viernes, 20 de abril de 2007

La Emancipación del Trabajo como base del programa Socialista

Carlos Lanz Rodríguez

I.- LAS INTERROGANTES SOBRE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA

En la actual coyuntura que vive la revolución venezolana se viene generando un clima de debate y reflexión en torno al socialismo, proceso éste donde se comienza a presentar las diversas concepciones, teorías, experiencias, sueños y esperanzas, en torno al cambio revolucionario .

Se trata de un debate inconcluso en el seno de los revolucionarios no sólo en Venezuela sino en todo el mundo, el cual ha cobrado fuerza en diversos momentos y ha producido montones de artículos, textos, sin dejar de dejar de señalar la ola de sanciones, expulsiones, excomuniones y otros expedientes propios de la burocracia partidista que silenció cualquier discrepancia con el dogma oficial del momento. Esto es harto conocido y puede rastrearse documentalmente en las historias de las Internacionales Comunistas o trotskistas, y en los diversos agrupamiento consulares en los que se dividió la izquierda mundialmente

En tal sentido, la pregunta . ¿ Cual Socialismo ? nos señala la inmensa responsabilidad intelectual que demanda el debate actual, donde la cuestión del socialismo no se puede simplificar ni banalizar, así como tampoco debemos reproducir el dogmatismo-empirismo.

En relación a esta última pareja epistemológica, también podemos señalar por experiencia que la simple repetición de recetas y categorías aplicadas mecánicamente y su combinación con el tareismo no puede conducir sino al fracaso, unas premisas no contextualizadas históricamente amarradas con una práctica ciega, conduce al oportunismo ideológico.

Por otro lado hoy se puede reconstruir como el marxismo soviético, no fue más que una determinada manera de entender los aportes de Marx, donde estaban ausentes varios trabajos de este autor considerados como no “científicos”, “obras juveniles”, entre ellos los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844, los Grundrisse, el Capítulo VI Inédito de El Capital, entre otros.. Precisamente, se trataba de aquellos escritos donde Marx desarrolla la crítica de la economía política desde una perspectiva humanista, condenando la explotación del trabajo desde el proceso inmediato de producción. Esta última lectura de Marx no permite justificar en su nombre la adopción de un “modelo de acumulación socialista”, ni la aplicación de la Ley del Valor-Trabajo en la construcción de la nueva sociedad, muchos menos pudiese justificar un concepto de productividad de base taylorista tal como lo desarrollaron los soviéticos .

En esa dirección, particular importancia posee las investigaciones planteadas sobre el CAPITULO VI INEDITO DE EL CAPITAL, donde el Marx definido como “maduro” reitera la crítica a la enajenación del trabajo, condena la sumisión del trabajo al capital a partir del proceso inmediato de producción, reivindica el humanismo y la subjetividad del trabajo como emancipación, tal como lo había sostenido en sus escritos llamados de “juventud”, como son los Manuscritos Económicos-Filosóficos de 1844 y otros trabajos.

Algún lector no consustanciado con tal referencia bibliográfica ni con sus implicaciones en la construcción socialista, puede pensar que se trata de una problemática teoricista, propia de académicos.

Sostengo que este es un nudo crítico de cualquier cambio revolucionario, es decir, definir estos aspectos de lecturas es básico en la superación del capitalismo. Los soviéticos no sólo fracasaron por las prácticas burocráticas del partido, sino porque reprodujeron la lógica de la acumulación capitalista en una óptica economicista y tecnocrática: no eliminaron la extorsión del trabajo, aplicaron los desarrollos científico-técnico sin crítica, adoptaron el taylorismo bautizado para la época como “stavjonismo”.

Esta reflexión no es gratuita porque en Venezuela hay grupos e individualidades identificadas con el marxismo soviético que quieren un “socialismo científico” fundado en el desarrollo de las fuerzas productivas, en la aplicación de la ciencia y la tecnología sin discusión, en la perpetuación de la división social del trabajo.

El aspecto dilemático del socialismo como negación del capitalismo, es la superación de la Ley del Valor, como teoría y práctica de la explotación del trabajo, hoy por hoy la clave es eliminar la enajenación del obrero que vive las consecuencias de la fragmentación de la tarea.

De allí, la urgencia de responder las siguientes 5 preguntas:

1.- ¿ Puede construirse el socialismo manteniendo la contradicción entre el proceso de trabajo y la valorización o aceptando la primacía del valor de cambio por encima del valor de uso ?

2.- ¿ Puede construirse el socialismo sin poner en discusión la obtención de plusvalía, el pillaje legalizado del plustrabajo, trabajo excedente o trabajo no pagado al obrero ?

3.- ¿ Puede construirse el socialismo aceptando los paradigmas industriales propios del capitalismo, como son el taylorismo, el fordismo o el neofordismo?

4.- ¿ Puede construirse el socialismo partiendo de la concepción de la productividad del trabajo que se fundamenta en la parcelación del saber y de la tarea, es decir, en la profundización de la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual del obrero ?

5.- ¿ De qué socialismo estamos hablando ? ¿Capitalismo de Estado ?

Esta son interrogantes que demandan respuestas por parte de los revolucionarios que creemos en el socialismo. No responderlas es reproducir la vieja conseja gatopardiana: CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE.

II.-LA ANATOMIA DEL CAPITALISMO SEGÚN LA CRITICA DE LA ECONOMIA MARXISTA

Marx ubicó la raíz genética del actual cuadro de explotación planetaria y puntualizó sus características:
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1.- Contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones
de producción.


2.- Contradicción entre la producción social y la apropiación individual de la
riqueza.

3.-Contradicción entre el trabajo abstracto y el trabajo concreto

4.-Contradicción entre el valor de uso y valor de cambio.

5.-Contradicción entre el trabajo manual y el trabajo intelectual.

Como la producción capitalista no está dirigida a satisfacer necesidades colectivas, como actividad consciente y planificada democráticamente, donde la economía esté al servicio del ser humano, todo el proceso está modelado por el comportamiento de la tasa de ganancia y su apropiación privada. La dinámica de la cuota de ganancia y su tendencia a decrecer, hacen que el capitalista siga el hilo de este comportamiento: invierte o ahorra según los indicadores de rentabilidad. Por ejemplo, si la tasa de interés es mayor que la tasa de ganancia en la agricultura, jamás va a invertir en este sector. Al contrario, se va concentrar en el negocio especulativo.

En consecuencia, a partir de esta lógica esencial del capitalismo, se producen un conjunto de deformaciones estructurales, entre las que destacan:

1. Anarquía en la producción: no hay equilibrio entre producción, distribución y consumo de bienes y servicios

2. Distorsiones sectoriales: no hay armonía entre la agricultura, la industria y el comercio.

3. Sobreproducción de mercancía y subconsumo: se produce de una manera irracional un conjunto de bienes que no tienen compradores, ya que hay poca capacidad adquisitiva de la población.

En la actual coyuntura histórica, estamos presenciando el desarrollo de diversas manifestaciones de la crisis orgánica del capitalismo a partir de las anteriores insuficiencias estructurales. Es muy común oír hablar de recesión, inflación, y más sofisticadamente se han acuñado términos como Stagflaction para caracterizar el proceso de alza de precio con estancamiento de la producción o slumpflaction para señalizar la subida de precio con retroceso en la producción
Sin embargo; el curso hacia el derrumbe que sigue la crisis capitalista por el comportamiento de la tasa de ganancia y su impacto en las deformaciones estructurales, no es mecánico ni automático. Carlos Marx, evaluó un conjunto de contratendencias a la caída de la tasa de ganancia, las cuales han sido aplicadas por el capital como parte de los paquetes anti-crisis:

1.-Incremento de la explotación del trabajo, ya sea extendiendo la jornada de trabajo o intensificando el ritmo de la misma. Esta estrategia choca con la resistencia de los trabajadores y con los límites que genera el desempleo tecnológico.

2.-Desvalorización del salario, reduciendo el costo de reproducción de la fuerza de trabajo, eliminando la contratación colectiva y la seguridad social.

3.-Desvalorización del capital constante, depreciando prematuramente maquinarias y equipos. Contemporáneamente ha surgido la tendencia conocida como OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

4.-Aceleración de la velocidad de circulación de la mercancía, mejorando el sistema de transporte, comunicaciones, distribución, comercialización y mercadeo. De aquí también emerge la TERCIARIZACIÓN DE LA MERCANCÍA ( es decir, predominio del sector de servicio y el comercio en relación con la industria y la agricultura ), donde el conocimiento y la información pasan a jugar un rol estelar.

5.-Conquista de nuevos mercados y apropiación de materia prima de los países colonizados. El capital, históricamente ha empleado estas diversas estrategias para salir de la crisis. En cada coyuntura o momento político ha prevalecido alguna de ellas, siempre en correspondencia con las fuerzas con que cuentan los oponentes. Por ejemplo, el grado de conciencia y movilización de los trabajadores ha frenado la extensión de la jornada de trabajo y ha conquistado más bien su reducción. La propia competencia entre las diversas fracciones del capital, las disputa entre las naciones imperialistas, las luchas de liberación nacional que han emprendido los pueblos, han hecho fracasar muchas de estas políticas anti-crisis. Pero hay una constante histórica, el imperio no ha vacilado en emplear elementos EXTRAECONÒMICOS (violencia y coerción policial – militar) para salir de la crisis, como es el caso de la guerra de rapiña e intervención militar como mecanismos de regulación de la crisis. Por esto se hace indispensable caracterizar la violencia institucional, el terrorismo de Estado, la guerra de baja intensidad o la actual doctrina de “guerra preventiva”, como los nuevos mecanismos que emplea el imperio para intentar relanzar hacia arriba la tasa de ganancia de algunas franjas del capital monopolista internacional, conduciendo a un proceso de mayor concentración y centralización de la propiedad.

El conjunto de contratendencias a la caída de la tasa de ganancia que examinamos con anterioridad, es la fundamentación de las políticas neoliberales, ya que se articula con sus premisas esenciales:

1. Flexibilización del trabajo, buscando incrementar la explotación y desvalorizar el salario

2. Privatización de los servicios públicos y empresas del estado, afectando la seguridad social.

3. Reducción del Gasto Público en salud, educación, transporte, etc.

4. Apertura internacional, para permitir el flujo de capitales, acelerando la velocidad de rotación de los mismos. Para ello requieren abolir las barreras proteccionistas de los países dominados, pero manteniendo los del imperio.

5. Control de las materias primas y de los recursos naturales de los países del llamado Tercer Mundo.

6. Imposición de gustos y patrones de consumo para facilitar la realización de las mercancías globalizadas.

7. Homogenización cultural, eliminando la diversidad étnica e incrementando el endorracismo y el desarraigo.

III. LA EMANCIPACION DEL TRABAJO COMO COMPONENTE BASICO DEL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO
Las anteriores características del régimen de producción capitalista, son relaciones de producción que pueden transformarse emancipando el trabajo:

1.- Eliminación de la separación entre los trabajadores o productores y las condiciones objetivas ( medios de producción y de subsistencia ) a través de la posesión directa de dichos medios, autogestionado por asociación libre de productores.

2.- Sustitución de los valores de cambio por los valores de uso, eliminación de las categorías mercantiles y de las funciones del dinero. Producción orientada a satisfacer necesidades, reducir la jornada de trabajo y expandir el tiempo libre.

3.- Superación de la contradicción entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto, eliminación de la escisión entre el trabajo manual y el intelectual, impulsando el desarrollo multifacético de la capacidad productiva del trabajador, promoviendo el politecnismo en la formación profesional.
Realizar un proyecto de tal envergadura, implica cambios estructurales profundos, donde es necesario recorrer un periodo de transición.

A este periodo Marx lo definió como SOCIALISMO REVOLUCIONARIO, que en sus palabras consiste en un proceso dirigido a:
Eliminar las clases sociales y sus conflictos
Suprimir todas las relaciones de producción en que estas descansan
Liquidar todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción
Subvertir todas las ideas que brotan de esas relaciones sociales.
De la misma manera, Marx sostuvo que este sería un proceso PERMANENTE, queriendo decir ininterrumpido, y de CARÁCTER MUNDIAL.

IV.- HISTORICAMENTE LAS EXPERIENCIA SOCIALISTAS CONOCIDAS NO HAN PODIDO EMANCIPAR EL TRABAJO.

Cualquier balance que se haga de la llamada experiencia socialista o SOCIALISMO REAL, encontrará que tal proceso no se cumplió en ninguna de las premisas marxistas:

a.- No se suprimieron las relaciones de producción en que descansan las clases. En el capitalismo estas relaciones de producción son: RELACIONES DE APROPIACION PRIVADA DEL TRABAJO COLECTIVO Y DE LOS MEDIOS DE PRODUCCION, RELACIONES MERCANTILES Y DIVISION SOCIAL DEL TRABAJO.
La máxima modificación que se hizo en el régimen soviético, por ejemplo, fue la el cambio en la calificación jurídica de la propiedad, es decir, de la propiedad privada sobre los medios de producción se pasó a la propiedad estatal, dicho de otra manera, de un capitalismo individual se pasó a un capitalismo de Estado, corporativo.

b.- Las relaciones mercantiles fundadas en la Ley de valor-trabajo ( dinero, salario, precio, ganancia ) siguieron teniendo vigencia aunque se postuló que estas cambiaban de carácter y que sólo ayudaban a la contabilidad.

c.- La división social del trabajo no se puso en discusión, sino que se desarrolló aún más, copiando las experiencias de gestión capitalistas como el taylorismo, de la misma manera se asumió la tecnocracia sin crítica, en nombre de la “neutralidad de la ciencia”.

d.- No se subvirtieron los valores que brotan de las relaciones de producción capitalistas, sino que se perpetuaron hábitos y costumbres burguesas. Una de las conclusiones de tal enfoque, es la priorización del desarrollo de las fuerzas productivas con un enfoque tecnocrático, subestimando el papel de las relaciones de producción (formas de propiedad, relaciones mercantiles, división del trabajo)los valores y costumbres de los actores involucrados en el proceso.

e.- No se hizo la revolución permanente, sino que se planteó la revolución por etapa, como un proceso mecánico, incorporándole una serie de fases o períodos ( democrático-burgués, liberación nacional, democracia popular ) donde lo que se logró fue postergar los cambios fundamentales.

En tal sentido, pudimos reafirmar algunos postulados que son claves interpretativas del fracaso del marxismo soviético y su desarrollo en el llamado “ socialismo real”:

1.- En la URSS no hubo socialismo, sino capitalismo de Estado, al no superar el conjunto de relaciones de producción del capitalismo, más puntualmente, al dejar intacta la separación entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, la separación ciudad-campo, la separación y fragmentación de la tarea en nombre del progreso científico y el desarrollo tecnológico.

2.- Esto ocurre porque en el propio marxismo hay incrustaciones positivistas, las cuales fueron oficializadas por la Academia de Ciencias de la URSS.

3.- Parte de los sesgos economicistas y tecnocráticos del socialismo real, es responsabilidad de Lenin cuando a través de la Nueva Política Económica (NEP) le rindió culto a los técnicos burgueses, haciendo una apología del enfoque taylorista ( modificaciones de las normas de rendimiento del trabajo elaboradas por Taylor, aplicando técnicas “científicas” ) lo que en Rusia se llamó “stavjonismo”, como estrategia para elevar la productividad del trabajo “ socialista”

4.- Para el marxismo soviético, la división social del trabajo, se convirtió en una especie de antropología del trabajo casi “natural”, es decir, propia del ser humano en cualquier sociedad, tal como lo planteó Adams Smith o puede generar algunas patologías al estilo de Durkheim, pero al fin y al cabo el progreso técnico esta asociado a la especialización en el saber y hacer.

5.- Hoy es compresible el hecho de que la burocracia del partido y del Estado, no podían atacar esta relación, sin colocar en entredicho su propia legitimidad, tanto política como institucional. De lo cual resulta que no es una pura casualidad que todos los burócratas del mundo se hallan hechos los locos frente al proceso enajenador que tiene como raíz la división social del trabajo.

6.- Cualquier revolución que se proponga superar el capitalismo, tiene que saldar cuenta con esta herencia ideológica que nos dejó este tipo de enfoque y práctica social, realizada en nombre del socialismo
Por este conjunto de razones, es indispensable asumir una postura crítica frente al capitalismo de Estado, que en la literatura de cierta izquierda cuando examina la experiencia soviética, la caracterizó como “socialista”.

V LA SUPERACION DE LA DIVISION DEL TRABAJO, COMO FUNDAMENTO DE LA EMANCIPACION DEL TRABAJO .

“Dado que el objetivo de la emancipación socialista es la superación radical de la división social jerárquica del trabajo heredada, importa muchísimo cómo pueden las formas de mediación material transicionales emprender de manera efectiva la tarea de reestructurar el marco metabólico de la sociedad posrevolucionaria….la toma de decisiones jerárquica legada por el pasado, condena al proyecto socialista, en el mejor de los casos, al estancamiento si no a la recesión y la involución…”


Istvan Meszaros.
MAS ALLA DEL CAPITAL

En la experiencia del SOCIALISMO REAL reseñada, al no combatir coherentemente las relaciones de producción capitalista ( en particular el olvido de las implicaciones de la división social del trabajo como ya observamos en las anteriores líneas de este trabajo) se reprodujeron al interior del Estado, del partido, de las organizaciones de masas y de las sociedad en su conjunto, una serie de contradicciones:


1.- Separación entre la sociedad política y la sociedad civil

2.- Conflictos entre la ciudad y el campo

3.- Divorcio entre dirigente y dirigido, elector-elegido.

Como dijimos con anterioridad y es bueno recalcarlo por la carga ideológica que tiene para la izquierda venezolana, en la Unión Soviética se perpetuó la división social del trabajo, bajo el pretexto de la Nueva Política Económica ( NEP )impulsada por Lenin al comienzo de la revolución, donde se planteó utilizar los avances científicos-técnicos aportados por el capital, incluidos sus técnicos y especialistas. Lo que pudo ser unas condiciones impuestas por una coyuntura histórica específicas, se convirtió en una ley de la construcción socialista, donde se legitimó la burocracia, el monopolio y la jerarquía del saber en manos de la EXPERTOCRACIA.

Aquí se desconoció que las relaciones de producción no son METAFORAS, sino que comportan tanto una PRACTICA MATERIAL ( formas de propiedad, relaciones mercantiles, división del trabajo ) COMO UNA RACIONALIDAD ( formas de saber, representaciones, significados ). En este marco enajenador se generan múltiples prácticas:

a.- La apropiación egoísta de la producción material y simbólica.

b.- La competencia por la distribución y consumo de la producción social

c.- La división de tarea, funciones y roles que surgen del divorcio entre las actividades manuales e intelectuales.
La división entre el trabajo manual y el intelectual, como rasgo constitutivo de la división del trabajo en el capitalismo, posee diversas derivaciones:
Contradicción entre la teoría y la práctica, separación entre el saber y el hacer.
Dualismo sujeto-objeto, conflicto entre la subjetividad y la objetividad.
Fragmentación y atomización teórico-práctica, parcelación y simplificación de la tarea como lo hace el taylorismo.
Jerarquías y especializaciones, que consagran a la expertocracia y niegan el dialogo de saberes.

Estas derivaciones de la División Social del Trabajo la encontramos en el conjunto de las relaciones sociales en nuestra sociedad y sus consecuencias enajenadoras (divisiones, extrañamientos, separaciones, divorcios, contradicciones) cotidianamente están vivitas y coleando en diversas instituciones: Estado, Fábrica, Escuela, Parlamento, Sindicato, Partido, generando por supuesto la burocracia, el burocratismo y la burocratización.

Esta raíz histórico-social ( la división social del trabajo capitalista) de la burocracia de rutina se ignora en los análisis y propuestas anti-burocráticas, acudiendo a las simplificaciones: es un problema de cargos y organigramas, en otros casos se limita al tópico de la honestidad y compromiso de hombres y mujeres. Sin desconocer la incidencia de estos factores, hasta nuevo aviso esta focalización es inadecuada porque no asume la crítica y el desmontaje de las relaciones de producción capitalista, específicamente como hemos señalado la división del trabajo que es un relación suprapersonal, queriendo decir que está adosada a la estructura del capital no en el sujeto social.

Esta puntualización nos conduce a globalizar el análisis de la burocracia, ubicando sus múltiples determinaciones:
Existe una génesis o raíz de la burocracia: la división social de trabajo capitalista.
También existe una estructura como soporte simbólico y material de la burocracia, partiendo de esta división del trabajo: normas jerárquicas, funciones escindidas, tareas parceladas.
Están los sujetos sociales (individuos, capas sociales, clases, etnias) que interactúan en este contexto, que producen y reproducen esta relación de dominación.
A partir de esta caracterización, podemos proponer el siguiente mapa conceptual: el concepto burocracia referido a su génesis, burocratismo atinente a la estructura, burocratización como amenaza permanente que surge del proceso.
En tal sentido el combate al fenómeno burocrático hay que darlo en diversos frentes de batalla: génesis, estructura, sujetos, proceso.
Esta categorización hace compresible entonces, las limitaciones que hemos conocido cuando nos enfrentamos a la burocracia con un enfoque simplista:

a.- En muchas ocasiones el esfuerzo se hace en cambiar al dirigente, confiando que esto es suficiente para resolver el problema de la burocracia, pero al no atacar la raíz, enfrentar la estructura y prevenir los riesgos de la burocratización, se reproduce el fenómeno como algo fatal.

b.- De allí surgen los desengaños y la desesperanza: “se lo comió la estructura”, “se comporta como un burócrata”. “se echo a perder en el cargo”, “se le subieron los humos a la cabeza”.

c.- No es metafórica la existencia de una maquinaria burocrática que puede moler las mejoras intensiones e inutilizar dirigentes honestos y comprometidos.
Mirando la incidencia de la división del trabajo en el “agotamiento” de la política ( como concreción de la politiquería ) encontraremos que esta relación de producción capitalista ( separación sociedad política-sociedad civil, diferencia entre lo público y lo privado, distancia entre dirigente-dirigido, conflicto entre elector-elegido ) favoreció la autonomización de lo POLITICO, como una actividad especializada en manos de expertos, apareciendo las TECNOESTRUCTURAS O MAQUINARIAS BUROCRATIZADAS que secuestraron la soberanía política de los trabajadores, generando el desencanto y el malestar en torno a lo “político”.
Tal enajenación política, tiene que ver con la producción de los bienes materiales, y por supuesto, con diversos componentes culturales, pero la intermediación que realizan los funcionarios, gestores y delegados, posee también sus raíces en una forma muy peculiar de hacer política:

Bajo el sello de la burocracia, la “política” es una actividad separada del hombre común (separación entre la sociedad política y la sociedad civil) convirtiéndose en una especie de carrera para obtener privilegios y disfrutar de prebendas por parte de unos pocos. De allí el conocido clientelismo partidista, el nepotismo, la carguistis. En consecuencia, sobre el político existe un manto de sospecha como farsante, sucio, estafador, demagogo, oportunista. La desvalorización de la palabra empeñada, hace posible que cunda el escepticismo sobre la política, surgiendo la actitud de no creer en nada ni en nadie Una de las derivaciones de esta matriz cultural, la encontramos en el secuestro de la soberanía política, las estrategias fraudulentas y el electoralismo:

1.· Seudoparticipación, ya que el locus de la democracia se coloca en el acto electoral, donde se vota pero no se decide. De allí la caricatura del verbo participar : Yo participo, tú participas, nosotros participamos, OTROS DECIDEN.

2·- Ganar elecciones con trampas, donde se incluye desde las imposturas en la imagen personal, pasando por los discursos y las promesas vacías, y terminando en el uso de procedimientos para alterar o desconocer resultados.

3.· La política adquiere rasgos de baratija, que se cambia libremente en el mercado. Por ello la importancia del raiting, los centimetrajes de prensa. El contenido real es sustituido por la forma, imágenes, símbolos, números, predominando lo apariencial y lo efímero. Estamos frente a la escena política donde “todo vale”, incluido por supuesto la guerra sucia.
De allí que este planteado superar las raíces estructurales de tal proceso:
La eliminación de la enajenación del trabajo y sus productos, es la única manera de superar la ENAJENACION POLITICA.

De esta forma LA SOCIEDAD CIVIL PUEDE ADSORVER LA SOCIEDAD POLITICA , haciéndose innecesaria la intermediación del burócrata o de la expertocracia que sustituye al ciudadano común en la función de gobernar. La política como actividad separada no se justifica, y en consecuencia, LA BUROCRACIA MUERE , porque no tiene justificación material ni simbólica.

La superación de la enajenación política involucra el desarrollo de una NUEVA CULTURA POLITICA, una nueva manera de “decir y hacer la política” como lo plantean los zapatistas:
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martes, 17 de abril de 2007

Guerra de Irak

Socialismo del Siglo XI: Apuesta por el futuro desde el presente

Francisco Rodríguez

La cuestión de la búsqueda de una sociedad feliz y emancipada, vale decir, sin explotaciones, dominaciones y opresiones, sin desigualdades e injusticias, siempre fue un sueño dorado de la humanidad. Esto es lo que a través de la historia se denominó como utopía. Desde Platón con la “República” y la utopía del “Rey filósofo”, pasando por San Agustín y la “ciudad del Sol” en la Edad Media, las utopías del Renacimiento, hasta la Modernidad cuando surge el concepto de socialismo. Socialismo utópico primero y luego Socialismo científico con Marx y Engels. El hombre siempre sonó con un tiempo y un espacio en donde podría realizar lo que la Revolución francesa planteó como promesa civilizatoria para toda la humanidad: libertad, igualdad, fraternidad y justicia.

Y sin embargo, esto nunca llegó; el sueño eterno de redención de la humanidad fue siempre una quimera que actuaba como un consolador que servía para seguir durmiendo cuando las pesadillas reales de las lacras sociales y los fantasmas del Inconsciente, no nos dejaban dormir. Pero aunque el hombre, al menos en Occidente, no dejó nunca de ser egoísta, de buscar poder para la dominación y de utilizar el engaño en la comunicación, de ser depredador y por tanto violento, el siglo XX inaugura la utopía socialista del siglo XIX y con ella, el sueño de redención de la humanidad, con la implantación de los “socialismos reales”. Pero bien pronto, nos dimos cuenta que muy por el contrario de eliminar las lacras del sistema capitalista, la utopía ya instalada, las profundizaba. Represión, explotación, exclusión social, opresión y eliminación de toda disidencia. En fin, una reproducción aumentada de todo por lo cual se estaba implantando la utopía de redención de la humanidad.

Pero entonces, ¿Será posible o viable el socialismo?, ¿no serán esos rasgos que decimos propios del capitalismo y las sociedades de clase, inherentes a la naturaleza humana? A cuál socialismo podríamos estarnos refiriendo cuando hablamos de este tema. En principio estaríamos hablando de un concepto, término o categoría, que como otros que pretenden dar cuenta de contradicciones no resueltas nunca por la humanidad (libertad, felicidad, democracia), es multívoco (acepta múltiples acepciones y no sólo una), sobresaturado de significaciones (el término es polisémico) e inevitablemente cargado de imaginarios ideológico-afectivos y por lo tanto instalado en el terreno franco en donde florece el mito. Este término, que más que un enunciado teórico-conceptual es un complejo de imaginarios-simbólicos-ideológicos-afectivos, expresa deseos, añoranzas, intereses históricos, pero sobre todo una “apuesta fundamental por la vida”.

Para Marx, socialismo es ante todo el camino, la vía para la realización futura de una “comunidad de hombres libres” en la cual se pasaría del “reino de la necesidad al reino de la libertad”. De a cada cual según su trabajo a cada cual según su necesidad. Esto significaría la realización de la utopía concreta, la cual se materializaría en: abolición de la propiedad privada y de las contradicciones entre el capital y el trabajo, deconstrucción del estado, disolución de la división social del trabajo, y por tanto de las clases sociales.

Sin embargo, Marx enuncia su teoría, desde una posición eurocéntrica y propia del siglo XIX; es por eso que deberíamos aclarar algunas cosas desde el punto de vista latinoamericano-venezolano y ubicado en el siglo XXI. En este sentido tenemos cuestiones de método que tendríamos que aclarar. El tipo de socialismo que queremos, posible, necesario y deseable, no debería responder al modelo de ninguna otra experiencia histórica, sea cual sea. Luego, el modelo es que no tenemos modelo y por lo tanto no será nunca el producto de ninguna vanguardia ilustrada, o líder mesiánico dotado de una visión iluminada y por lo tanto privilegiada de la realidad social e histórica.

Y entonces, quién es el sujeto político del proceso de construcción del socialismo, que desde ya podríamos comenzar a denominar como de carácter profundamente democrático-popular-comunitario. No hay un sujeto político, sino una pluralidad basada en la diversidad de sujetos-actores políticos, lo cual significa que esta “tela de araña” la tejeremos a muchas manos, la construiremos entre todos. Líderes de todo tipo, estudiantes, profesionales, empresarios, sectores medios, intelectuales, artistas, universidades; gremios, sindicatos y asociaciones; comunidades populares, grupos étnicos, religiosos; en fin, todo un universo de gente interesada en trasformar las estructuras de conciencia y la red de relaciones sociales. Creo que podemos hablar de un “socialismo multicultural”, “barroco” y ante todo “rizomático”; vale decir, desde abajo; más que el producto listo para ser consumido por la población en general.

Un tercer aspecto, plantea el problema del contenido, de la sustancia de ese proceso, vale decir, el tipo de ideología-cultura-ética, que este proceso podría tener. Creo que a contrapelo de la propuesta de sociedad socialista fundada en una concepción materialista de la vida, el socialismo del siglo XXI, debería de privilegiar el aspecto que a mi modo de ver las cosas definen mejor al hombre en su condición óntica y ontológica, como es la dimensión espiritual. Más que a los valores como cuestión puntual, nos referimos a lo que Fromm, denominó como “el corazón del hombre”. La puesta en escena del sustrato ético y lúdico-estético, como cuestión central en el debate de este proceso, nos remite a la idea del surgimiento de una nueva sensibilidad que privilegie la belleza de la fraternidad y el compartir en el juego interminable de la vida social. A partir del mundo de vida de lo cotidiano, de lo que somos hoy y no desde lo que seremos, de lo que podríamos llegar a ser, dada nuestra condición de seres concretos y sujetos históricos pertenecientes al reino animal.

El eje del mal

martes, 3 de abril de 2007

La ingenuidad del "Socialismo Científico" (Prólogo)

Rigoberto Lanz

La valoración de una obra como esta no puede prescindir de su ubicación histórica. Por el contexto se entiende lo que de otro modo resultaría enteramente injustificado. De cara a la coyuntura política e intelectual de Europa de finales del Siglo XIX es posible comprender el interés por ciertos temas, la prevalencia de conceptos y visiones, el peso específico de autores y corrientes de pensamiento. Fuera de ese ámbito todo se vuelve nubarroso. La manera como F. Engels polemiza con sus rivales, el modo como enfatiza sus argumentos y el curso que van tomando las ideas en aquel momento son síntomas demasiado apegados a la coyuntura centro-europea de aquellos días. Ese no es un rasgo distintivo de este tipo de autor sino una condición bastante generalizada de los modos de producción de conocimiento, y sobre manera, de las modalidades de recepción de enfoques socio-políticos altamente conectados con los conflictos y antagonismos de la sociedad.

F. Engels, más como “traductor” y divulgador de la obra de Marx que cualquier otra cosa, vio con mucha claridad el chance de impactar la escena política desde la plataforma intelectual del marxismo. Dato nada despreciable si tomamos en cuenta la naturaleza profundamente praxística de la visión teórica de Marx y el interés concomitante por el espacio público, es decir, por la política. Estamos en presencia de un pensamiento hondamente imbuido de la necesidad de vinculación con la realidad. El binomio teoría y práctica será por largo tiempo la palanca maestra para combatir al “idealismo”, para demarcar las controversias entre los revolucionarios, para sustentar las tesis del “Materialismo Dialéctico”, para justificar las orientaciones políticas de cada tendencia.

La agenda de problemas era casi ilimitada en esa coyuntura. Un intelectual como F. Engels no podía darse el lujo de omitir una opinión en terrenos tan disímiles como los que cupiesen en los grandes paraguas enciclopedistas. Sobre manera, si de esos temas en debate podía derivarse alguna incidencia de orden político. Esa es la fuente que explica el interés de F. Engels por darle un asidero “científico” a las ideas del socialismo que circulaban por aquel entonces. Tanto la idea de lo “utópico” como la noción de lo “científico” corresponden en este constructo epistemológico a una positivización de la teoría crítica que estaba en embriones. Veremos que esta temprana deriva epistemológica será llevada hasta sus últimas consecuencias por el stalinismo en el siglo XX.

¿En qué consiste lo “utópico” del “socialismo utópico”? [1] En la mentalidad reinante la idea de utopía está fuertemente cargada de los perfiles de “idealismo”, fragilidad, especulación, ensoñación, lejanía. Justamente el socialismo criticado por F. Engels está representado por las fantasías de un imaginario muy lejano donde el ideal de una nueva sociedad no encuentra ningún asidero. Lo “utópico” es así fácilmente descalificado como un ideal sin fundamentos. ¿Cuál es la debilidad básica de esta visión?

Lo que no puede verse en una perspectiva positivista del conocimiento es la enorme fuerza subversiva que puede encarnar una construcción anticipatoria del mundo. La dimensión utópica puede jugar un rol emancipatorio en la medida en que cuestiona lo existente a partir de un imaginario que no puede ser contenido en el status quo reinante en un momento dado. Pensar utópicamente puede significar una irrupción de las lógicas instaladas y por ello mismo suscitar rupturas profundas con los moldes establecidos de lo bello, de lo bueno, de lo verdadero. F. Engels forma parte de los entusiasmos Modernos por el “progreso” fundado en las “leyes positivas” de la naturaleza (no hay que olvidar una pieza de leyenda en este terreno como su libro Dialéctica de la Naturaleza, verdadero canto positivista con el que se justificó el modelo eco-depredador que nos trae hasta los horrores de estos días en materia medioambiental)

El desdén por la dimensión utópica del pensamiento no es un “defecto” de las elaboraciones engelsianas sino una condición del clima intelectual de la época, una suerte de sentido común fuertemente incrustado en la atmósfera ilustrada que tanto deslumbró a la élite marxista más connotada (Marx incluido) Suponer que la racionalidad científica estaba “por encima” del talante utópico del espíritu es típico de la arrogancia racionalista del iluminismo. Este componente acompañará a buena parte de las vanguardias intelectuales de la izquierda mundial y no será sino bien entrado el Siglo XX cuando encontraremos las verdaderas impugnaciones epistemológicas al modelo cognitivo de la Modernidad, a su ética y a su estética. Una ecología política radicalmente anti-Moderna no verá la luz sino en la última mitad del Siglo XX; para ello han debido ocurrir dos fenómenos paralelos: la crisis profunda del discurso de la Modernidad y la irrupción de una sensibilidad posmoderna que inaugura otra manera de pensar. Una brutal saturación de la intersubjetividad del “sujeto” Moderno y la explosión de nuevas socialidades que inauguran formas de vida cualitativamente distintas.

Por el lado de la hegemonía del paradigma científico que inaugura la Ilustración hay que decir con toda claridad que el pensamiento de F. Emgels es enteramente funcional a la lógica epistémica dominante. La guerra a muerte al pensamiento burgués y la diatriba contra el “idealismo” en nombre de una ideología “proletaria” dibuja el mapa auto-referencial que evitará toda discusión sobre la naturaleza misma de la episteme Moderna. El radicalismo político de esta élite es credencial suficiente para legitimar de entrada los trasfondos epistémicos que se dan por sabidos. El rabioso anticapitalismo de F. Engels contrasta con su candidez epistemológica para asumir el discurso científico. La pelea feroz contra los “idealistas” de la época oculta de algún modo la inocencia con la que es tratada la problemática de fondo de los modos de producción del conocimiento. El positivismo implícito en esta posición es un ingrediente del clima intelectual de la Modernidad. Eso se entiende. Resulta menos comprensible el sospechoso silencio de esta inteligencia radical sobre la lógica misma de la civilización burguesa que se instaura. La furia de la “lucha de clases” en el terreno político ocultó sistemáticamente el substrato de la racionalidad epistémica que funda la civilización del capital.

Una visión escatológicamente anti-utópica es al mismo tiempo una postura apologética del paradigma científico que impone la Modernidad triunfante en el Siglo XVIII. Este libro de F. Engels en una muestra emblemática de esta doble deriva del marxismo originario. Derivas éstas que se agravaron en la medida en que la experiencia histórica de los socialismos reales fue cogiendo cuerpo como aparatos de poder. Buena parte de la historia del marxismo del siglo XX, así como el trayecto de las experiencias del socialismo burocrático en todos lados, están teñidas de este substrato intelectual de origen. F. Engels es un ícono de este pecado original que marcará el rumbo del discurso oficial de la izquierda (la que se desempeñó en el poder en los países del Este y la que sobrevivió los avatares de la lucha por el poder en el resto del mundo)

¿Qué nos enseña hoy un libro como este? ¿Qué aportaría F. Engels al debate sobre el socialismo en Venezuela?

La primera lección es la comprensión del sentido de este debate a finales del siglo XIX. Ese contexto es altamente explicativo de la pertinencia de conceptos, métodos, agendas, interlocutores e incidencia política del debate. Las discusiones no se hacen en el aire. Los destinatarios de estas discusiones traducen una clara intencionalidad política que condiciona fuertemente el lugar desde donde se mira la realidad. Esa no es una “debilidad” del análisis sino una condición histórica que habla del compromiso ético de autores que son al mismo tiempo luchadores revolucionarios a tiempo completo.

Por otro lado la experiencia engelsiana ilustra bien la dificultad mayor (palpable en estos días) de demarcarse en serio de los presupuestos epistemológicos que están en el punto de partida. De esta dificultad nace la permanente ambivalencia de un pensamiento que proclama vehementemente el fin del capitalismo sin poder de verdad hacerse cargo del substrato cultural más caro de la civilización burguesa: su Razón. Esta inconsistencia pasó de la anécdota accidental a constituirse en una constante estructural de todo el pensamiento crítico hasta nuestros días (sea que tengamos como referencia el mundo político, el universo ético, la vida estética o la experiencia afectiva)

Por su lado, el pensamiento libertario que se abre paso en medio de la bruma ha comenzado por revalorizar la dimensión utópica de la existencia, a tensar los códigos establecidos hasta que estallen, a cuestionar el “realismo” de la militancia ciega justamente por su carencia de una entonación poética que conecta la idea de revolución con un auténtico trastocamiento del sentido dominante. La utopización del pensamiento supone su radicalización de cara a la prudencia de lo “políticamente correcto”. No se trata del clásico ejercicio abstracto de un intelecto fugado de la realidad. Una utopía emancipatoria es otra cosa. Camina por los senderos de la imaginación creadora, de la mano de una subversiva voluntad de transfiguración de lo existente. La lucha pura y dura contra las lacras del poder (explotación, hegemonía y coerción) no garantiza automáticamente un contenido revolucionario de prácticas y discursos. Una sensibilidad humanista y justiciera puede ser suficiente para que legiones de habitantes del planeta acompañen por un tiempo las luchas socio-políticas contra las atrocidades del capitalismo salvaje. No digo que esto sea desdeñable políticamente. Lo que estoy sosteniendo es que eso no puede ser confundido con revolución. Cosa bien distinta es admitir que en la larga marcha por conquistar espacios de libertad, es decir, en el complejo proceso de deconstrucción de los tejidos dominantes, es menester transitar por los estadios de las reformas parciales, de las alianzas circunstanciales, de las marchas y contra-marchas. La progresividad de los procesos de transformación de la sociedad no es un criterio de planificación decidido por burócratas. Hablamos allí de imperativos impuestos por la dialéctica de la brutal realidad, condicionamientos objetivos que no dependen de la voluntad de los actores políticos.

Enarbolar hoy como bandera supuestamente “revolucionaria” la consigna del “socialismo científico” sería un anacronismo insoportable. No solo porque la idea misma del “socialismo” ha quedado enteramente desdibujada por la tragedia del stalinismo y la crisis profunda del marxismo de manual, sino porque el concepto de “ciencia” ha sido severamente deconstruido para develar sus trampas y sus secretas conexiones con las tramas del poder. Tanto “socialismo” como “científico” son denominaciones altamente discutibles que no pueden ser asumidas ingenuamente como categorías universales.

El único modo de hacer avanzar esta discusión desde el punto en donde la dejó F. Engels por allá en 1880 es hacerse cargo de su recorrido histórico, tanto en el terreno de las experiencias socio-políticas que conoció la humanidad en este trayecto, como en el campo de las elaboraciones teóricas en el seno de la izquierda mundial. Desde ambos lados tenemos hoy abundantes insumos como para no sucumbir a la perplejidad. Pensar la cuestión del socialismo hoy supone inexorablemente realizar ese doble ajuste de cuentas: con la experiencia del “socialismo real” y sus miserias; con la ideología stalinista que impuso a sangre y fuego una concepción estúpida del marxismo a escala mundial. Saldadas esas cuentas es posible recuperar críticamente grandes aportaciones hechas por los clásicos para pensar la revolución, y sobre todo, para intentar hacerla como encarnación en la gente.

En Venezuela y América Latina se reaviva el debate sobre el socialismo. Desde luego, no por una súbita inspiración de la vieja izquierda sino por la irrupción de un torrente transformador que brota del poder popular emergente. En este nuevo clima cambian sustancialmente las referencias, los ritmos y modulaciones del proceso político, las características propias de los nuevos actores, los rasgos singulares de la gestión política, el horizonte valórico de la sociedad que queremos. La calidad de las nuevas relaciones sociales que emergen dependen muy preponderantemente de la calidad de los actores y su intersubjetividad, de la calidad de las organizaciones que remplacen al viejo Estado, de la calidad de un pensamiento que sea capaz de comprender el presente y pueda por ello anticipar los cursos de acción para la incesante expansión de los espacios de libertad.

La lectura de este texto de F. Engels enseña cómo la voluntad intelectual puede engancharse con las exigencias de una coyuntura histórica, la suya. Debería enseñarnos, sobre todo, a encontrar nuestros propios modos de asumir el compromiso de pensar y vivir una verdadera revolución.



[1] Si me tocara escribir hoy un libro como este lo titularía DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO AL SOCIALISMO UTÓPICO.

lunes, 2 de abril de 2007




El nuevo Socialismo del Siglo XXI: una breve guía de referencia

Javier Biardeau R.


“El sufrimiento de los hombres nunca debe ser un mudo residuo de la política, sino que, por el contrario, constituye el fundamento de un derecho absoluto a levantarse y a dirigirse a aquellos que detentan el poder".

(Michel Foucault. Vida de los hombres infames. ( pág. 211)

En el presente artículo se pretende realizar una aproximación preliminar al polémico tópico del “Socialismo del siglo XXI”, en el contexto del devenir de las transformaciones de la denominada “Revolución Bolivariana” impulsada por las fuerzas sociales y políticas que apoyan el gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías en Venezuela desde el proceso constituyente iniciado en el año 1998. Es importante realizar esta aproximación dada la frecuencia con que se difunden seudo-argumentos sin una mínima información de base, tanto desde la derecha histérica, desde voceros mediáticos cuyo oficio es cultivar la idiotez y desde una izquierda jurásica incapaz de aprender a desaprender, en los que se descalifica el Socialismo del siglo XXI por carecer de sustentos históricos, políticos y teórico-críticos. Como veremos a continuación, nada mas alejado de la realidad.

En este orden de aclaratorias preliminares planteamos una suerte de cartografía de los discursos-en-proceso sobre el “socialismo del siglo XXI”, lo cual supone una serie de limitaciones derivadas de un campo de estudio cuyas fronteras están moviéndose, sometidas a los efectos de desarticulación-rearticulación de las luchas, enfrentamientos y prácticas hegemónicas/contra-hegemónicas, y por tanto, en permanente cambio y transformación.

Sobre la nominación de Socialismo del siglo XXI existe una polémica que puede llevar a genealogías históricas que resultan de interés para despejar el asunto de las diversas autorías y campos intelectuales de influencia. Sobre las diversas líneas de autoría hay indicios que permiten afirmar que existen diversos “foros y redes” que constituyen los nodos-locus de enunciación principales del ideario sobre el “Socialismo del siglo XXI”.

La edición en lengua Rusa de “El futuro del socialismo” de Alexander V. Buzgalin del año 1996 es un antecedente fundamental de la discusión. Llama la atención que el motivo para que salieran a la luz este texto en castellano fue el apoyo del científico e intelectual cubano Pedro Sotolongo. Esta primera línea de autoría puede atribuírsele sin duda a Alexander V. Buzgalin y su grupo colaborador, quién ha señalado en la edición en castellano realizada en Cuba del año 2000:

“Este trabajo está lejos de ser un tratado cerrado. Antes bien es un objeto para la crítica, la base para un futuro libro con fundamentos; es uno de los resultados parciales de largas búsquedas de una nueva teoría y una nueva estrategia para el movimiento comunista en vísperas del siglo XXI, que continúa una serie de publicaciones previas (La tragedia del socialismo /Moscú, 1992/; El cuervo blanco /Moscú, 1993/; El siglo XXI: El renacimiento del socialismo /Moscú, 1993/; El socialismo: lecciones de la crisis / en la revista “Alternativas”, 1994, No. 2/)”(Buzgalin; 2000, 7) .

Así mismo, una segunda línea de autoría remite al texto de Heinz Dieterich: “El Socialismo del siglo XXI” (2002), quién ha sido tomado como el “creador” del término, y quién además plantea explícitamente su autoría sobre la nominación:

“P. Profesor Dieterich, ¿Usted inventó el concepto “Socialismo del Siglo XXI” . Sí. Lo elaboré a partir de 1996. Fue publicado junto con la teoría correspondiente en forma de libro, a partir del 2000 en México, Ecuador, Argentina, Centroamérica, Brasil, Venezuela y, fuera de América Latina, en España, Alemania, la República Popular de China, Rusia y Turquía. Desde el 2001 ha sido asimilado en todo el mundo. Presidentes como Hugo Chávez y Rafael Correa lo utilizan constantemente, al igual que movimientos obreros, campesinos, intelectuales y partidos políticos. Junto con la teoría del socialismo del siglo XXI avancé la teoría de la transición latinoamericana que se plasmó en conceptos claves como el Bloque Regional de Poder (BRP), también ya de uso generalizado en América Latina.”(http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=28818)


Heinz Dieterich también reconoce en la figura intelectual de Pedro Sotolongo, investigador del Instituto de Filosofía de Cuba, su cooperación en las discusiones a partir de las experiencias de la Revolución Cubana (Dieterich; 2002, 8). Sobre Heinz Dieterich, es posible rastrear en sus textos anteriores: “El fin del capitalismo global: el nuevo proyecto histórico” (2000), “La cuarta vía al poder” (2000) y “Bases del nuevo socialismo” (2001), los indicios de un nuevo horizonte de interpretación y relanzamiento de Proyecto Socialista. Su concepto central es la idea de un Nuevo Proyecto Histórico (N. P. H.) para América Latina y el Caribe como Bloque Regional de Poder (B. R. P.).

Así mismo, es importante reconocer los trabajos de la llamada escuela económica de Edimburgo y su texto “El nuevo Socialismo” de W. Paul Cockshott y Allin Cottrell (1993), donde se debate la tensión entre planificación y mercado. Así mismo, resulta esclarecedor vincular ambas líneas de autoría con los trabajos recientes de Martha Harnecker, sobre todo su texto: “La izquierda en el umbral del siglo XXI” (1999), donde es posible encontrar problemáticas muy similares a las líneas de autoría anteriores. Temas como la evaluación histórica del “Socialismo realmente existente” en los términos de Bahro (1979) y sobre la renovación de los planteamientos de la izquierda histórica anticapitalista en el contexto de la globalización neoliberal, permiten una lectura transversal sobre los textos y encontrar que existen hilos conductores comunes.

Adicionalmente, una cuarta línea de autoría sobre el socialismo del siglo XXI puede encontrarse en Tomas Moulian en su texto “El Socialismo del siglo XXI. La Quinta Vía” (2000), quién ha planteado que las ideas desarrolladas es su libro recibieron un fuerte estímulo del campo intelectual chileno alrededor de la Universidad ARCIS, Norbert Lechner, Juan Enrique Vega, Manuel Antonio Garretón y Óscar Cabezas, entre otros, así como de su militancia en el Partido Comunista y su amistad con Gladys Marín, ex candidata presidencial del PC chileno. Resulta por demás sintomático que el subtítulo sea la “Quinta Vía”:

“Llevado por el espíritu festivo le he colocado a este libro como subtítulo “La Quinta Vía”. Me parece que dejar un espacio abierto respecto de la “Tercera Vía” constituye un gesto de galantería tanto para las posiciones socialdemócratas, por si necesitan desplazarse de su lugar actual, como para posiciones ortodoxas recalcitrantes, deseosas de reclamar viejas banderías. Me siento cómodo en la “quinta vía”, como un espacio todavía desocupado a mi lado, hacia el cual estirar las piernas, como lo hace el afortunado viajero al lado el único asiento libre en la clase económica de un avión repleto.”(Moulian; 2000, 14).

En estas genealogías históricas, sin embargo, es evidente la búsqueda de nuevos referentes teóricos para los deseos colectivos de una izquierda histórica anticapitalista, reconociendo abiertamente los errores y ausencias de las experiencias de transición al socialismo en los países del anterior campo soviético, así como reconociendo la significación de las reformas que se realizan en los Estados Socialistas existentes, sobre todo los casos de China, Viet Nam y Cuba.

Además, es obligante referirse a un heterogéneo quinto campo de influencias en la elaboración de la problemática del Nuevo Socialismo del siglo XXI. En este quinto campo más difuso y heterogéneo, nos encontramos con aquellos autores que han impugnado desde Europa, Norteamérica y desde el “mundo periférico”, la llamada “Tercera Vía” o el llamado “capitalismo con rostro humano”, por una parte, y aquellos que cuestionan desde posiciones posmodernas y postcoloniales tanto al Capitalismo como a la Modernidad Occidental.

Entre los primeros se encuentran intelectuales de la talla de Viviane Forrester, Ignacio Ramonet, Noam Chomsky, Michel Albert, Michel Lebowitz e István Mészáros. Una mención aparte refiere a Meszaros y su libro “Más allá del capital: hacia una teoría de la transición” (1995). Así mismo, también puede resultar significativa en este grupo la influencia de Alan Woods, representante que anima una corriente denominada "Tendencia marxista internacional".

Así mismo, entre aquellos que pudieran ser clasificados como “posmodernos de resistencia y oposición”, y que desde sus posiciones plantean una ruptura con el Socialismo Histórico inspirado en la Modernidad Occidental se encuentran conexiones más débiles con los nodos identificados inicialmente. Allí sobresalen Toni Negri, Ernesto Laclau y Gianni Vattimo.

Finalmente, se encuentran los círculos intelectuales críticos organizados de modo reticular alrededor del Foro Social Mundial y los movimientos alter-mundistas, donde es posible encontrar lecturas abiertas del marxismo, estudios postcoloniales y filosofías de la liberación. Este campo diverso de orientaciones teórico-críticas, contrastan abiertamente con la indigencia teórica que anima tanto a la derecha histérica como al marxismo-leninismo jurasico, espacios desde los cuales solo nos puede esperar lo peor.

En síntesis, apertura, creatividad y crítica al dogmatismo son las dimensiones que recorren un debate indispensable para referirse a la vigencia del proyecto socialista en el presente histórico, alegado de las recetas, los manuales y una subcultura de burocracia-aparato que lo menos que hace es pensar críticamente el presente, en función de su superación revolucionaria, lo que implica al mismo tiempo una revolución del pensamiento crítico.


Censura

Partido Único y Burocracia: la necesidad de una Nueva Cultura Política

Carlos Lanz R.

Publicado en http://www.aporrea.org/ideologia/a29044.html el 5/01/07

Las reflexiones y toma de posición en torno al “partido único” están al orden del día en el seno de los revolucionarios venezolanos. De los primeros puntos de vista que hemos conocido públicamente se desprenden diversas posturas:

1.- Se ha puesto en el tapete como los intereses sectarios y grupales se “agiornan” y se proclaman suscritores del partido único teniendo en la mira su perpetuación como élite burocrática, para lo cual acudirán a censar pelotones y batallones, reclamando puestos y prebendas sobre la base del cuociente electoral.

2.- Grupos o individualidades han visto como plataforma de sobrevivencia el liderazgo del comandante Chávez, llegando algunos a la fórmula de la disolución sin debate.

3.- Vanguardias autoproclamadas sienten que se les movió el piso y ven en la unidad un peligro para sus intereses particulares.

4.- Los cazadores de fortuna y los enfermos de “carguitis”, se lanzan tras el slogan de moda para evitar salir del gobierno, queriendo ser los primeros en autopostularse como miembros del futuro partido único.

5.- Los stalinistas de siempre creen que les llegó la hora de poner orden y disciplina en el aparato partidista a través del “centralismo democrático”.

6.-Voceros de las bases populares han encontrado en la propuesta unitaria una línea organizativa para darle mayor coherencia a la gestión pública, superando la dedocracia.

7.- Sectores vinculados a los nuevos movimientos sociales, están demandando la constitución de red de redes y no la organización única

8.- Diversas agrupaciones están exigiendo debates, como paso previo a la integración.

9.- Algunos sectores críticos han visto como un retroceso programático el planteamiento de partido único.

10.- Varios intelectuales exigen evaluar la experiencia histórica y debatir primero la problemática del Socialismo del Siglo XXI.

En estas 10 posturas se encuentran reflejadas diversas maneras de entender el asunto de la organización, pero no sólo se trata de un problema cognitivo sino que involucra también intereses, por supuesto incluidas las cuotas burocráticas y las corruptelas. De allí la importancia de impulsar la batalla de ideas, profundizando algunas aspectos que en la vieja cultura política están escamoteados o silenciados, como es el caso de la burocracia y su conexión con la cuestión organizativa, donde se incluye el partido.

Compartimos la visión que la discusión sobre el partido no se puede separar del debate sobre ¿Cual socialismo?

Igualmente el análisis de la organización y sus múltiples implicaciones sería chucuto si no se contextualiza el papel que juega la burocracia en la actual cultura organizativa que predomina entre nosotros

El fenómeno burocrático ha suscitado innumerables investigaciones, debates, divisiones, purgas y fracasos en el movimiento revolucionario mundial y en el nuestro en particular.

En múltiples ocasiones este se convierte en el principal obstáculo en el proceso transformador. Por ello, evaluar el impacto alienante de la burocracia y su superación, se convierte en un reclamo esencial del actual proceso que estamos impulsando en Venezuela.

En esa dirección, voy referirme al proceso investigativo y a las experiencias militante donde hemos conocido tanto las consecuencias de este fenómeno como la iniciativas y propuestas formuladas para combatirlo.

Sobre la burocracia hay diversas interpretaciones, las cuales van desde quienes la justifican dándole carta de naturalidad, los que la ven como un mal necesario y quienes la asociamos a un determinado marco histórico-social, específicamente al régimen de producción capitalista.

Ya Carlos Marx en uno de sus primeros escritos (Crítica a la Filosofía del Derecho) señalaba que la burocracia consiste en tratar el “ser real como un ser ideal”, sustituyendo lo empírico por su representación, donde la realidad se sustantiva y autonomiza en lo formal. Esta inversión de la relación sujeto-predicado no se reduce solamente a unas premisas lógicas, sino que posee una trama material en las relaciones de producción capitalista, particularmente la División Social del Trabajo. Hacemos énfasis en esta relación de producción, porque teóricamente e históricamente ha sido subestimada como factor enajenante y contrarrevolucionario. Este olvido tiene mucho que ver con los estragos ideológicos del marxismo soviético y más puntualmente del stalinismo. José Stalin canonizó un error que cometió Lenin con la Nueva Política Económica (NEP) en los comienzos de la revolución rusa. Sobre la base de que el proletariado no tenía científicos, técnicos ni intelectuales en términos generales, Lenin suscribió la tesis de la alianza con la tecnocracia del momento, aceptando el monopolio y la jerarquía del saber heredada de la división del trabajo. La Academia de Ciencia de la URSS sistematizó esta política convirtiéndola en una Ley de la construcción del socialismo, donde de alguna manera se justifica la perpetuación de esta relación de producción capitalista y se hace una apología de la burocracia, ahora en nombre del Secretario General, del Buró Político o del Comité Central del PCUS. Es comprensible el porqué para la burocracia le es funcional no meterse con esta relación de dominación, ya que sería su propia negación. Es por eso que la pelea contra la burocracia sin poner en discusión la División Social del Trabajo capitalista que es su sustentación teórica y práctica, sería un contrasentido. Por ello estamos obligados en la actual coyuntura a precisar las implicaciones del referido escamoteo del stalinismo.

La división entre el trabajo manual y el intelectual, como rasgo constitutivo de la división del trabajo en el capitalismo, posee diversas derivaciones:

  • Contradicción entre la teoría y la práctica, separación entre el saber y el hacer.
  • Dualismo sujeto-objeto, conflicto entre la subjetividad y la objetividad.
  • Fragmentación y atomización teórico-práctica, parcelación y simplificación de la tarea como lo hace el taylorismo.
  • Jerarquías y especializaciones, que consagran a la expertocracia y niegan el dialogo de saberes.

Estas derivaciones de la División Social del Trabajo la encontramos en el conjunto de las relaciones sociales en nuestra sociedad y sus consecuencias enajenadoras (divisiones, extrañamientos, separaciones, divorcios, contradicciones) cotidianamente están vivitas y coleando en diversas instituciones: Estado, Fábrica, Escuela, Parlamento, Sindicato, Partido.

Esta raíz histórico-social de la burocracia de rutina se ignora en los análisis y propuestas anti-burocráticas, acudiendo a las simplificaciones: es un problema de cargos y organigramas, en otros casos se limita al tópico de la honestidad y compromiso de hombres y mujeres. Sin desconocer la incidencia de estos factores, hasta nuevo aviso esta focalización es inadecuada porque no asume la crítica y el desmontaje de las relaciones de producción capitalista, específicamente como hemos señalado la división del trabajo que es un relación suprapersonal, queriendo decir que está adosada a la estructura del capital no en el sujeto social.

Esta puntualización nos conduce a globalizar el análisis de la burocracia, ubicando sus múltiples determinaciones:

  • Existe una génesis o raíz de la burocracia: la división social de trabajo capitalista.
  • También existe una estructura como soporte simbólico y material de la burocracia, partiendo de esta división del trabajo: normas jerárquicas, funciones escindidas, tareas parceladas.
  • Están los sujetos sociales (individuos, capas sociales, clases, etnias) que interactúan en este contexto, que producen y reproducen esta relación de dominación.

A partir de esta caracterización, podemos proponer el siguiente mapa conceptual: el concepto burocracia referido a su génesis, burocratismo atinente a la estructura, burocratización como amenaza permanente que surge del proceso.

En tal sentido el combate al fenómeno burocrático hay que darlo en diversos frentes de batalla: génesis, estructura, sujetos, proceso.

Esta categorización hace compresible entonces, las limitaciones que hemos conocido cuando nos enfrentamos a la burocracia con un enfoque simplista:

a.- En muchas ocasiones el esfuerzo se hace en cambiar al dirigente, confiando que esto es suficiente para resolver el problema de la burocracia, pero al no atacar la raíz, enfrentar la estructura y prevenir los riesgos de la burocratización, se reproduce el fenómeno como algo fatal.

b.- De allí surgen los desengaños y la desesperanza: “se lo comió la estructura”, “se comporta como un burócrata”. “se echo a perder en el cargo”, “se le subieron los humos a la cabeza”.

c.- No es metafórica la existencia de una maquinaria burocrática que puede moler las mejoras intensiones e inutilizar dirigentes honestos y comprometidos.

En este contexto pienso en la experiencia de CVG-ALCASA, donde siendo presidente de esta empresa básica tutelada por la tecnoburocracia de la CVG y del MIBAN, estoy colocado en el epicentro del “conflicto paradigmático”, como dicen los epistemologos:

  • La cultura organizativa y gerencial está cimentada en la división del trabajo, con una clara adscripción jerárquica y piramidal.
  • En los estatutos de la empresa, se le otorga al presidente un amplio mandato para decidir, por ello todo muere en la “presidencia”.
  • Como revolucionario consciente del fenómeno burocrático se me plantea una interrogante ¿Me adapto a lo establecido, asumiendo el status gerencial que da el cargo? ¿O promuevo otra manera de gerenciar los asuntos públicos, construyendo una nueva cultura política, en este caso, en el marco del proceso cogestionario?
  • En la empresa se viene desarrollando una experiencia de democracia obrera, donde los trabajadores han elegido a los diversos gerentes de las diferentes instancias administrativas y operativas de la planta. Pero este proceso choca con los estatutos de la empresa porque allí se establece que es el presidente quien los designa. Por eso nos hemos planteado cambiar dichos estatutos vigentes desde hace décadas, teniendo viso anti-constitucionales ya que respondían a otro momento histórico. Pero ¿Qué hubiese ocurrido si yo me apego estrictamente a la norma y coloco lo formal por encima de lo real o no considero las demandas de “renovación gerencial” impulsadas por los alcasianos?, simplemente me hubiese comportado como un burócrata más que defrauda las expectativa de la gente, en este caso, por apego al fetichismo jurídico, es decir, por el culto a la norma sin valorar su pertinencia, sin considerar el grado de legitimidad de la misma o hasta donde choca con la justicia que la CRBV coloca al lado del estado de derecho.
  • Obviamente el proceso de renovación gerencial en ALCASA no se puede quedar en la elección democrática sino que avanza hacia las otras determinaciones de la desburocratización:
  • Cambios de la cultura organizacional cimentada en la división social del trabajo.
  • Reestructuración o reingeniería para eliminar papeleos y excesivo formalismo reglamentario, solapamientos de funciones, ineficiencias, atomización y parcelación de tareas que surgen del paradigma taylorista.
  • Desarrollo de la gerencia participativa que se caracteriza por: el dialogo de saberes, el aprendizaje colectivo, la comunicación asertiva, la delegación de funciones, la transferencia de competencias, el trabajo en equipo y las decisiones colegiadas.
  • Construcción de instancia de base (voceros, mesas de trabajo, consejo directivo, asamblea general) como mecanismo para elaborar, planificar, ejecutar y evaluar programas y proyectos.
  • En este caso, el enfrentamiento se da en las diversas determinaciones: burocracia, burocratismo, burocratización, dicho de otra manera, intentamos ir a la raíz de la burocracia, cambiar las estructuras que producen el burocratismo, conscientizar y organizar a los sujetos, construir mecanismos profiláctico contra la burocratización.

No es difícil concluir que el referido proceso anti-burocrático hay que enmarcarlo en una perspectiva global:

1.- Cambio cultural, con ruptura de paradigmas.
2.- Transformaciones metodológicas y técnicas
3.- Modificaciones organizativas.

Tal realidad asumida como proceso, como interacción constructiva, demanda el empleo de un método que corresponda a dicho enfoque. Este aspecto lo vamos a examinar a continuación.

INVEDECOR COMO SOPORTE DE LA NUEVA CULTURA POLITICA

Las anteriores reflexiones y el esfuerzo por superar el expediente burocrático, para nosotros como corriente ideológica que rompió desde hace algunas décadas con la partidocracia no es nuevo, ni tiene una motivación coyuntural, sino que tiene ver con la revolución cultural, donde se incluye lo organizativo. Cualquier lector que revise parte de nuestro acervo cultural, particularmente en el ámbito investigativo y educativo en las dos últimas décadas, podrá encontrar que gran parte de nuestro esfuerzo crítico se ha centrado en el cuestionamiento a la División Social del Trabajo capitalista.

Como una ilustración de esta última apreciación, vamos a reseñar un ensayo que elaboré hace bastante tiempo que lleva por título PROPUESTA DE NUEVA CULTURA POLITICA. Para una crítica de la partidocracia. Ediciones Primera Línea .Febrero de 1998.
En dicho trabajo haciendo una crítica de nuestra experiencia burocrática, planteamos lo siguiente.
Los postulados burocrático-paternalistas, están vinculados orgánicamente a la división social del trabajo (separación entre las tareas intelectuales y manuales, contradicción teoría-práctica, divorcio sujeto-objeto, etc) la cual como paradigma o visión, posee implicaciones axiológicas, epistemológicas, pedagógicas, comunicativas y organizativas. En este orden de idea, la burocracia - paternalista posee los siguientes rasgos:


- El fin justifica los medios, en el terreno de los valores.
- Monopolio y jerarquía del saber, en el ángulo epistemológico.
- El partido educa las masas, como criterio pedagógico y didáctico.
- Información-órdenes, control de la opinión, distorsión comunicativa.
- Verticalismo, jefecismo, centralización en lo organizativo.

En una estructura organizativa donde el paradigma que rige la vida interna tiene el sello de lo anteriormente descrito, no puede conducir si no a la “ militancia alienada”, donde el aparato convertido en un fin en si mismo, se autonomiza de la base social con la práctica sustitutiva: el soberano es sustituido por el órgano local, este a su vez es sustituido por organismos regionales, siguiendo con una cadena sustitutiva donde la instancia regional es sustituida por el Comité Central y éste es sustituido por el Buró Político, terminando todos al final sustituido por el Secretario General .

La evaluación y sistematización de este proceso burocrático me condujo en los últimos años de prisión en el Cuartel San Carlos, conjuntamente con los prisioneros políticos de aquel entonces en el año1982, a proponer los COLECTIVOS DE DEMOCRATIZACION DEL SABER como instancia organizativa. Desde aquel momento me he negado a participar en instancias partidarias donde se reproduce la dominación, surgiendo la necesidad histórica de promover otras formas de intervención y organización política, lo que hemos denominado NUEVA CULTURA POLITICA, CENTRADA EN EL COMBATE A LA ENAJENACIÓN EN EL TERRENO ORGANIZATIVO:

  • Cuestionamiento al “déjeme pensar por usted” y a la expropiación del saber.
  • Rechazo a la usurpación y tutela de la soberanía popular, enfrentamiento a los cogollos y élites burocráticas.
  • Propuestas que eviten la concentración del poder de decisión en pocas manos.
  • Desarrollo de la democracia directa como control de la delegación y del mandato otorgado a los dirigentes.

En esa dirección, hemos venido desarrollando una propuesta metodológica bautizada con las siglas INVEDECOR, que asocia la soberanía política a la SOBERANIA COGNITIVA como modo de producción de conocimiento que permite conquistar la autonomía, desarrollar la autogestión, rompiendo con las tutelas y dependencias. De igual manera hemos venido trabajando en una nueva pedagogía o didáctica política íntimamente relacionada con una nueva racionalidad comunicativa .

Veamos las implicaciones de estas premisas teórico-metodológicas en la construcción de una Nueva Cultura Política con el METODO INVEDECOR, el cual es una ESTRATEGIA DE ARTICULACIÓN de la función investigativa, formativa, comunicativa y organizativa:

1. Modo de producción de conocimiento, que permite construir la unidad o identidad entre la teoría y la práctica, combatiendo en tal sentido una de las derivaciones de la división social del trabajo, es decir, la separación entre las actividades intelectuales y manuales, reivindicando la intersubjetividad, tomando en cuenta la producción de sentido y las significaciones de los sujetos sociales.

De allí la necesidad de:

- Empalmar el saber y el hacer, construir nexos entre la investigación y la acción.

- Participación e implicación colectiva en la producción de conocimiento.

- Contextualización y pertinencia del conocimiento, inserción en problemáticas especificas y en comunidades concretas.

- Diálogo de saberes y construcción del imaginario colectivo.

- Verdad como intersubjetividad, la praxis como criterio de validación.

Este enfoque epistemológico permite poner en discusión el papel de los intelectuales tradicionales, (expertos, especialistas ) y reducir el protagonismo de las VANGUARDIAS ILUMINADAS, como cuerpo separado de los sujetos sociales.

De esta forma la soberanía política no se reduce al sufragio, al hecho electoral, ni al activismo-tareismo, sino que se cualifica desde la SOBERANIA COGNITIVA, COMBATIENDO LA JERARQUIA Y EL MONOPOLIO DEL SABER.

El ejercicio de esta DEMOCRACIA DEL SABER, como proceso permite que el sujeto haga real su soberanía política a través de una praxis política integral, y en consecuencia, se le de respuesta a la CRISIS DE PARTICIPACIÓN, ya que en este caso no es una participación tutelada o seudo-participación, sino PARTICIPACIÓN PLENA, INTEGRAL (se participa en la elaboración, planificación, ejecución y evaluación).

2. Desarrollo de un enfoque pedagógico, que tiene como fundamento el aprendizaje significativo por descubrimiento: aprender haciendo, aprender a aprender, aprender a ser, didáctica investigativa.

3. Estrategia comunicativa centrada en el dialogo, en la construcción del consenso semántico, combatiendo las distorsiones informativas y la incomunicación.

4. Clima y desarrollo organizacional basado en la democracia directa y el protagonismo de base, la cual denominamos coloquialmente DEMOCRACIA DE LA CALLE, tal como la vamos a reseñar más adelante.

Estos cuatros aspectos articulados producen una sinergia con un impacto muy fuerte en la participación y en la acción transformadora.

INVEDECOR surge como producto de haber detectado las insuficiencias y déficits que poseen cada uno de estos aspectos por separado.

De allí que cuando metodológicamente nos preguntamos sobre la incidencia de este enfoque en la explicación – compresión de la SEUDO PARTICIPACIÓN, encontramos:

  • En programas, planes y proyectos, no somos sujetos protagónicos de su elaboración, sino meros ejecutores.

Si no me implico en la producción de conocimiento, el saber me es ajeno, estoy excluido de un ámbito del poder de decisión: SABER ES PODER.

  • Pero no basta el diagnóstico participativo, sino que se requiere desarrollar un proceso de aprendizaje, que involucra conflicto cognitivos, resistencia, desaprender, proceso de concientización, conocer como aprendo ( metacognición ). No todos aprendemos de la misma manera, al mismo tiempo y con la misma estrategia metodológica.
  • Del mismo modo, existen barreras comunicativas o distorsiones comunicativas, como son los silencios cómplices, el corrillo y la maledicencia, la descalificación y el estilo de cliché. Todas estas limitaciones obstaculizan el debate y el logro del consenso, enrarecen la relación interpersonal o grupal.
  • De igual manera en los aparatos burocráticos hay monopolio informativo, manipulaciones propagandísticas, control de la libertad de expresión, persecución a la divergencia la cual es silenciada. De allí la importancia de una estrategia comunicativa adecuada: transparencia, saber escuchar, aceptación de la divergencia, el diálogo como debate y la confrontación de puntos de vista diversos, no el monólogo de la unanimidad. A este clima también le denominamos cultura del debate.
  • Desarrollo organizacional, que busca el protagonismo en una relación horizontal, que resume las anteriores determinaciones: producción colectiva de saberes, aprendizajes significativos, comunicación auténtica.

Todos estos aspectos están interrelacionados como totalidad concreta, no siendo saberes parcelados (conocer, aprender, comunicar, organizar).

Como dinámica procesual, INVEDECOR es un proceso de construcción, y la articulación, no es apriorística o de orden lógico.

En la práctica social o política, la articulación no viene dada e incluso es muy común encontrar desarrollos desiguales entre las funciones investigativas, formativas y comunicativas.

Por ello se requiere de una EVALUACION DE PROCESO, QUE PERMITA SISTEMATIZAR LAS EXPERIENCIAS Y CONSTRUIR LA ARTICULACION:

¿En que estamos fallando: producción de conocimiento, aprendizajes, comunicación, espacios organizativos?

¿Dónde están las debilidades y amenazas: en una inadecuada estrategia comunicativa, en déficits informativos, en el conflicto cognitivo?

¿Cuál es el nexo entre la estrategia de articulación y la crisis de participación:

  • Seudo-participación y expropiación del saber.
  • Ausencia de participación y enseñanza repetitiva-memorística,
  • Resistencia al cambio y silencios cómplices.?

El método INVEDECOR asume el reto de construir un clima político-organizativo donde pasemos de ser espectadores y relativamente actores, a ser autores de las transformaciones planteadas.


DEMOCRACIA DE LA CALLE Y EL DESARROLLO ORGANIZACIONAL

Veamos ahora, las implicaciones del anterior enfoque en aspectos más específicamente organizativos, referidos al proceso o práctica de la democracia real que hemos denominado democracia de la calle.

Este término es una expresión coloquial que un juglar conceptuó hace ya tiempo (I Encuentro de la Corriente Histórico-Social realizado en Barquisimeto en el Centro de Educación Popular Exeario Sosa Lujan.1889) como contraria a la democracia de salón, de los conciliábulos parlamentarios, de los cogollos y cenáculos burocráticos.

Tomando muy en cuenta esta señal del sentido común de un poeta popular, desarrollamos aquella evocación de la democracia plebeya vinculándola a la herencia histórica de la democracia obrera (elección directa, rendición de cuenta, revocatoria del mandato) y a las nuevas demandas de una política anti-burocrática (rotación en los cargos, delegación funcional, democracia del saber).

En esa dirección, nos colocamos frente al MALESTAR DE LA DEMOCRACIA y el agotamiento del régimen político fundado en la democracia representativa. Pero particularmente nos ubicamos en el combate a la burocracia con el desarrollo de la democracia real, conjurando debilidades y amenazas implicadas en cualquier modalidad organizativa. Sin suscribir posturas anarquistas, es necesario reconocer que en toda estructura organizativa es indispensable delegar la soberanía política, otorgar mandatos, lo que implica peligros de enajenación. Entonces la clave del asunto está en los mecanismos que controlen la delegación

Es así como formulamos un conjunto de criterios o premisas de la democracia directa, que permiten un CONTROL DE LA DELEGACION DEL PODER Y SALVAGUARDAN LA SOBERANIA POLITICA:

  • ELECCION DIRECTA DE TODOS LOS CARGOS.

Estamos opuestos a las elecciones indirectas (o de segundo grado) de los dirigentes o representantes

  • RENDICION DE CUENTA

Se trata de la presentación de cuenta por parte de los dirigentes, delegados o representantes. Este balance debe presentarse periódicamente ante asambleas libremente convocadas.

  • REVOCATORIA DEL MANDATO

Con la discusión y evaluación de la gestión de los dirigentes, los sectores de base tienen la potestad de destituir a quienes no cumplan con el mandato.

  • DELEGACION FUNCIONAL

Ningún representante o dirigente puede tener poder discrecional para decidir cuestiones que no han sido discutidas y aprobadas en las instancias de base

  • ROTACION DE LOS CARGOS

Esto evita el enquistamiento de roscas o grupos, combate la especialización y la expertocracia, ya que en nombre de las experiencias y del saber acumulado se pueden perpetuar indefinidamente unos determinados dirigentes en determinadas responsabilidades.

  • LIBRE JUEGO DE LAS IDEAS

La investigación, la libre confrontación de opiniones divergentes se constituyen en un verdadero diálogo de saberes, reconociendo la discrepancia como normal. Para ello se requiere de la gestación de la cultura del debate, de la comunicación libre de coerción.

  • DEMOCRACIA DEL SABER

Se trata del libre acceso al conocimiento (soberanía cognitiva) teniendo ideas fundamentales sobre los problemas en debate.

De esta manera se cualifica la decisión ya que no solo se trata de cómo se decide, si no también la posibilidad de participar en la elaboración, planificación y ejecución de programas, planes y proyectos.

domingo, 1 de abril de 2007

Democracia Socialista, Sí, Marxismo-Leninismo, NO


Javier Biardeau R.

El anuncio de una vía rumbo al Socialismo en el proceso de Revolución Bolivariana, y la indispensable consideración de un singular momento de transición histórica han abierto un conjunto de interrogantes, posiciones e intervenciones que permiten conjeturar que el clima de discusión democrática se torna más denso y consistente, cualificando el debate en la esfera pública.

Si como ha dicho Gramsci, todos los seres humanos somos intelectuales, entonces somos sujetos capaces de razonar y de emplear reflexivamente el discurso en la esfera pública, aunque los aparatos hegemónicos acrediten a través de dispositivos de violencia simbólica a algunas capas a cumplir funciones intelectuales, es decir, de influencia decisiva en la vida intelectual y moral de determinados grupos, estratos, sectores y fracciones de clase.

Asumiendo la práctica teórico-crítica como un momento inmanente a la praxis del día a día, se cualifican las capacidades de intervención política. Educación popular, formación política, comunicación pública e intervención en la resolución de los problemas de la vida diaria constituyen eslabones claves para movilizar la conciencia política de un pueblo. En las actuales circunstancias, viejos dogmas, ortodoxias y posiciones oportunistas-reformistas se han visto sacudidos por la posibilidad de construir colectivamente un nuevo socialismo, en el cual de poco sirven las citas de autoridad, las cuotas de poder, el espíritu de clientela cautiva, y las imposturas intelectuales.

El presidente Chávez ha propuesto definir el nuevo socialismo venezolano del siglo XXI como bolivariano, indo-americano y humanista, dejando atrás tanto las imposturas del dogmatismo “marxista-leninista” como del reformismo-oportunista. Comparto el criterio de calificar de dogmático al marxismo-leninismo, así como en una serie de artículos he propuesto analizar en profundizad su estudio histórico, político y teórico del mismo, para desentrañar su vinculación con las operaciones político-ideológicas del estalinismo-burocrático.

Sobre el imaginario socialista es inconveniente buscar atajos en dogmas, en manuales y en llamado marxismo vulgar. Los debates epistemológicos, de filosofía de la ciencia o de historia de la ciencia dejan muy mal parado el supuesto carácter científico del marxismo-leninismo. El “Socialismo Científico” es una impostura, no hay leyes históricamente necesarias en las sociedades (solo hay tendencias y contra-tendencias que abren escenarios) y los enfoques nomológicos han hecho aguas, por la gran cantidad de supuestos inverosímiles que ha tenido que introducir a sus teorías para acercarlas a los ideales positivistas y naturalistas de unas tecno-ciencias llenas de turbulencias, complejidades, relatividades e indeterminaciones.

El materialismo histórico y el materialismo dialéctico constituyen inventos muy posteriores a los planteamientos de Marx y Engels. Fue Stalin quien denominó al leninismo como el marxismo de la época imperialista. Las verdades dogmáticas son verdades de partido-aparato y hay que desenmascararlas. Es un error caracterizar al partido unitario de la revolución como un partido ideológicamente monolítico, con una estructura orgánica y de funcionamiento basada en el centralismo democrático, cuya disciplina y definición de cuadros es un calco y copia de la doctrina leninista del partido. Y es un error porque las condiciones históricas, políticas, culturales del momento revolucionario presente son muy diferentes a las condiciones de la sociedad rusa de entonces. Así mismo, hay suficiente evidencia que confirma que la cultura política del partido-aparato leninista constituye una excelente maquinaria de centralización pero al mismo tiempo es una maquinaria de destrucción de la democracia, lo que prefigura un Estado simplemente despótico.

Otra falacia es aquella que plantea que “la mayoría de las revoluciones socialistas triunfantes que se han desarrollado en el mundo han sido conducidas por partidos que han asumido el marxismo-leninismo como planteamiento ideológico-orgánico de vanguardia de la revolución socialista, adecuada a sus realidades concretas”. Esto para América Latina es una gran mentira.

Las precisiones históricas son indispensables. La revolución bolchevique se hizo sin la conducción del marxismo-leninismo. Lo que se hizo con conducción del marxismo leninismo fue la construcción del estado despótico estalinista.

Es a partir de 1936 cuando se cristaliza y completa el proceso de estalinización de los partidos comunistas a lo largo y ancho del mundo. En Asía, las revoluciones triunfantes se hicieron con fuerzas motrices e ideológicas propias y ciertamente con el apoyo estalinista, pero el marxismo-leninismo de Mao, y su particular lectura de la contradicción mostró una clara orientación nacional-popular y autónoma, generando un cisma geopolítico que afectó el campo socialista por largos años.

Y más contundente aún es la situación de América Latina y el Caribe. Ningún partido marxista-leninista logró conducir una revolución triunfante en estas latitudes, por razones histórico-políticas que se pretenden silenciar o invisibilizar. Una visión de una revolución por etapas, una subordinación a Moscú, un silencio cómplice de los acontecimientos de Hungría, Checoslovaquia, Polonia, entre otros, nos muestran a PC apéndices, para nada consustanciados con las exigencias de los movimientos populares revolucionarios en Nuestra América.

Las manifestaciones de subordinación a la línea política del Comitern se expresan en América Latina con la posición del los diferentes PC y la táctica de los “frentes populares” contra la amenaza fascista. Con la asunción de las resoluciones del VII Congreso del Comitern en 1935 se hace oficial esta directriz. En Perú, el PC propone el Frente Democrático, apoyando la candidatura de un representante de la oligarquía liberal, Manuel Prado. En Colombia, esta línea política de subordinación a Moscú permite que en 1938, el PC apoye a Eduardo Santos, jefe de la derecha liberal. En México, en 1939, el PC apoya el ala moderada de Ávila Camacho frente al ala de izquierda del General Mújica en el Partido de la Revolución Mexicana. El Programa antiimperialista de la política de los “frentes populares” en América Latina se desdibuja con el acercamiento de la URSS y los EE.UU contra la alemanía nazi. Posteriormente, en 1944-45 la política Browderista hizo estragos en la línea revolucionaria anticapitalista, generando expectativas ilusorias sobre el fin de la política imperialista.

Luego, el post-browderismo no fue nunca más allá de los llamados a los frentes de unidad nacional, consolidando una etapa de moderación política que inhibió las energías revolucionarias. Innumerables evidencias apuntan a que los PC marxistas-leninistas no condujeron revolucione socialistas triunfantes en América Latina y el Caribe, ni en Guatemala, ni Cuba, ni en Chile, ni en Nicaragua, ni en Bolivia, y con salvadas excepciones (Brasil y Colombia, por ejemplo) lograron tener mayores márgenes de maniobra con relación a la política de subordinación a Moscú, pero no alcanzaron en ningún caso poner en jaque a la clase dominante. Estos márgenes de maniobra no implicaban ruptura alguna con la subordinación estalinista, y cuando fueron asumidos de manera consecuente con una línea revolucionaria, tuvieron que seguir la dirección de un movimiento de liberación nacional cuyas raíces nacional-populares colocaban en aprietos a los dogmas del marxismo-leninismo.

Entonces, los partidos marxista-leninistas en América latina, ni pro-soviéticos ni pro-maoistas, han conducido ninguna Revolución Socialista triunfante. Incluso, en nombre del verdadero marxismo-leninismo, todos conocemos lo que ocurrió en Perú con Sendero Luminoso y el Camarada Gonzalo. Mientras en Europa, los PC de Francia, España e Italia abrían las compuertas para una desestalinización profunda y una renovación del pensamiento crítico marxista (con sus errores y desaciertos también), en América Latina se reforzaban los dogmas de aparato y las mitologías alrededor de Stalin. De tal manera, que las falacias revolucionarias no soportan un contrate histórico.

La última extraña ocurrencia del marxismo-leninismo venezolano fue apoyar a Rafael Caldera y a Convergencia contra la candidatura de la Causa R de entonces. A partir de allí, el PCV ha reflotado gracias a su apoyo a Chávez y a la Revolución Bolivariana. En este contexto, justificar la vigencia del marxismo-leninismo es la vía directa y sin escalas al viejo socialismo burocrático del siglo XX.

La salida para los camaradas PCV es un profundo examen de la cuestión del pensamiento revolucionario en el siglo XX, sobre todo del pensamiento revolucionario nuestro-americano, y una renovación radical de sus tesis ideológicas, sin olvidar sus luchas pero reconociendo que una nueva etapa de la historia se abre, y que el PCV puede dar paso o a una corriente de opinión interna del PSUV o a un nuevo PCV marxista, leninista, pero no estalinista. La primera opción implica una recreación abierta, crítica, creativo y sin complejos de la obra completa de Marx, para construir un vasto movimiento democrático revolucionario, base social y política indispensable del nuevo PSUV. La segunda implicaría una riesgosa operación de reconversión ideológica en función de una unidad táctica con el PSUV. La tercera, mantenerse como están, los llevaría a la historia como el último partido estalinista del siglo XX en el siglo XXI.

El dogmatismo no puede eludirse, Marx también dijo: yo no soy marxista.