no han sobrepasado los rituales electorales y los cascarones institucionales más inútiles. La partidocracia se encargó de hacer el resto: convertir las prácticas mafiosas en una verdadera subcultura de la corrupción. La debacle de la política es el denominador común más generalizado en la región. El brutal desprestigio del oficio político ha sido tan hondo que se llevó en los cachos el concepto mismo de “lo político” como espacio instituyente de cualquier socializad.

De allí venimos. La antipolítico funcionó por un rato como divertimento para que cantantes y modelos hicieran su pasantía por el espacio público. El fin de la política ha significado en América Latina algo mucho más profundo que la metáfora del fin de la historia en versión del Norte. La ruina de las parafernalias democráticas, cínicamente funcionales con las atrocidades de la miseria, la violencia y la exclusión, corre pareja con la evaporación de los “grandes relatos” de la redención. De la “liberación nacional” a la guerra de guerrillas, del “nacionalismo” a los “países en vías de desarrollo”, el desenlace siempre fue el mismo: perpetuación de las oligarquías criollas siempre en matrimonio con los capitales foráneos (lumpen-burguesía, le llamaría André Gunder-Frank).

El pueblo, las masas, la multitud… qué más da si lo único palpable ha sido la reproducción incesante de lo mismo. La gente se alzó mil veces y mil veces fue aplastada. De crisis en crisis –en los límites agonísticos de un continente inviable- llegamos a esta hora que significa un despertar para las pocas esperanzas que fueron quedando por allí esparcidas.

Lo que ocurre políticamente hoy en América Latina es justamente un revolcón simbólico donde los sueños han tomado la palabra, lo imposible se aproximó relampagueante, lo utópico pugna por untarse de realidad (“Nunca tan cerca retumbó lo lejos”, diría César Vallejo). Este viraje a la izquierda que se observa en el mapa político de la región está significando una reanimación del espacio público, que viene acompañada de una gran efervescencia de la participación, de la conciencia política, de la voluntad de lucha. Los grandes –y realmente graves- problemas de la región latinoamericana persisten en esta coyuntura. Lo nuevo es tal vez la emergencia de un actor que fue históricamente silenciado: el pueblo.

Este “resurgimiento de la política” (como gustaría decir al amigo Miguel Ron Pedrique) podría terminar por revitalizar la vida ciudadana dándole a “lo político”, otra vez, el chance de refundar la convivencia, de instituir una nueva socializad, de poner en escena un nuevo contrato social. Las revueltas populares del siglo XXI no son ya las montoneras acaudilladas por aventuras despóticas de los siglos pasados.

De la guerrilla zapatista en México a la etno-política que nos proponen los bolivianos, pasando por el ensayo venezolano, hay un rico abanico de experimentación que coloca al continente latinoamericano en un excepcional horizonte de posibilidades, de cara a lo que acontece en el resto del globo.

Fuente: El Nqcional, 26-08-2007

lunes, 2 de abril de 2007

Partido Único y Burocracia: la necesidad de una Nueva Cultura Política

Carlos Lanz R.

Publicado en http://www.aporrea.org/ideologia/a29044.html el 5/01/07

Las reflexiones y toma de posición en torno al “partido único” están al orden del día en el seno de los revolucionarios venezolanos. De los primeros puntos de vista que hemos conocido públicamente se desprenden diversas posturas:

1.- Se ha puesto en el tapete como los intereses sectarios y grupales se “agiornan” y se proclaman suscritores del partido único teniendo en la mira su perpetuación como élite burocrática, para lo cual acudirán a censar pelotones y batallones, reclamando puestos y prebendas sobre la base del cuociente electoral.

2.- Grupos o individualidades han visto como plataforma de sobrevivencia el liderazgo del comandante Chávez, llegando algunos a la fórmula de la disolución sin debate.

3.- Vanguardias autoproclamadas sienten que se les movió el piso y ven en la unidad un peligro para sus intereses particulares.

4.- Los cazadores de fortuna y los enfermos de “carguitis”, se lanzan tras el slogan de moda para evitar salir del gobierno, queriendo ser los primeros en autopostularse como miembros del futuro partido único.

5.- Los stalinistas de siempre creen que les llegó la hora de poner orden y disciplina en el aparato partidista a través del “centralismo democrático”.

6.-Voceros de las bases populares han encontrado en la propuesta unitaria una línea organizativa para darle mayor coherencia a la gestión pública, superando la dedocracia.

7.- Sectores vinculados a los nuevos movimientos sociales, están demandando la constitución de red de redes y no la organización única

8.- Diversas agrupaciones están exigiendo debates, como paso previo a la integración.

9.- Algunos sectores críticos han visto como un retroceso programático el planteamiento de partido único.

10.- Varios intelectuales exigen evaluar la experiencia histórica y debatir primero la problemática del Socialismo del Siglo XXI.

En estas 10 posturas se encuentran reflejadas diversas maneras de entender el asunto de la organización, pero no sólo se trata de un problema cognitivo sino que involucra también intereses, por supuesto incluidas las cuotas burocráticas y las corruptelas. De allí la importancia de impulsar la batalla de ideas, profundizando algunas aspectos que en la vieja cultura política están escamoteados o silenciados, como es el caso de la burocracia y su conexión con la cuestión organizativa, donde se incluye el partido.

Compartimos la visión que la discusión sobre el partido no se puede separar del debate sobre ¿Cual socialismo?

Igualmente el análisis de la organización y sus múltiples implicaciones sería chucuto si no se contextualiza el papel que juega la burocracia en la actual cultura organizativa que predomina entre nosotros

El fenómeno burocrático ha suscitado innumerables investigaciones, debates, divisiones, purgas y fracasos en el movimiento revolucionario mundial y en el nuestro en particular.

En múltiples ocasiones este se convierte en el principal obstáculo en el proceso transformador. Por ello, evaluar el impacto alienante de la burocracia y su superación, se convierte en un reclamo esencial del actual proceso que estamos impulsando en Venezuela.

En esa dirección, voy referirme al proceso investigativo y a las experiencias militante donde hemos conocido tanto las consecuencias de este fenómeno como la iniciativas y propuestas formuladas para combatirlo.

Sobre la burocracia hay diversas interpretaciones, las cuales van desde quienes la justifican dándole carta de naturalidad, los que la ven como un mal necesario y quienes la asociamos a un determinado marco histórico-social, específicamente al régimen de producción capitalista.

Ya Carlos Marx en uno de sus primeros escritos (Crítica a la Filosofía del Derecho) señalaba que la burocracia consiste en tratar el “ser real como un ser ideal”, sustituyendo lo empírico por su representación, donde la realidad se sustantiva y autonomiza en lo formal. Esta inversión de la relación sujeto-predicado no se reduce solamente a unas premisas lógicas, sino que posee una trama material en las relaciones de producción capitalista, particularmente la División Social del Trabajo. Hacemos énfasis en esta relación de producción, porque teóricamente e históricamente ha sido subestimada como factor enajenante y contrarrevolucionario. Este olvido tiene mucho que ver con los estragos ideológicos del marxismo soviético y más puntualmente del stalinismo. José Stalin canonizó un error que cometió Lenin con la Nueva Política Económica (NEP) en los comienzos de la revolución rusa. Sobre la base de que el proletariado no tenía científicos, técnicos ni intelectuales en términos generales, Lenin suscribió la tesis de la alianza con la tecnocracia del momento, aceptando el monopolio y la jerarquía del saber heredada de la división del trabajo. La Academia de Ciencia de la URSS sistematizó esta política convirtiéndola en una Ley de la construcción del socialismo, donde de alguna manera se justifica la perpetuación de esta relación de producción capitalista y se hace una apología de la burocracia, ahora en nombre del Secretario General, del Buró Político o del Comité Central del PCUS. Es comprensible el porqué para la burocracia le es funcional no meterse con esta relación de dominación, ya que sería su propia negación. Es por eso que la pelea contra la burocracia sin poner en discusión la División Social del Trabajo capitalista que es su sustentación teórica y práctica, sería un contrasentido. Por ello estamos obligados en la actual coyuntura a precisar las implicaciones del referido escamoteo del stalinismo.

La división entre el trabajo manual y el intelectual, como rasgo constitutivo de la división del trabajo en el capitalismo, posee diversas derivaciones:

  • Contradicción entre la teoría y la práctica, separación entre el saber y el hacer.
  • Dualismo sujeto-objeto, conflicto entre la subjetividad y la objetividad.
  • Fragmentación y atomización teórico-práctica, parcelación y simplificación de la tarea como lo hace el taylorismo.
  • Jerarquías y especializaciones, que consagran a la expertocracia y niegan el dialogo de saberes.

Estas derivaciones de la División Social del Trabajo la encontramos en el conjunto de las relaciones sociales en nuestra sociedad y sus consecuencias enajenadoras (divisiones, extrañamientos, separaciones, divorcios, contradicciones) cotidianamente están vivitas y coleando en diversas instituciones: Estado, Fábrica, Escuela, Parlamento, Sindicato, Partido.

Esta raíz histórico-social de la burocracia de rutina se ignora en los análisis y propuestas anti-burocráticas, acudiendo a las simplificaciones: es un problema de cargos y organigramas, en otros casos se limita al tópico de la honestidad y compromiso de hombres y mujeres. Sin desconocer la incidencia de estos factores, hasta nuevo aviso esta focalización es inadecuada porque no asume la crítica y el desmontaje de las relaciones de producción capitalista, específicamente como hemos señalado la división del trabajo que es un relación suprapersonal, queriendo decir que está adosada a la estructura del capital no en el sujeto social.

Esta puntualización nos conduce a globalizar el análisis de la burocracia, ubicando sus múltiples determinaciones:

  • Existe una génesis o raíz de la burocracia: la división social de trabajo capitalista.
  • También existe una estructura como soporte simbólico y material de la burocracia, partiendo de esta división del trabajo: normas jerárquicas, funciones escindidas, tareas parceladas.
  • Están los sujetos sociales (individuos, capas sociales, clases, etnias) que interactúan en este contexto, que producen y reproducen esta relación de dominación.

A partir de esta caracterización, podemos proponer el siguiente mapa conceptual: el concepto burocracia referido a su génesis, burocratismo atinente a la estructura, burocratización como amenaza permanente que surge del proceso.

En tal sentido el combate al fenómeno burocrático hay que darlo en diversos frentes de batalla: génesis, estructura, sujetos, proceso.

Esta categorización hace compresible entonces, las limitaciones que hemos conocido cuando nos enfrentamos a la burocracia con un enfoque simplista:

a.- En muchas ocasiones el esfuerzo se hace en cambiar al dirigente, confiando que esto es suficiente para resolver el problema de la burocracia, pero al no atacar la raíz, enfrentar la estructura y prevenir los riesgos de la burocratización, se reproduce el fenómeno como algo fatal.

b.- De allí surgen los desengaños y la desesperanza: “se lo comió la estructura”, “se comporta como un burócrata”. “se echo a perder en el cargo”, “se le subieron los humos a la cabeza”.

c.- No es metafórica la existencia de una maquinaria burocrática que puede moler las mejoras intensiones e inutilizar dirigentes honestos y comprometidos.

En este contexto pienso en la experiencia de CVG-ALCASA, donde siendo presidente de esta empresa básica tutelada por la tecnoburocracia de la CVG y del MIBAN, estoy colocado en el epicentro del “conflicto paradigmático”, como dicen los epistemologos:

  • La cultura organizativa y gerencial está cimentada en la división del trabajo, con una clara adscripción jerárquica y piramidal.
  • En los estatutos de la empresa, se le otorga al presidente un amplio mandato para decidir, por ello todo muere en la “presidencia”.
  • Como revolucionario consciente del fenómeno burocrático se me plantea una interrogante ¿Me adapto a lo establecido, asumiendo el status gerencial que da el cargo? ¿O promuevo otra manera de gerenciar los asuntos públicos, construyendo una nueva cultura política, en este caso, en el marco del proceso cogestionario?
  • En la empresa se viene desarrollando una experiencia de democracia obrera, donde los trabajadores han elegido a los diversos gerentes de las diferentes instancias administrativas y operativas de la planta. Pero este proceso choca con los estatutos de la empresa porque allí se establece que es el presidente quien los designa. Por eso nos hemos planteado cambiar dichos estatutos vigentes desde hace décadas, teniendo viso anti-constitucionales ya que respondían a otro momento histórico. Pero ¿Qué hubiese ocurrido si yo me apego estrictamente a la norma y coloco lo formal por encima de lo real o no considero las demandas de “renovación gerencial” impulsadas por los alcasianos?, simplemente me hubiese comportado como un burócrata más que defrauda las expectativa de la gente, en este caso, por apego al fetichismo jurídico, es decir, por el culto a la norma sin valorar su pertinencia, sin considerar el grado de legitimidad de la misma o hasta donde choca con la justicia que la CRBV coloca al lado del estado de derecho.
  • Obviamente el proceso de renovación gerencial en ALCASA no se puede quedar en la elección democrática sino que avanza hacia las otras determinaciones de la desburocratización:
  • Cambios de la cultura organizacional cimentada en la división social del trabajo.
  • Reestructuración o reingeniería para eliminar papeleos y excesivo formalismo reglamentario, solapamientos de funciones, ineficiencias, atomización y parcelación de tareas que surgen del paradigma taylorista.
  • Desarrollo de la gerencia participativa que se caracteriza por: el dialogo de saberes, el aprendizaje colectivo, la comunicación asertiva, la delegación de funciones, la transferencia de competencias, el trabajo en equipo y las decisiones colegiadas.
  • Construcción de instancia de base (voceros, mesas de trabajo, consejo directivo, asamblea general) como mecanismo para elaborar, planificar, ejecutar y evaluar programas y proyectos.
  • En este caso, el enfrentamiento se da en las diversas determinaciones: burocracia, burocratismo, burocratización, dicho de otra manera, intentamos ir a la raíz de la burocracia, cambiar las estructuras que producen el burocratismo, conscientizar y organizar a los sujetos, construir mecanismos profiláctico contra la burocratización.

No es difícil concluir que el referido proceso anti-burocrático hay que enmarcarlo en una perspectiva global:

1.- Cambio cultural, con ruptura de paradigmas.
2.- Transformaciones metodológicas y técnicas
3.- Modificaciones organizativas.

Tal realidad asumida como proceso, como interacción constructiva, demanda el empleo de un método que corresponda a dicho enfoque. Este aspecto lo vamos a examinar a continuación.

INVEDECOR COMO SOPORTE DE LA NUEVA CULTURA POLITICA

Las anteriores reflexiones y el esfuerzo por superar el expediente burocrático, para nosotros como corriente ideológica que rompió desde hace algunas décadas con la partidocracia no es nuevo, ni tiene una motivación coyuntural, sino que tiene ver con la revolución cultural, donde se incluye lo organizativo. Cualquier lector que revise parte de nuestro acervo cultural, particularmente en el ámbito investigativo y educativo en las dos últimas décadas, podrá encontrar que gran parte de nuestro esfuerzo crítico se ha centrado en el cuestionamiento a la División Social del Trabajo capitalista.

Como una ilustración de esta última apreciación, vamos a reseñar un ensayo que elaboré hace bastante tiempo que lleva por título PROPUESTA DE NUEVA CULTURA POLITICA. Para una crítica de la partidocracia. Ediciones Primera Línea .Febrero de 1998.
En dicho trabajo haciendo una crítica de nuestra experiencia burocrática, planteamos lo siguiente.
Los postulados burocrático-paternalistas, están vinculados orgánicamente a la división social del trabajo (separación entre las tareas intelectuales y manuales, contradicción teoría-práctica, divorcio sujeto-objeto, etc) la cual como paradigma o visión, posee implicaciones axiológicas, epistemológicas, pedagógicas, comunicativas y organizativas. En este orden de idea, la burocracia - paternalista posee los siguientes rasgos:


- El fin justifica los medios, en el terreno de los valores.
- Monopolio y jerarquía del saber, en el ángulo epistemológico.
- El partido educa las masas, como criterio pedagógico y didáctico.
- Información-órdenes, control de la opinión, distorsión comunicativa.
- Verticalismo, jefecismo, centralización en lo organizativo.

En una estructura organizativa donde el paradigma que rige la vida interna tiene el sello de lo anteriormente descrito, no puede conducir si no a la “ militancia alienada”, donde el aparato convertido en un fin en si mismo, se autonomiza de la base social con la práctica sustitutiva: el soberano es sustituido por el órgano local, este a su vez es sustituido por organismos regionales, siguiendo con una cadena sustitutiva donde la instancia regional es sustituida por el Comité Central y éste es sustituido por el Buró Político, terminando todos al final sustituido por el Secretario General .

La evaluación y sistematización de este proceso burocrático me condujo en los últimos años de prisión en el Cuartel San Carlos, conjuntamente con los prisioneros políticos de aquel entonces en el año1982, a proponer los COLECTIVOS DE DEMOCRATIZACION DEL SABER como instancia organizativa. Desde aquel momento me he negado a participar en instancias partidarias donde se reproduce la dominación, surgiendo la necesidad histórica de promover otras formas de intervención y organización política, lo que hemos denominado NUEVA CULTURA POLITICA, CENTRADA EN EL COMBATE A LA ENAJENACIÓN EN EL TERRENO ORGANIZATIVO:

  • Cuestionamiento al “déjeme pensar por usted” y a la expropiación del saber.
  • Rechazo a la usurpación y tutela de la soberanía popular, enfrentamiento a los cogollos y élites burocráticas.
  • Propuestas que eviten la concentración del poder de decisión en pocas manos.
  • Desarrollo de la democracia directa como control de la delegación y del mandato otorgado a los dirigentes.

En esa dirección, hemos venido desarrollando una propuesta metodológica bautizada con las siglas INVEDECOR, que asocia la soberanía política a la SOBERANIA COGNITIVA como modo de producción de conocimiento que permite conquistar la autonomía, desarrollar la autogestión, rompiendo con las tutelas y dependencias. De igual manera hemos venido trabajando en una nueva pedagogía o didáctica política íntimamente relacionada con una nueva racionalidad comunicativa .

Veamos las implicaciones de estas premisas teórico-metodológicas en la construcción de una Nueva Cultura Política con el METODO INVEDECOR, el cual es una ESTRATEGIA DE ARTICULACIÓN de la función investigativa, formativa, comunicativa y organizativa:

1. Modo de producción de conocimiento, que permite construir la unidad o identidad entre la teoría y la práctica, combatiendo en tal sentido una de las derivaciones de la división social del trabajo, es decir, la separación entre las actividades intelectuales y manuales, reivindicando la intersubjetividad, tomando en cuenta la producción de sentido y las significaciones de los sujetos sociales.

De allí la necesidad de:

- Empalmar el saber y el hacer, construir nexos entre la investigación y la acción.

- Participación e implicación colectiva en la producción de conocimiento.

- Contextualización y pertinencia del conocimiento, inserción en problemáticas especificas y en comunidades concretas.

- Diálogo de saberes y construcción del imaginario colectivo.

- Verdad como intersubjetividad, la praxis como criterio de validación.

Este enfoque epistemológico permite poner en discusión el papel de los intelectuales tradicionales, (expertos, especialistas ) y reducir el protagonismo de las VANGUARDIAS ILUMINADAS, como cuerpo separado de los sujetos sociales.

De esta forma la soberanía política no se reduce al sufragio, al hecho electoral, ni al activismo-tareismo, sino que se cualifica desde la SOBERANIA COGNITIVA, COMBATIENDO LA JERARQUIA Y EL MONOPOLIO DEL SABER.

El ejercicio de esta DEMOCRACIA DEL SABER, como proceso permite que el sujeto haga real su soberanía política a través de una praxis política integral, y en consecuencia, se le de respuesta a la CRISIS DE PARTICIPACIÓN, ya que en este caso no es una participación tutelada o seudo-participación, sino PARTICIPACIÓN PLENA, INTEGRAL (se participa en la elaboración, planificación, ejecución y evaluación).

2. Desarrollo de un enfoque pedagógico, que tiene como fundamento el aprendizaje significativo por descubrimiento: aprender haciendo, aprender a aprender, aprender a ser, didáctica investigativa.

3. Estrategia comunicativa centrada en el dialogo, en la construcción del consenso semántico, combatiendo las distorsiones informativas y la incomunicación.

4. Clima y desarrollo organizacional basado en la democracia directa y el protagonismo de base, la cual denominamos coloquialmente DEMOCRACIA DE LA CALLE, tal como la vamos a reseñar más adelante.

Estos cuatros aspectos articulados producen una sinergia con un impacto muy fuerte en la participación y en la acción transformadora.

INVEDECOR surge como producto de haber detectado las insuficiencias y déficits que poseen cada uno de estos aspectos por separado.

De allí que cuando metodológicamente nos preguntamos sobre la incidencia de este enfoque en la explicación – compresión de la SEUDO PARTICIPACIÓN, encontramos:

  • En programas, planes y proyectos, no somos sujetos protagónicos de su elaboración, sino meros ejecutores.

Si no me implico en la producción de conocimiento, el saber me es ajeno, estoy excluido de un ámbito del poder de decisión: SABER ES PODER.

  • Pero no basta el diagnóstico participativo, sino que se requiere desarrollar un proceso de aprendizaje, que involucra conflicto cognitivos, resistencia, desaprender, proceso de concientización, conocer como aprendo ( metacognición ). No todos aprendemos de la misma manera, al mismo tiempo y con la misma estrategia metodológica.
  • Del mismo modo, existen barreras comunicativas o distorsiones comunicativas, como son los silencios cómplices, el corrillo y la maledicencia, la descalificación y el estilo de cliché. Todas estas limitaciones obstaculizan el debate y el logro del consenso, enrarecen la relación interpersonal o grupal.
  • De igual manera en los aparatos burocráticos hay monopolio informativo, manipulaciones propagandísticas, control de la libertad de expresión, persecución a la divergencia la cual es silenciada. De allí la importancia de una estrategia comunicativa adecuada: transparencia, saber escuchar, aceptación de la divergencia, el diálogo como debate y la confrontación de puntos de vista diversos, no el monólogo de la unanimidad. A este clima también le denominamos cultura del debate.
  • Desarrollo organizacional, que busca el protagonismo en una relación horizontal, que resume las anteriores determinaciones: producción colectiva de saberes, aprendizajes significativos, comunicación auténtica.

Todos estos aspectos están interrelacionados como totalidad concreta, no siendo saberes parcelados (conocer, aprender, comunicar, organizar).

Como dinámica procesual, INVEDECOR es un proceso de construcción, y la articulación, no es apriorística o de orden lógico.

En la práctica social o política, la articulación no viene dada e incluso es muy común encontrar desarrollos desiguales entre las funciones investigativas, formativas y comunicativas.

Por ello se requiere de una EVALUACION DE PROCESO, QUE PERMITA SISTEMATIZAR LAS EXPERIENCIAS Y CONSTRUIR LA ARTICULACION:

¿En que estamos fallando: producción de conocimiento, aprendizajes, comunicación, espacios organizativos?

¿Dónde están las debilidades y amenazas: en una inadecuada estrategia comunicativa, en déficits informativos, en el conflicto cognitivo?

¿Cuál es el nexo entre la estrategia de articulación y la crisis de participación:

  • Seudo-participación y expropiación del saber.
  • Ausencia de participación y enseñanza repetitiva-memorística,
  • Resistencia al cambio y silencios cómplices.?

El método INVEDECOR asume el reto de construir un clima político-organizativo donde pasemos de ser espectadores y relativamente actores, a ser autores de las transformaciones planteadas.


DEMOCRACIA DE LA CALLE Y EL DESARROLLO ORGANIZACIONAL

Veamos ahora, las implicaciones del anterior enfoque en aspectos más específicamente organizativos, referidos al proceso o práctica de la democracia real que hemos denominado democracia de la calle.

Este término es una expresión coloquial que un juglar conceptuó hace ya tiempo (I Encuentro de la Corriente Histórico-Social realizado en Barquisimeto en el Centro de Educación Popular Exeario Sosa Lujan.1889) como contraria a la democracia de salón, de los conciliábulos parlamentarios, de los cogollos y cenáculos burocráticos.

Tomando muy en cuenta esta señal del sentido común de un poeta popular, desarrollamos aquella evocación de la democracia plebeya vinculándola a la herencia histórica de la democracia obrera (elección directa, rendición de cuenta, revocatoria del mandato) y a las nuevas demandas de una política anti-burocrática (rotación en los cargos, delegación funcional, democracia del saber).

En esa dirección, nos colocamos frente al MALESTAR DE LA DEMOCRACIA y el agotamiento del régimen político fundado en la democracia representativa. Pero particularmente nos ubicamos en el combate a la burocracia con el desarrollo de la democracia real, conjurando debilidades y amenazas implicadas en cualquier modalidad organizativa. Sin suscribir posturas anarquistas, es necesario reconocer que en toda estructura organizativa es indispensable delegar la soberanía política, otorgar mandatos, lo que implica peligros de enajenación. Entonces la clave del asunto está en los mecanismos que controlen la delegación

Es así como formulamos un conjunto de criterios o premisas de la democracia directa, que permiten un CONTROL DE LA DELEGACION DEL PODER Y SALVAGUARDAN LA SOBERANIA POLITICA:

  • ELECCION DIRECTA DE TODOS LOS CARGOS.

Estamos opuestos a las elecciones indirectas (o de segundo grado) de los dirigentes o representantes

  • RENDICION DE CUENTA

Se trata de la presentación de cuenta por parte de los dirigentes, delegados o representantes. Este balance debe presentarse periódicamente ante asambleas libremente convocadas.

  • REVOCATORIA DEL MANDATO

Con la discusión y evaluación de la gestión de los dirigentes, los sectores de base tienen la potestad de destituir a quienes no cumplan con el mandato.

  • DELEGACION FUNCIONAL

Ningún representante o dirigente puede tener poder discrecional para decidir cuestiones que no han sido discutidas y aprobadas en las instancias de base

  • ROTACION DE LOS CARGOS

Esto evita el enquistamiento de roscas o grupos, combate la especialización y la expertocracia, ya que en nombre de las experiencias y del saber acumulado se pueden perpetuar indefinidamente unos determinados dirigentes en determinadas responsabilidades.

  • LIBRE JUEGO DE LAS IDEAS

La investigación, la libre confrontación de opiniones divergentes se constituyen en un verdadero diálogo de saberes, reconociendo la discrepancia como normal. Para ello se requiere de la gestación de la cultura del debate, de la comunicación libre de coerción.

  • DEMOCRACIA DEL SABER

Se trata del libre acceso al conocimiento (soberanía cognitiva) teniendo ideas fundamentales sobre los problemas en debate.

De esta manera se cualifica la decisión ya que no solo se trata de cómo se decide, si no también la posibilidad de participar en la elaboración, planificación y ejecución de programas, planes y proyectos.