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sábado, 29 de marzo de 2008

MAS ALLÁ DEL ILUMINISMO

Frontispício de Encyclopédie (1772)

EDGAR MORIN* mailto:rlanz@cipost.org.ve
L a modernidad se manifiesta a través de tres grandes mitos: el mito del dominio de la naturaleza, formulado por Descartes, Buffon, Marx; el mito del progreso como necesidad histórica que se impone a partir de Condorcet, y el mito de la felicidad.La crisis de la modernidad ha apa recido a pa rtir del momento en el que la problematización nacida alrededor Dios, la naturaleza, el exterior, se ha vuelto hacia la propia modernidad. La ciencia se mueve desde entonces en una ambivalencia fundamental.Ella produce saberes nuevos que revolucionan nuestro conocimiento del mundo, nos otorga capacidades extraordinarias para desarrollar nuestras propias vidas, pero a la vez desarrolla una gigantesca capacidad de muerte, por ejemplo, la muerte nuclear (dada la diseminación de armas de destrucción masiva) y la regresión humana asociada a la degradación de la biosfera provocada por nuestro "desarrollo".Las ciencias han producido grandes aportes en la hiperespecialización que se pagan paradójicamente en grandes bolsones de ignorancia: incapacidad de contextualizar, de conectar lo que está separado, imposibilidad de aprehender los fenómenos globales, planetarios.En el plano técnico, la misma interrogación se hace hoy. La técnica permite lo peor, como lo mejor. Nos permite explotar las energías físicas pero también las energías humanas.El conjunto de la sociedad está sujeto a la lógica de la máquina artificial, fundada sobre la racionalización y la hipercronometrización del tiempo.La gran disyunción entre la filosofía y la ciencia es hoy mucho más fecunda en la medida en la que los problemas filosóficos reaparecen en la ciencia y donde la filosofía, encerrada en sí misma, tiende a desbordarse y a no cumplir más la función de reflexión sobre el mundo humano. El pensamiento racionalizador, cuantificante, fundado sobre el cálculo y que se reduce a lo económico, es incapaz de concebir eso que el cálculo ignora, a saber: la vida, los sentimientos, el alma, nuestros problemas humanos. La crisis toca nuestros mitos mayores: el progreso, la felicidad, el dominio del mundo.El conocimiento planetario está en camino de emerger a través de la idea de Tierra-patria de las que somos sus hijos. Uno pasa así de un universal abstracto a un universal concreto, puesto que se trata de la Tierra. Es también el anuncio de una nueva civilización, en la búsqueda de la calidad de vida y el equilibrio ecológico.La ciencia está revolucionada, tanto en la física y la microfísica, como las ciencias de lo vivo para afrontar la complejidad. Uno puede igualmente esperar una metamorfosis de la técnica en el pasaje de la máquina determinista a las máquinas dotadas de cierta calidad de la vida. He allí el problema actual. Conocer la etiqueta para nombrar esta modernidad es poco importante. Lo fundamental es estar en el proceso.Más allá de la falsa precisión de los nombres es necesario insistir en comprender la modernidad como un proceso turbulento, o recursivo, donde cada elemento es coproductor de otro.En estos momentos los procesos de regresión y de destrucción aparecen como preeminencia. La probabilidad es ciertamente catastrófica.Pero como lo sabemos por la historia, lo improbable puede sobrevenir.Pienso que es necesario esperar siempre lo improbable.Ello supone un acto de confianza, de esperanza sobre ciertas capacidades genéticas de los individuos y del conjunto de la sociedad.En los seres humanos las aptitudes autotransformadoras af loran en la crisis cuando las cosas rígidas se dislocan o frente al peligro.Creo, pues, en la posibilidad genérica de una nueva universalidad por la vía de la integración de las diferentes civilizaciones del Norte y del Sur, del Este y el Oeste.El "desarrollo" (incluida su forma amigable de "desarrollo durable") consiste en seguir la vía que conduce al desastre. Insisto: es preciso cambiar la vía por un nuevo punto de partida.* Traducción: Rigoberto Lanz

lunes, 24 de marzo de 2008

Cambios civilizatorios*

José de Almada Negreiros , Banhistas-negreiros


Boaventura de Sousa Santos**



Un motivo del éxito del Foro Social Mundial es la forma en que ha abordado el carácter paradójico de nuestra época, probablemente otro síntoma de su naturaleza transicional.

El pensamiento crítico y la práctica transformadora están actualmente desgarrados por dos temporalidades extremas y contradictorias que se disputan el marco temporal de la acción colectiva.

Por un lado, hay una sensación de urgencia, la idea de que es necesario actuar ahora porque mañana será probablemente demasiado tarde. El calentamiento global y la inminente catástrofe ecológica, la conspicua preparación de una nueva guerra nuclear, la evanescente sostenibilidad vital de vastas poblaciones, el descontrolado impulso por la guerra eterna y la violencia y la injusta destrucción de vidas humanas que ello causa, el agotamiento de los recursos naturales, el crecimiento exponencial de la desigualdad social que da lugar a nuevas formas de despotismo social, regímenes sociales sólo regulados por extremas diferencias de poder, todos estos hechos parecen exigir que se dé absoluta prioridad a la acción inmediata o a corto plazo, ya que el largo plazo puede incluso no llegar a existir si las tendencias expresadas en estos hechos se dejan evolucionar sin control.

Ciertamente la presión de la urgencia se encuentra en diferentes factores en el Norte Global y en el Sur Global, pero parece estar presente en todas partes. Por otro lado, hay una sensación de que nuestro tiempo reclama una serie de cambios civilizatorios profundos y a largo plazo El siglo X X demostró con una crueldad inmensa que tomar el poder no es suficiente, que más que tomar el poder es preciso transformarlo. Las versiones más extremas de esta temporalidad incluso reclaman la transformación del mundo sin la toma del poder.

La coexistencia de estas temporalidades polares está produciendo una gran turbulencia en viejas discusiones y fisuras como las existentes entre táctica y estrategia, o entre reforma y revolución.

Mientras la sensación de urgencia pide táctica y reforma, la sensación de cambio de paradigma civilizatorio pide estrategia y revolución. Pero el hecho de que ambas sensaciones coexistan y que ambas sean acuciantes desfigura los términos en que se plantean las distinciones y las fisuras y los convierte en más o menos insignificantes o irrelevantes. En el mejor de los casos se convierten en significantes imprecisos propensos a apropiaciones contradictorias. Hay procesos reformistas que parecen revolucionarios (Hugo Chávez), procesos revolucionarios que parecen reformistas (neozapatismo) y proyectos reformistas sin práctica reformista (Lula).

La caída del muro de Berlín, al tiempo que asestaba un golpe mediático mortal a la idea de revolución, asestaba un golpe silencioso no menos letal a la idea de reforma. Desde entonces vivimos en un tiempo que, por un lado, convierte el reformismo en un contra-rreformismo y que, por el otro, es o bien demasiado tardío para ser post-revolucionario o demasiado prematuro para ser pre-revolucionario. Como consecuencia de ello, las polarizaciones políticas se vuelven relativamente poco reguladas y con unos significados que tienen muy poco que ver con los nombres que se les dan.

En mi opinión, el Foro Social Mundial capta muy bien esta tensión no resuelta entre temporalidades contradictorias. No solamente en cuanto acontecimiento sino también en cuanto proceso, el Foro ha fomentado la plena expresión de ambas sensaciones (la de urgencia y la de cambio civilizatorio) yuxtaponiendo en un mismo panel campañas, coaliciones de discursos y prácticas que se centran en la acción inmediata y en la transformación a largo plazo.

Estos diferentes marcos temporales de lucha coexisten pacíficamente en el FSM por tres principales razones.

Primero, se traducen ellos mismos en luchas que comparten un mismo radicalismo, tanto si se refieren al máximo obtenible hoy como si se refieren al máximo obtenible a la larga. Y los medios de acción pueden ser igualmente radicales.

* A tres manos, Miradas múltiples para el diálogo, El Nacional, lunes 24/03/2008, Opinión-10

**Universidad de Coimbra